
“Este es el mejor momento de la humanidad para aprender, y tener la mente abierta es la mejor herramienta”, afirma Cami. Desde ahí propone un recorrido lleno de preguntas: ¿qué rol tendrán los humanos?, ¿qué procesos pueden reinventarse?
¿Cómo creés que se relacionan la logística con la inteligencia artificial?
Yo creo que la logística habla de esta cuestión de conectar puntas y entregar, ¿no? La inteligencia artificial hace un poco eso. Hay una frase que me encanta y que aplica perfecto también a la logística: la calidad de tus preguntas define la calidad de tus respuestas. Para que me llegue algo que necesito a nivel logístico, necesito saber preguntar, necesito entender qué necesito.
Entonces, ahí vuelve mucho este concepto de la importancia que tenemos nosotros como humanos. No se trata de dejar todo en manos de la tecnología, sino de cómo la armamos, la estructuramos y la pensamos para obtener los resultados que buscamos.
¿Qué potencial ves para que la inteligencia artificial mejore la operativa en logística y comercio internacional?
Hay casos muy concretos. Uno que me impresionó fue un sistema que detectó cómo ahorrar millones de dólares en combustible con algo tan simple como definir si un camión debía girar a la izquierda o a la derecha en determinados cruces. Eso me pareció brillante.
Hoy ya no concebimos subirnos al auto sin una aplicación de rutas optimizadas, y lo mismo debería aplicarse en la logística a gran escala. Todo lo que es optimización de costos puede representar ahorros multimillonarios.
También se están viendo proyectos en movilidad crítica, como ambulancias en Nueva York, donde la IA ayuda a calcular rutas que pueden significar salvar vidas. Entonces no se trata solo de paquetes, sino de entender cómo optimizar procesos en los que el tiempo es determinante.
¿Qué recomendaciones le darías a estudiantes y trabajadores de logística y comercio exterior respecto a la IA?
La inteligencia artificial es un aliado perfecto para los problemas de esta industria. Mi consejo principal es elegir un stack tecnológico y empezar a trabajar con él. Puede ser cualquier modelo de lenguaje o sistema de IA, lo importante es familiarizarse, cargarlo de información, conectarlo con documentos y flujos de trabajo. Muchas veces lo que parecía llevar horas se reduce a minutos.
También está la cuestión de la barrera idiomática: hoy existen soluciones que permiten traducir en tiempo real y abrir oportunidades en mercados que antes parecían lejanos. El punto clave es detectar los problemas reales, entender cómo son los procesos actuales y probar. La implementación de IA no es una línea recta, es un círculo de prueba y error que permite mejorar en cada iteración.
En tu opinión, ¿existen oportunidades reales para exportar servicios de IA desde Argentina?
Sí, absolutamente. Tenemos muy buen talento, con capacidad creativa y técnica. Nuestra historia de resiliencia nos dio una forma muy particular de encarar los problemas. He visto profesionales argentinos trabajando en Medio Oriente, en Estados Unidos y en Europa, llevando soluciones desarrolladas acá. Creo que como país tenemos mucho potencial para exportar conocimiento y servicios, siempre y cuando sigamos apostando a la innovación tecnológica y a la formación constante.
Para quienes están pensando en el futuro de su carrera, ¿es recomendable formarse en inteligencia artificial?
100%. No solo en IA, también en datos, porque son un complemento perfecto. Pero además de lo técnico, hay habilidades que no se enseñan en ninguna carrera y son fundamentales: saber resolver problemas, tener mentalidad analítica enfocada en el negocio y, sobre todo, resiliencia. Estamos en un momento donde todo lo que aprendemos se rompe y tenemos que volver a empezar. Esa capacidad de desaprender y reaprender es clave para enfrentar un futuro tan incierto.
¿Qué sectores adoptaron más rápidamente la inteligencia artificial y cuáles se muestran más reticentes?
Lo que más rápido se adoptó fue la atención al cliente: pasamos de chatbots básicos a sistemas que muchas veces no podés distinguir si son humanos o máquinas. También en marketing y generación de contenidos, desde imágenes hasta segmentación de campañas.
En sectores más tradicionales como recursos humanos, finanzas o legales todavía hay cierta cautela, pero a medida que aparecen casos de éxito, se acelera la adopción. Lo importante es que alguien se anime a probar primero: cuando hay resultados positivos, el círculo virtuoso se expande.

¿Por dónde puede venir la siguiente gran actualización en el uso de IA?
Creo que la verdadera disrupción llegará cuando el uso deje de ser un proyecto aislado y se convierta en hábito. Hoy la mayoría de las iniciativas están fragmentadas, pero cuando cada decisión organizacional tenga en alguna parte del proceso un componente de inteligencia artificial, ahí va a estar el cambio más grande. No se trata de implementarla en todos los procesos de manera forzada, sino de detectar los problemas más importantes y usarla como aliada estratégica.
¿Qué riesgos ves en este camino de adopción masiva?
El principal riesgo es pensar que la IA puede hacerlo todo y que nosotros podemos relajarnos. Si solo depositamos información y esperamos que la máquina trabaje sola, perdemos el sentido. La clave está en hacer las preguntas correctas, en pensar cómo usamos la herramienta y en trabajar los resultados. Si no, se transforma en una herramienta más, sin verdadero impacto.
Mirando hacia adelante, ¿cómo imaginás el mundo del trabajo dentro de diez años?
Creo que vamos a convivir con robots de manera mucho más natural. Hoy ya existen prototipos capaces de cocinar, conversar o servir un café. Lo que parecía ciencia ficción está ocurriendo.
El desafío va a ser cómo complementamos ese mundo: qué rol ocupan los humanos y qué lugar dejamos a las máquinas. Es probable que tengamos áreas de recursos humanos dedicadas a robots, además de las que gestionan personas. Suena extraño, pero no creo que estemos tan lejos de esa realidad.
Muchas tecnologías quedaron en el camino sin llegar a masificarse. ¿Creés que con la IA pasará lo mismo?
No, porque ya no estamos hablando de prototipos: es una realidad. Obviamente habrá tendencias que no se consoliden, como pasó con el metaverso. Pero la IA está en otro nivel: hoy ya convive con nosotros y atraviesa múltiples sectores. Estamos redefiniendo la manera de trabajar y de vivir.
Para cerrar, ¿qué mensaje quisieras dejar?
Que nadie espere que otros aprendan por ellos. La responsabilidad de adaptarnos y reconvertirnos es personal. Este es el mejor momento de la humanidad para aprender, y tener la mente abierta es la mejor herramienta. La única constante sigue siendo el cambio, y prepararse para él es la forma más inteligente de enfrentar el futuro.
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