
En el sector de indumentaria, los cambios en el consumo obligan a combinar depósitos inteligentes, planificación de eventos masivos y control de inventario en tiempo real. La clave es que todo funcione sin que el cliente lo note. Como dice Pablo, “mientras más invisible sea para el cliente, mejor funciona la logística”.
¿Cómo definirías el concepto de Q-Commerce y qué impacto tiene en la logística de indumentaria?
El q-commerce es la evolución del e-commerce. Básicamente es la abreviación de “quick commerce”, o comercio rápido. Hoy no alcanza con vender online: el cliente quiere la prenda en el día, no esperar una semana. Para eso va al local.
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Esto obliga a tener una logística más eficiente: inventario controlado, mercadería disponible para preparar pedidos, couriers ágiles, mejores rutas. Todo lo que no se ve cuando alguien compra una prenda es lo que más se tiene que mejorar. El q-commerce es, en definitiva, la inmediatez en la entrega.
¿Qué desafíos trae ese modelo?
Lo más difícil es preparar el pedido a la velocidad que se demanda. Muchas veces es entrega en el mismo día o al día siguiente, sin margen para planificar demasiado. También están los eventos de descuentos online, que exigen inmediatez y reacción rápida.
Para eso es clave un inventario bien controlado, un buen WMS, tecnologías como RFID o inteligencia artificial. Todo ayuda a preparar el pedido con la velocidad que se necesita y a que el cliente tenga su prenda en el momento en que la compra. En este esquema, la logística tiene que ser casi invisible.
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¿Cómo es ese trabajo detrás de la logística rápida?
Implica muchos factores: datos concretos, inventario controlado y tecnología funcionando. No alcanza con instalar un sistema y dejarlo, hay que darle seguimiento. Se necesita un WMS confiable, coordinación con sectores como comercio exterior, planificación e ingresos.
Todo tiene que coexistir en un depósito funcional, donde lo que buscás esté disponible y los tiempos se cumplan. Si no, hay que detectar el problema y resolverlo de raíz. Además, en indumentaria hay particularidades: cada prenda tiene talle y color, y hay que cuidarla. Una prenda sucia, rota o arrugada no se puede vender.
Hay que tener las curvas bien abastecidas, saber cuáles son los códigos de mayor venta y ubicarlos cerca para preparar más rápido. El sector cambia según la temporada, así que hay que proyectar ventas junto con compras para no fallar. Mientras más invisible sea para el cliente, mejor funciona la logística.
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¿Cómo se prepara la industria para los eventos de consumo masivo?
Con planificación adecuada y lo más real posible. El Día de la Madre, el Día del Padre… en esos momentos los shoppings y el e-commerce explotan. Hay que tener las curvas abastecidas, inventarios prolijos, conteos previos, la capacidad de gente necesaria y las horas calculadas. Todo pensado para que la operación salga prolija y las entregas se hagan rápido.
¿Qué pasa con la logística cuando la demanda de una empresa empieza a crecer?
El crecimiento obliga a pensar en espacios, planificación y visibilidad de ingresos. Hay que tener un área que proyecte ventas lo más cercano a la realidad posible, optimizar depósitos, tiempos y proveedores.
También prever la cantidad de gente y unidades para despachar. Si la logística no está bien pensada, puede arruinar el esfuerzo de toda la empresa. Es el último paso y el que asegura que todo el trabajo previo llegue al cliente.
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¿Cómo ves el sector de indumentaria en Argentina?
Está en un proceso de cambios. Con la apertura de las importaciones, las marcas locales deben ser más competitivas frente a los productos de afuera. Eso obliga a ser inmediatos y a tener un nivel de servicio superior. También a reducir costos para ofrecer mejores precios al consumidor final. Todo eso repercute directamente en la logística, que es la que entrega la prenda en tiempo y forma.

¿Qué aprendizajes te dejó tu experiencia profesional?
Empecé hace más de diez años, siempre en indumentaria. Pasé por distintas etapas: distribución, despacho, cronogramas, selección de unidades. Aprendí a sortear obstáculos para que la mercadería llegue a destino. Esa experiencia me llevó a estudiar logística y distribución, primero como técnico y ahora en la licenciatura. Cambié de trabajo varias veces y hoy sigo en el rubro, porque es un campo que me desafía constantemente.
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¿Qué experiencia tuviste con tecnologías como RFID?
Tuve la suerte de participar en implementaciones de identificación por radiofrecuencia (RFID). Es una tecnología que ahorra tiempo y dinero. Un inventario que antes llevaba días, ahora se hace en una hora.
Permite leer más de 100 prendas en un solo paso, controlar pallets enteros y agilizar ingresos. También reduce costos de personal, porque ya no hay que controlar prenda por prenda. Algunas empresas todavía dudan en implementarlo, pero yo creo que llegó para quedarse.
¿Qué otras tendencias marcarán el futuro de la logística en retail?
Yo veo tres pilares. Primero, la inteligencia artificial, que ya se usa en planificación y proyección de ventas. Segundo, la sustentabilidad: reducir la huella de carbono, reutilizar residuos, cuidar el planeta. Y tercero, la robótica: depósitos inteligentes, robots preparando pedidos o ingresando mercadería. Todo eso apunta a que la logística sea más rápida, automatizada y eficiente.
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