
“No alcanza con que cumplan con los requisitos básicos de producto, tiempo y precio”, advierte Montserrat, al referirse a la evaluación de proveedores en entornos globales. En esta entrevista, detalla cómo los criterios de sustentabilidad, ética y cumplimiento ganan peso en la toma de decisiones y en la construcción de alianzas estratégicas dentro de la cadena de valor.
¿Qué desafíos implica liderar un área de compras globales en una industria como la construcción sustentable?
Los desafíos son múltiples. Uno de los principales es no perder de vista la estrategia de triple impacto al momento de seleccionar un proveedor. Eso implica establecer alianzas sólidas con quienes compartimos valores y desarrollar una cadena de valor que acompañe esa mirada. También es importante mantener una coordinación fluida con áreas como sustentabilidad, calidad y medioambiente ante cualquier nuevo requerimiento.
La sustentabilidad se entiende como un valor esencial, desde el inicio del ciclo de vida del producto. Si se busca que los productos sean sustentables, esa lógica tiene que estar presente desde la compra de materiales hasta el fin del proceso. Por eso, se apunta a reemplazar materiales vírgenes por reciclados, reducir scrap, reutilizarlo cuando es posible, optimizar procesos, usar combustibles biodegradables y reducir residuos. Hay muchas acciones que forman parte de ese camino.
¿Cómo se valida o certifica que un proveedor internacional cumple con los estándares esperados?
Es clave poner foco en la evaluación de proveedores. No alcanza con que cumplan con los requisitos básicos de producto, tiempo y precio. Hoy se incorporan otros aspectos, como indicadores ambientales, sociales y éticos, que también deben estar presentes.
El compromiso con prácticas sustentables, la ética y el cumplimiento de ciertos estándares ya no son un diferencial, sino una condición necesaria. Por eso, la selección de proveedores hoy exige una mirada mucho más amplia que hace algunos años.
Hay experiencias tanto con proveedores locales como internacionales: dentro de la región, en Europa y en Asia. A mayor distancia, más difícil es acceder a determinada información, pero se busca suplir eso con entrevistas, videos o visitas cuando es posible, según el tipo de producto y el volumen de la operación.
¿Cómo es el proceso para determinar cuál es el proveedor más adecuado?
Es un barrido constante. Se revisan referencias, se conversa con el proveedor, se analizan certificaciones, la envergadura de la empresa, sus estados financieros. Se intenta conocer a sus principales clientes y contactarlos para entender qué experiencia tuvieron. Todo eso aporta información valiosa.
Muchas veces, el tiempo disponible también determina la decisión. Si el producto se necesita con urgencia, se opta por una solución inmediata, aunque no sea la más conveniente a largo plazo. Y luego se busca una alternativa más estratégica para los envíos futuros. En general no hay blanco o negro. Se combinan opciones y se elige lo que mejor se ajusta al momento.
¿Cómo impactan los cambios en el transporte internacional y las variables externas en estas decisiones?
Es cierto que hay variables fuera de control, como las marítimas o las coyunturas políticas en países de origen. Pero sí se pueden tomar decisiones respecto al transporte internacional, al transporte de última milla, o al operador aduanero. Para eso, hay que estar muy atentos a lo que pasa: huelgas, inflación, tipo de cambio, restricciones. No solo a nivel macro, sino también en la situación específica del proveedor.
Las referencias que puedan dar colegas, operadores logísticos o proveedores de transporte que hayan trabajado con esos mismos proveedores también son útiles para tomar decisiones informadas y no dejarse llevar solo por el precio.

¿Cómo ves la evolución del sector de la construcción en seco?
Hay un crecimiento sostenido. La construcción en seco, que se caracteriza por la baja utilización de recursos hídricos, tiene muchas ventajas: materiales más predecibles y livianos, mayor eficiencia en el transporte, menor impacto ambiental. Todo eso contribuye a la eficiencia energética y al cuidado del clima, que es una de las grandes preocupaciones actuales.
En Argentina, la construcción tradicional todavía predomina, pero hay un gran potencial para que el sistema en seco crezca. Hay espacio para seguir desarrollando, capacitando y promoviendo este tipo de construcción. Además, se están incorporando nuevos materiales que también aportan a esta mirada sustentable, como las aberturas de PVC, que permiten mejorar la eficiencia energética.
¿Qué cuidados se toman al momento de recibir la mercadería? ¿Cómo se manejan productos sensibles?
Hay un trabajo preventivo clave: definir bien el embalaje desde el origen. Muchos problemas surgen porque ese aspecto no se ajustó debidamente con el proveedor. Por eso, ante nuevos productos, es importante que participen todas las áreas involucradas en su posterior manipulación y uso, como almacenes, calidad, medioambiente o sustentabilidad.
Aun así, pueden aparecer imprevistos. Por eso se realiza una inspección visual al recibir los contenedores, se controla que la calidad sea la esperada y que coincidan las cantidades con la orden de compra. Si hay algún inconveniente, se documenta y se comunica al proveedor.
Hay productos que requieren descargas más cuidadosas, con más mano de obra, y otros que permiten procesos más automatizados. Según el tipo de carga, se prevé con qué recursos se contará para recibirla adecuadamente. Y si hay que ajustar el embalaje o la forma de estiba, también se analiza el impacto económico, porque toda modificación puede tener un costo adicional.
¿Recordás alguna operación especialmente desafiante?
Sí, una vez, por demoras y trasbordos, se juntaron de golpe 20 contenedores que debían llegar espaciados. Fue todo un desafío: no había capacidad operativa para bajarlos todos al mismo tiempo, ni los medios ni el personal. Y al mismo tiempo, había sectores que necesitaban esa mercadería.
Hubo que buscar una solución para equilibrar todo: se acordó con un depósito externo para ir descargando los contenedores de forma gradual y trasladarlos a planta según la disponibilidad de espacio y recursos. Fue un claro ejemplo del tipo de decisiones que hay que tomar todos los días: combinar necesidades, redefinir prioridades y encontrar la mejor solución posible.
¿Volverías a elegir este trabajo?
Sí. Sin dudas. Me gusta porque ningún día es igual al otro. Siempre hay desafíos. El trabajo no es complejo por cada tarea en particular, sino por el volumen, por tener que coordinar todo al mismo tiempo, por priorizar dentro de las prioridades. Eso lo hace desafiante, pero también muy interesante. Y sí, lo volvería a elegir.
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