
Las dificultades para la distribución y la falta de recursos para sostener el sistema de transporte en Cuba siguen profundizando una crisis que impacta tanto a pasajeros como al sector de carga. La escasez de combustible, la imposibilidad de reparar unidades por falta de repuestos y la urgencia de atraer inversión extranjera han convertido la movilidad en uno de los principales problemas cotidianos en la isla.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció en su programa ‘Desde la Presidencia’ que en 121 municipios de las 15 provincias del país la población muestra una creciente preocupación por la falta de transporte. En La Habana, menos de la mitad de los vehículos del parque público están operativos y se necesitan 80.000 litros de diésel diarios para garantizar el servicio, pero el país no cuenta con el suministro suficiente, según cifras oficiales.
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Un sistema colapsado
El transporte estatal, que hace cinco años movilizaba 5,9 millones de pasajeros al día, actualmente solo logra transportar 2,7 millones. El déficit de combustible ha forzado a reducir drásticamente la cantidad de autobuses y camiones en funcionamiento, lo que ha generado largas esperas y un aumento en la demanda de alternativas privadas, muchas de ellas fuera del alcance de la mayoría de la población.
En el sector de carga, la situación es similar. El volumen de mercancías transportadas se ha reducido a la mitad, lo que provoca retrasos en la distribución de alimentos, medicinas y otros productos esenciales. Esta crisis logística repercute en todos los ámbitos de la economía y agrava los problemas de abastecimiento.
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Intentos de recuperación
Ante este escenario, el Gobierno ha impulsado la participación del sector privado en la transportación de pasajeros y carga, así como la búsqueda de inversiones extranjeras que permitan modernizar la infraestructura. En este contexto, la Feria Internacional del Transporte y Logística, que comenzó este martes en La Habana, busca atraer socios estratégicos.
El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez, afirmó en sus redes sociales que el evento de tres días servirá para “ahondar en las buenas prácticas del transporte sostenible y el impulso de una transición energética en el sector”. No obstante, los desafíos a corto plazo siguen siendo críticos.
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Recientemente, se anunció una donación de China para recuperar 100 ómnibus en La Habana que habían quedado fuera de servicio por falta de repuestos. Aunque la medida representa un alivio parcial, el problema estructural persiste: la isla sigue sin acceso suficiente a financiamiento externo ni capacidad para adquirir los insumos necesarios para renovar su parque vehicular.

Un problema sin solución inmediata
La crisis del transporte en Cuba se ha convertido en un obstáculo diario para millones de personas y en una traba para el desarrollo económico del país. Sin una solución clara a la vista, la recuperación del sector dependerá de la disponibilidad de combustible, la modernización de la infraestructura y la capacidad de atraer inversiones en un contexto económico complejo.
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La situación también ha impactado el transporte ferroviario, donde la falta de locomotoras operativas y el deterioro de la infraestructura han reducido significativamente la cantidad de trenes en servicio. Según datos oficiales, en los últimos cinco años la disponibilidad de locomotoras ha caído en más del 40%, afectando rutas esenciales para la distribución de productos agrícolas y la conexión entre provincias. Esta reducción ha obligado a trasladar más carga por carretera, incrementando la presión sobre un sistema vial que también enfrenta problemas de mantenimiento.
Otro factor que agrava la crisis es la dependencia de Cuba de importaciones de combustible en medio de un mercado internacional volátil. En los últimos meses, las autoridades han reconocido que los envíos de crudo y diésel desde Venezuela, su principal proveedor, han sido irregulares y no alcanzan para cubrir la demanda nacional. A esto se suma la dificultad para adquirir piezas de repuesto, muchas de las cuales deben comprarse en mercados lejanos o a través de terceros debido a restricciones comerciales y financieras.
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