
El modelo lineal de cadenas de suministros está agotado. Ya se terminó el tiempo de “tomar-usar-tirar”. En un mundo marcado por la escasez de recursos, la creciente conciencia ambiental, donde las nuevas generaciones nos enseñan y marcan muchas veces el camino, resulta absolutamente imprescindible pensar, diseñar y ejecutar modelos operativos con un enfoque de circularidad y por definición sostenibles.
Como apasionado por diseñar cadenas de suministros eficientes y eficaces (área en la que trabajo y he tomado decisiones por más de 25 años), me siento en la obligación de ‘hacer’. ¿Serán ciertas las predicciones de que al ritmo del consumo actual para 2050 serán necesarios recursos equivalentes a casi tres planetas Tierra? La verdad que no lo sé. Pero sí sé que ‘no hacer nada’ no es una opción.
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El camino es atacar varios frentes a la vez, marcarnos metas desafiantes y alinearnos a una visión donde cada eslabón esté engarzado al siguiente, para mantener la cadena unida, flexible y con la capacidad de volver a unirse en el eslabón que se necesite. No nos cerremos en pensar que la circularidad se logra cuando unimos el primer eslabón con el último. Eso sería demasiado sencillo. Y como le digo muchas veces a mi equipo, buscando la motivación permanente, “‘si fuera sencillo no estarían ustedes”.
Cadenas circulares en contextos reales: el desafío operativo
Hoy me toca tomar algunas decisiones en una cadena de suministros que tiene por misión entregar dispositivos electrónicos en todo el territorio de Uruguay. Un país pequeño, en el cual los proveedores de los materiales que movemos en su gran mayoría están en Asia y en donde al momento de querer cerrar el círculo y maximizar la circularidad, volvemos a tener la necesidad de interactuar con el exterior.
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Ingresamos al país toneladas de aparatos eléctricos y electrónicos por año. Esto significa que, luego de un tiempo, necesariamente generamos toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Por tanto, no alcanza con “‘importar-usar-reciclar”, esto es necesario, pero absolutamente insuficiente. Y claramente no es sostenible.
Cuando me preguntan cuál es la clave de la circularidad, no lo dudo un instante: el ecodiseño de productos. En una cadena de valor como en la que me encuentro trabajando y en la que estamos hablando de dispositivos electrónicos, la definición de materiales adecuados, la estandarización de piezas, la modularidad máxima, la facilidad de desarmar y volver a armar se vuelven críticos, para que aguas abajo logremos al final de la vida útil, recuperar partes e introducirlas en nuevos ciclos productivos.
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¿Se puede llegar al nivel de detalle de pedirle a un proveedor en China que los tornillos interiores de una laptop deben tener un patrón de color particular para facilitar el cambio de piezas del reparador? Sí, se puede, y esto aumentará notablemente la productividad del desarmado y la reutilización de piezas. ¿Se puede llegar al nivel de detalle de pedirle a un proveedor en China que el conector de barril del cargador y el conector de los auriculares (que para un niño son iguales), estén de lados opuestos en la misma laptop? Sí, se puede, y esto evitará miles de roturas de ambos conectores.
Ese es el verdadero ecodiseño. Si bien a los ingenieros nos encantan los números exactos, esta vez no puedo compartirles con certeza qué porcentaje del partido que se juega para lograr nuestra cadena circular, lo define el ecodiseño, pero arriesgaría, sin miedo a equivocarme, que es el porcentaje mayor. Así y todo, volvemos a que esto es necesario, pero no suficiente. El ecodiseño debe garantizar durabilidad y reparabilidad. A pesar de eso, la extensión de la vida útil no es opcional, debemos planificarla y ejecutarla. Obviamente, esto es la antítesis de la obsolescencia programada.
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Lugares oficiales de reparación al alcance de cada usuario, disponibilidad de repuestos, manuales y personal capacitado para reparar piezas o partes recuperadas o reparadas que puedan volver a usarse. ¿Qué porcentaje de los repuestos que uso provienen de mi propia cadena y cuántos debo comprar de origen? ¿Cómo hago para maximizar esta relación? Preguntas que no podemos evitar. Y cuando creemos que esto lo hacemos bien, volvemos a darnos cuenta de que extender la vida útil era necesario pero aún insuficiente.
Cerrar el círculo: la logística inversa como nuevo punto de partida
Todavía no cerramos todos los eslabones. Realmente no era fácil. ¿Qué logística inversa tenemos diseñada? ¿Qué tan eficiente es? ¿Cómo podemos valorizar todos los materiales recuperados? Lo debemos resolver. Y en mi país, resolver esto es encontrar destinos en el exterior. ¿Y por qué no exportar cobre, aluminio, acero, plástico, placas electrónicas recuperadas? Sí, se puede. Y lo sé, aún no es suficiente. Porque además de todo esto, la complejidad de una cadena de suministros circular, con múltiples flujos de materiales, ciclos de vida extendidos y con una logística inversa desarrollada, requiere de herramientas avanzadas de gestión y predicción. Y es ahí donde dejaremos la discusión para otra instancia. Ya podemos imaginarnos que la IA jugará un papel transformador.
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En conclusión, las cadenas de suministros circulares y sostenibles son un desafío global. El futuro no es lineal: es circular y sostenible. Y cuando nos centramos en dispositivos electrónicos aparecen varios desafíos. Ecodiseño riguroso, sí. Extensión de vida útil, sí. Reparación y recuperación de partes, sí. Logística inversa y valorización de residuos, sí. Y aún así, siempre será insuficiente.
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