Las vacaciones: enfrentar el ocio

Llega el verano y es el momento de hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana

Guardar
(iStock)
(iStock)

La ruptura con lo cotidiano

Irse de vacaciones es hacer una ruptura con las responsabilidades y las rutinas de la vida cotidiana. Es tomar distancia de los roles que se tienen que ejercitar producto de vivir en sociedad. Es alejarse un poco de todas esas zonas de tensión que implican ciertos espacios a los que no queda otra que pertenecer. El ser humano construye rutinas para ordenar su vida, y no tiene por qué ser algo displacentero; pero, romper con ellas es algo imprescindible para renovarse. Sin embargo, entregarse al ocio, implica enfrentar toda una serie de desajustes y desarreglos; consciente o inconscientemente se produce todo un trabajo de acomodación a esa nueva realidad ya sin los roles y actividades de todos los días.

Adueñarse del tiempo

En la situación de ocio podemos adueñarnos del tiempo: allí se puede funcionar con los propios y no con los que imponen las instituciones (trabajo, escuelas, clubes…lo que sea), y lo que muestra la experiencia, es que no es una cosa tan sencilla, no surge con tanta naturalidad como se cree: el vacío de actividades a muchas personas las angustia, y no saben bien qué hacer con ese acto de libertad. La falta de obligaciones los desorganiza. No tener "amos" (jefes, el tiempo, las responsabilidades) a muchos los descoloca.

(iStock)
(iStock)

Vacaciones y fantasía

Lo que es indudable, es que las vacaciones, si uno tiene la sabiduría y la capacidad de saber disfrutar, dan un marco para una mayor libertad. Ya sea si se va en pareja, con amigos, en familia; siempre se trata de una verdadera situación de cambio en donde se depositan muchos anhelos, fantasías y aspiraciones de romper con las rutinas y construir nuevos universos de disfrute. Pero muchas veces suele no haber mucha coincidencia entre lo que se busca, anhela y proyecta, y lo que se encuentra, entre lo esperado y lo obtenido.

Muchas personas, depositan demasiado en esa experiencia extraordinaria que son las vacaciones, y bueno: esa búsqueda puede generar malestar si no se logran los objetivos mínimos. Ocurren seguido estados semi- depresivos cuando se va al encuentro de ese "ideal vacacional" y sólo encuentran algo "real", y se está parado frente a ese desencuentro.

El nuevo mandato moral de diversión
Lo que ocurre es que se ha impuesto una suerte de "idea moral" de lo que es o debería ser "disfrutar". Y es allí donde se ven las propuestas de "nadar con delfines en un mar turquesa", o ir a instituciones de placer con "todo incluido" en donde "no tenés que ocuparte de nada"…o las típicas ventas de las "vacaciones de la euforia"…en donde el asunto pasa por vivir a mil de adrenalina tres semanas seguidas; o las propuestas asociadas al híper consumo.

Hoy, la industria del entretenimiento, ha montado decenas de dispositivos (grandes cruceros, ciudades con todo incluido, viajes a lugares inhóspitos con cataratas de excursiones, sitios para relax, etc.). El tema es que todo ese montaje, muchas veces, no deja lugar para la creación personal, para los deseos propios; o para una conexión más auténtica con los afectos o estar con uno mismo. Por otro lado lo que disminuye el estrés no es sólo no hacer nada, sino hacer cosas diferentes, pero también mantener los intereses y actividades que se disfrutan durante el año, pero sin las tensiones de los tiempos cotidianos.

(iStock)
(iStock)

La propuesta
La propuesta es que se sienten a pensar sobre lo que realmente les produce felicidad, qué es lo que les gusta. Y que en las vacaciones que planifiquen lo incluyan pero con más libertad. También es importante priorizar los goces compartidos: los tiempos del año hacen que a veces la pareja no tenga mucho tiempo en común, o con sus hijos. Esas "sobredosis del otro" que se da en las vacaciones, son necesarias y a su vez es una gran prueba para medir como están realmente las cosas dentro de esa familia.

También es recomendable ser prudentes con el dinero: muchas personas se endeudan desmedidamente y pierden el control de su economía. Por todo esto, sin planificar mucho, la idea es "salir a la ruta": en auto, en avión, en micro; ejerciten -más que nunca- la plasticidad, la capacidad de poner en marcha la creatividad y no meterse en planes muy estructurados o propuestas de "combos" muy rígidos.

Hay que aprender a disfrutar en la vida cotidiana, a generar actividades desestresantes y de esparcimiento y ocio en nuestro día a día; eso no anula que las vacaciones no sean algo fundamental, y un gran proyecto familiar: se trata de eso, de un "proyecto" que se puede disfrutar, vivirlo y concluirlo bien también, sin melancolía. Pero poner todo allí, depositar desmedida expectativa, genera sólo ansiedad y frustración, y puede destruir "la novedad", y lo que ocurre producto del azar. Les deseo disfruten de sus viajes, de sus aventuras, de sus seres queridos inmersos en otros paisajes. La vida es una sola, es una frase trillada, sí, pero que a veces se olvida, incluso, en vacaciones.

Por Gervasio Díaz Castelli

Facebook: Gervasio Díaz Castelli

Twitter: @gerdiazcastelli