
“El mayor valor agregado de una prenda es la materia prima”. Con esa convicción, Jhordan detalla por qué el textil es uno de los sectores donde el comercio exterior tiene más impacto. Desde su experiencia en compras internacionales, destaca la importancia de integrar calidad, cultura y estrategia para que cada prenda refleje una identidad propia.
¿Qué diferencias encontrás al gestionar el comercio exterior con distintos países y cómo varía el origen de las materias primas e insumos en el rubro textil?
Por ejemplo, el algodón peruano es el más destacado en el país y en el mundo, tiene una calidad superior comparado con el chino, y hoy el mercado está muy enfocado en importar esa materia prima. Gracias a la apertura de importaciones, podemos proyectar ciclos de dos compras anuales, algo que hace un par de años era impensado por las interrupciones y limitaciones del mercado.
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En el caso de China, el fuerte está en el lino, uno de los más reconocidos a nivel global. En el rubro textil, esas diferencias son clave: la materia prima es el mayor valor agregado de una prenda.
Hoy podés importar productos terminados desde China o Italia, pero también fabricar ciertos insumos específicos. En China, por ejemplo, hay infraestructura para desarrollar botones con procesos especiales —como el soft touch— que le dan valor al producto final. En Argentina todavía falta ese nivel industrial, aunque sería muy positivo que lleguen inversiones que permitan producir más insumos localmente. Reactivar la producción nacional y vincularla con el mercado internacional sería un gran paso. Argentina tiene talento, diseño y una identidad que puede destacar en el mundo.
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¿Qué factores definen si conviene producir localmente o importar, y cómo percibe el consumidor argentino esas diferencias?
Depende de la estrategia de cada empresa. Algunas proyectan un 30% nacional y 70% importado; otras directamente importan todo. No es lo mismo trabajar en indumentaria masculina que femenina. Cada marca tiene su foco, su público y su forma de combinar origen, calidad y costos. Se percibe la diferencia cuando una prenda viene de mercados como Hong Kong o Japón, donde hay estándares industriales muy altos. En Argentina muchas veces cuesta sostener la misma calidad entre proveedores. Pero si se trabaja a largo plazo, hay potencial para mejorar y competir.
¿Qué países se destacan como proveedores de insumos o procesos en el rubro?
Por ejemplo, los cierres japoneses son los mejores del mundo. En Italia, la sastrería y las telas mantienen una tradición única. Esa diferenciación marca la identidad del producto y del público al que se dirige. Antes se pensaba que China ofrecía solo bajo costo, pero hoy la brecha se amplió: hay productos de excelente calidad y otros que no. Todo depende del desarrollo del proveedor y de la capacidad de cada empresa para estandarizarlo y generar relaciones sólidas.
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¿Cómo es el vínculo con los proveedores internacionales y qué cambió en los últimos años respecto a esa relación?
En mi caso no viajo personalmente, pero trabajo en equipo con el área de diseño, que realiza viajes de tendencia. Desde comercio exterior nos enfocamos en las condiciones comerciales, la confianza y la diversificación de proveedores. Nuestro rol es vincularlos y generar relaciones sostenibles.
Hace unos años los proveedores internacionales evitaban hacer negocios con Argentina por las restricciones cambiarias. Hoy la situación cambió: vuelven a apostar al país y buscan establecer relaciones comerciales estables. Incluso los proveedores nacionales se muestran más competitivos. Eso abre una oportunidad muy interesante.
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Liderás equipos de compras internacionales. ¿Cómo fue tu proceso de desarrollo y qué cambios observás en el rol del área de adquisiciones?
Comencé en compras nacionales hace siete años, dentro de un equipo pequeño. Con el tiempo, y gracias a la tecnología, evolucionamos hacia un modelo más estratégico. Incorporamos trazabilidad a todo el proceso: desde el requerimiento inicial hasta la nacionalización y distribución del producto.
Para mí, el área de compras ya se transformó en un área de adquisiciones, con un enfoque más analítico y propositivo. No es solo comprar: es integrar información entre administración, finanzas, producción, marketing y logística. Ese es el verdadero valor estratégico del área.
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Trabajo con sistemas de gestión que permiten seguimiento en tiempo real y facilitan la comunicación entre sectores. Además, la inteligencia artificial empieza a tener impacto en la toma de decisiones: nos ayuda a proyectar ciclos, analizar tendencias y anticipar escenarios logísticos o financieros.
Sos peruano y vivís hace muchos años en Argentina. ¿Qué diferencias notás entre ambos contextos en materia económica y comercial?
Vivo en Argentina desde hace 25 años. En Perú, el dólar se mantiene estable hace décadas, lo que brinda previsibilidad y financiamiento. En Argentina, en cambio, todo cambia constantemente. Esa volatilidad genera adrenalina, pero también te obliga a adaptarte rápido. Creo que eso te forma como profesional: te enseña a tomar decisiones en contextos complejos y a transformar el caos en oportunidad.
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Tu carrera siempre estuvo vinculada al textil. ¿Qué te atrajo de este sector y cómo lo conectás con otras disciplinas?
Vengo de una familia ligada a la indumentaria y al calzado. Empecé joven, a los 20 años, y fui creciendo hasta liderar equipos de comercio exterior. Me apasiona la negociación: entender culturas, observar, adaptarme. Lo veo como un arte. Además, estoy desarrollando una agencia creativa junto a artistas, donde conectamos marcas con proyectos culturales. La creatividad, al final, también forma parte del comercio: es lo que diferencia a cada empresa.
¿Qué recomendación darías a quienes recién comienzan en comercio exterior?
Que vean este momento como una oportunidad. Aunque haya crisis o cierres, también hay aperturas y ciclos que se repiten. Es importante considerar todos los costos: no solo el producto, sino el tiempo y las incidencias de cada región.
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Hace unos años las importaciones desde Brasil tenían un 20% de incidencia adicional, las de China un 50%, y las de Europa o Perú otras distintas. Calcular bien esos factores te permite planificar con honestidad y asegurar la rentabilidad del negocio.
¿Qué mensaje te gustaría dejar sobre el presente del sector textil?
Argentina tiene mucho potencial para volver a conectarse con el mercado internacional. No se trata solo de tecnología o estrategia comercial, sino de cultura e identidad. Cuando una empresa logra comunicar su esencia y reflejarla en su producto, se diferencia. En un mundo tan competitivo, esa autenticidad es el mayor valor que puede tener una marca.
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