
En un escenario global cada vez más dinámico y competitivo, la logística internacional atraviesa un momento donde la capacidad de adaptación, la velocidad de reacción y la previsibilidad ganan cada vez más peso. En esta entrevista, Andrés analiza cómo impactan los cambios económicos y tecnológicos sobre las operaciones y advierte que competir desde Argentina exige un nivel de eficiencia cada vez mayor. “Cuando exportás desde Argentina no estás compitiendo solamente con otro argentino, sino con el uruguayo, el paraguayo, el brasilero y el chileno”, resume.
¿Cómo describirías el momento actual que atraviesa la logística internacional en Argentina?
El mercado está bastante segmentado. Hay rubros que están funcionando muy bien, con muchos proyectos y movimiento, y otros que están muy deprimidos. Lo que pasa en la economía se traduce directamente en nuestro sector. Y muchas veces también sucede al revés: los que estamos en logística somos los primeros en ver que algo se empieza a mover, antes de que eso se visibilice en una fábrica o en un producto nuevo.
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¿Qué sectores ves hoy con más dinamismo dentro de la logística?
Todo lo relacionado con oil & gas y minería está creciendo muchísimo. Hay muchos proyectos dando vueltas y eso genera mucha actividad. Después, en lo que tiene que ver con industria y consumo, depende mucho del sector. Hay industrias muy ganadoras y otras que están sufriendo bastante el contexto económico. Está todo muy sectorizado.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos para operar cargas internacionales?
El gran desafío es estar atento permanentemente a los cambios y a las oportunidades. Hace algunos años, por ejemplo, el flete entre China y Chile bajó muchísimo y mucha carga que antes ingresaba por Buenos Aires o Montevideo empezó a entrar por la Costa Oeste. Entonces hay que mirar constantemente qué está pasando en el mundo.
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Y después están los conflictos globales, como las guerras, que generan nuevos riesgos y mucha menos previsibilidad. Todo eso obliga a estar mucho más alerta.

Argentina tiene el desafío de operar desde un puerto lejano a los grandes centros de consumo. ¿Qué implica eso?
Implica desafíos muy importantes. Primero, por los tiempos de tránsito: desde Argentina todo tarda más en llegar a Europa, Asia o Estados Unidos. Y después están los costos.
Cuando exportás desde Argentina no competís solamente contra otro argentino. Competís contra Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile. Entonces tenés que ser extremadamente eficiente. Hoy la información es transparente para todos y el mercado compara permanentemente.
¿Y cómo se construye competitividad en ese contexto?
La previsibilidad es clave. Que tu cliente sepa que sos un proveedor confiable, que no va a haber una situación externa que le impida recibir el producto que necesita. Eso es fundamental.
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Después obviamente está el precio, sobre todo en commodities donde hay valores internacionales ya establecidos. Pero también se compite con servicio, con calidad y con capacidad de respuesta. Es un conjunto de cosas.
¿Qué espera hoy un cliente de una empresa logística?
Constancia e información. El cliente necesita saber qué está pasando todo el tiempo. Y en Argentina eso es todavía más importante porque Buenos Aires suele ser el último puerto de muchos recorridos marítimos.
Entonces, cuando hay problemas, muchas veces la carga argentina queda relegada. Hay barcos que dejan la carga en Brasil y vuelven. Ahí el desafío es estar encima de todo para lograr que esa carga salga o llegue lo antes posible.
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¿Recordás algún momento de crisis donde la gestión haya sido decisiva?
Sí, claramente durante la salida del COVID. Había muchísima carga frenada en depósitos y distintos lugares del mundo. El desafío fue estar preparados para que, cuando la economía se reactivara, la carga de nuestros clientes fuera de las primeras en moverse.
Ahí fue clave hablar con proveedores, coordinar rápido y estar atentos a cada detalle. En logística, muchas veces la velocidad de reacción define todo.
¿Qué valorás en los equipos de trabajo dentro de este negocio?
La dedicación, la pasión y la atención al detalle. Hay una frase que usamos mucho: “check, check, check”. Hay que chequear todo. No dar nada por sentado.
En este negocio un error mínimo puede generar un problema enorme. No podés asumir si una medida está en centímetros o pulgadas: hay que preguntar. Hay que confirmar. Ese nivel de atención es fundamental.
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Y además, la logística tiene algo muy interesante: es una gran pecera donde hay de todo. Distintos tipos de clientes, industrias y desafíos. Y uno elige dónde quiere estar y qué tipo de negocio quiere desarrollar.
La comunicación parece jugar un rol muy importante en ese proceso.
Totalmente. Hay que comunicar permanentemente lo que está pasando, sea algo bueno o algo malo. Porque la precisión genera previsibilidad y la previsibilidad, al final, es plata.
Si un barco se demora, quizás hay que evaluar un aéreo para no frenar una producción. Y ahí el cliente necesita información rápida y clara para poder tomar decisiones.
¿Qué importancia tiene hoy la tecnología en la logística internacional?
Es fundamental. Antes se mandaban documentos por fax. Después vino el mail y hoy muchos clientes directamente prefieren manejarse por WhatsApp.
La tecnología cambia todo el tiempo y uno tiene que adaptarse. Si no te aggiornás, te quedás afuera.
¿Qué es lo que más te apasiona de esta actividad?
Justamente eso: que todos los días son distintos. Uno llega a la oficina y nunca sabe cuál va a ser el nuevo desafío. Siempre aparece algo distinto para resolver.
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La logística tiene esa dinámica permanente que te mantiene despierto, en movimiento y atento. Y además te permite trabajar con industrias y clientes muy diferentes. Eso la hace un negocio apasionante.
Mencionabas recién la importancia de estar atentos a los cambios. ¿Dónde ves hoy nuevas oportunidades?
Por ejemplo, en todo lo vinculado al régimen de courier. Antes mucha gente asociaba eso solamente al envío de documentos o compras chicas, pero hoy se mueve muchísima carga por ahí, incluso repuestos industriales.
Son cambios que aparecen muy rápido y hay que estar despierto para detectarlos. En este negocio, quedarse quieto es quedarse afuera.
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