Pymes, importaciones y logística: la trastienda de una operación internacional

Silvia Rueda, despachante de aduana y agente de transporte aduanero, analiza los cambios regulatorios, el trabajo operativo detrás de cada embarque y el rol de las pymes dentro del comercio exterior argentino

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Silvia Rueda es despachante de aduana y agente de transporte aduanero (Foto: Movant Connection)
Silvia Rueda es despachante de aduana y agente de transporte aduanero (Foto: Movant Connection)

En un contexto donde las importaciones vuelven a ganar movimiento y las pymes buscan nuevas oportunidades de negocio, el trabajo detrás de una operación de comercio exterior exige seguimiento permanente, coordinación logística y un conocimiento técnico cada vez más preciso. En esta entrevista, Silvia repasa los cambios que atravesó el sector en las últimas décadas, analiza el rol del asesoramiento para nuevos importadores y reflexiona sobre la responsabilidad operativa que implica coordinar una importación de punta a punta. “Cada operación tiene su impronta”, asegura.

¿Cómo comenzó tu vínculo con el comercio exterior?

Empecé en el año 93 trabajando en una empresa brasilera de logística internacional y transporte terrestre. En ese momento hacía tareas vinculadas a la emisión de CRT y cuestiones operativas. Y fue justamente ahí, viendo trabajar a los despachantes, donde descubrí esta profesión.

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Me interesó enseguida porque entendí que era una actividad muy dinámica. Había que estudiar, aprender constantemente y entender que nunca estaba todo dicho, incluso trabajando siempre con la misma mercadería.

Así empecé este camino. Me recibí como despachante de aduana en el año 96 y desde entonces sigo trabajando en esto.

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¿Qué fue lo que más te atrajo de la profesión?

Lo desafiante que es. Cada operación tiene su impronta. Aunque sea la misma mercadería, siempre hay algo distinto para analizar.

Hay que estudiar cada caso, manejar tiempos, coordinar operaciones, cumplir con el cliente y trabajar con mucho compromiso y responsabilidad. Eso fue lo que más me impactó desde el principio. Es una profesión muy dinámica y cero monótona. Y creo que justamente por eso sigo acá después de más de 30 años.

Después de tantos años dentro del sector, ¿cómo describís el momento actual del comercio exterior argentino?

Cada etapa del país fue distinta y cada gobierno tuvo una lógica diferente. Pero si lo comparo con algunos años anteriores, hoy creo que el comercio exterior está fluyendo un poco más.

Todo el período de las SIRA y las restricciones vinculadas al giro de divisas generó muchos problemas, especialmente para las pymes y para empresas que necesitaban importar insumos. Hubo momentos muy complejos donde importar se hacía extremadamente difícil. Entonces, desde ese punto de vista, hoy el escenario operativo es más favorable.

También creo que cuando se habla de un crecimiento fuerte de las importaciones hay que mirar bien qué se está midiendo. Muchas veces ahí también aparecen las plataformas digitales y el cambio en los hábitos de consumo.

Por ejemplo, el sector textil cambió mucho. Pero no solamente por las importaciones tradicionales, sino porque hoy el consumo funciona de otra manera y mucha gente compra directamente a través de plataformas.

Gran parte de las operaciones que gestionás están vinculadas a maquinaria e insumos industriales. ¿Qué lectura hacés de ese movimiento?

La mayoría de las operaciones que estoy manejando tienen que ver con maquinaria agrícola, equipos para construcción o máquinas destinadas a producción industrial. También ingresan envases, repuestos para ascensores, puertas, ventanas e insumos productivos vinculados a obras y producción. Y eso es interesante porque muchas veces existe la idea de que importar significa solamente traer un producto terminado para vender directamente. Pero en realidad muchas importaciones están vinculadas a industria, trabajo y producción local.

Hay empresas que importan maquinaria o insumos y después producen acá. Incluso parte de esa producción luego vuelve a exportarse.

Desde afuera muchas veces se ve solamente el despacho final. ¿Qué trabajo existe detrás de una operación?

Hay mucho trabajo que no se ve. La operación empieza desde el momento en que el cliente recibe la proforma o decide avanzar con la compra. Desde ahí ya empezamos a hacer seguimiento de la mercadería, de la producción, del embarque y de toda la documentación aduanera.

Muchas veces la carga tarda 30 días o más en llegar y durante todo ese tiempo estamos pendientes de cada detalle. Si el barco se atrasó, si hubo un trasbordo, si apareció algún problema climático o si surgió un error documental.

Y ahí aparece algo muy importante: el trabajo en equipo. Porque todos los eslabones tienen que encajar perfectamente.

"Muchas importaciones están vinculadas a industria, trabajo y producción local", admite Silvia (Foto: Shutterstock)
"Muchas importaciones están vinculadas a industria, trabajo y producción local", admite Silvia (Foto: Shutterstock)

El despachante, el forwarder, las navieras, las terminales y todos los actores que participan tienen que trabajar coordinadamente para que la mercadería llegue al cliente con el menor impacto posible. Hay revisión constante de documentos, cambios, validaciones y controles. Porque cuando aparece un error hay que corregirlo rápidamente para que la operación no se complique.

Además, una vez que la mercadería arriba, existen plazos muy estrictos para retirarla. Y los costos portuarios en el Puerto de Buenos Aires son muy altos. Entonces todo tiene que estar perfectamente coordinado.

Por eso siempre digo que esta profesión requiere mucho compromiso y responsabilidad. Acá el margen de error tiene que ser mínimo.

¿Por qué elegís trabajar tan de cerca con las pymes?

Porque creo que las pymes son las que más acompañamiento necesitan. Muchas veces son empresas o emprendedores que recién empiezan y no tienen conocimientos sobre comercio exterior.

He trabajado en compañías muy grandes y también en estudios importantes, pero personalmente me gusta mucho trabajar con pequeños importadores y con gente que está intentando abrirse camino. Muchas veces llegan sin saber cómo arrancar. Entonces uno no solamente hace el despacho, sino que termina ayudando con el alta, el asesoramiento, los costos y toda la explicación general de cómo funciona una operación.

Ahí aparece una parte muy humana del trabajo. Porque muchas veces esas personas están apostando sus ahorros o intentando desarrollar un nuevo proyecto. Y cuando después de la primera operación logran seguir creciendo, importar nuevamente o insertarse en el mercado, la verdad es muy gratificante.

¿Percibís hoy más interés de las pymes por ingresar al comercio exterior?

Sí. Hay muchas personas buscando nuevas oportunidades y tratando de encontrar un nuevo negocio. A veces llegan incluso sin tener definida una mercadería puntual. Preguntan qué se importa más, qué puede funcionar o cuánto costaría traer determinado producto.

Y ahí aparece nuevamente el trabajo de asesoramiento. Explicar costos, logística, derechos de importación y todo lo necesario para que puedan evaluar si realmente les conviene avanzar. Muchas veces son consultas largas, que llevan tiempo y que incluso después no terminan en una operación concreta. Pero igualmente me gusta acompañar esos procesos.

Me gusta cuando la gente apuesta, emprende y trata de crecer. Y si el contexto económico permite que más personas se animen a hacer algo nuevo, me parece algo muy positivo.

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