UNAM explica por qué el duelo afecta tanto al cuerpo como a la mente

Una pérdida puede alterar los pensamientos, las emociones y hasta la salud física

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En una habitación con poca luz, un altar con la fotografía de una joven, velas encendidas y flores. Un hombre de espaldas sentado en una silla.
El duelo altera el cerebro, las emociones y el cuerpo, pudiendo derivar en depresión mayor, ansiedad o estrés postraumático si no se resuelve adecuadamente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El duelo altera el cerebro, las emociones y el cuerpo tras la pérdida de un ser querido, y ese efecto integral puede derivar en depresión mayor, ansiedad o estrés postraumático si el desequilibrio no se resuelve con el tiempo, según información difundida por UNAM Global.

La publicación de UNAM Global señaló que, si después de tres a seis meses la persona no logra reincorporarse a su vida cotidiana y mantiene tristeza extrema, pérdida de interés, desesperanza o pensamientos autodestructivos, es momento de buscar ayuda profesional. También indica que las personas con antecedentes de trastornos emocionales deben mantenerse bajo observación por un mayor riesgo de complicación.

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Hugo Sánchez Castillo, maestro de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó a la publicación que, ante una pérdida significativa y sobre todo cuando existía un vínculo afectivo fuerte con la persona fallecida, se activan circuitos cerebrales relacionados con la tristeza, la introspección y el recuerdo.

Según Sánchez Castillo, durante este proceso presentan alteraciones temporales áreas como el sistema límbico, encargado de regular las emociones, y la corteza prefrontal, vinculada con la toma de decisiones y el control de impulsos. El académico resumió ese mecanismo así: “El duelo activa circuitos cerebrales vinculados con la tristeza y la memoria, lo que explica la intensidad del proceso emocional”.

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La rumiación mental acerca el duelo a patrones observados en episodios depresivos

Hombre con camisa oscura, mano en el rostro, apoyado en un féretro de madera. Rosas blancas y un rosario negro con cruz dorada sobre el ataúd. Velas y flores al fondo.
Los circuitos cerebrales relacionados con la tristeza, la memoria y la introspección se activan durante el duelo, intensificando el proceso emocional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los fenómenos más frecuentes es la rumiación mental: la repetición constante de pensamientos sobre la pérdida, los últimos momentos compartidos, los “hubiera” y los recuerdos del ser querido. Esa actividad mental está estrechamente vinculada con patrones similares a los observados en episodios depresivos.

Desde el punto de vista neuroquímico, el duelo no puede explicarse por un solo neurotransmisor, sino por un “cóctel neuroquímico” en el que participan la serotonina, la dopamina, el GABA y la oxitocina. Esas sustancias están relacionadas con la regulación del estado de ánimo, la percepción del placer, la ansiedad y la vinculación afectiva.

Sobre ese punto, Sánchez Castillo dijo a UNAM Global: “Durante el duelo puede producirse un desequilibrio neuroquímico que genera vacío, ansiedad o pérdida de interés por la vida cotidiana”. La publicación agregó que, cuando ese desajuste no se resuelve de manera natural, puede convertirse en un cuadro clínico.

El duelo también puede debilitar el sistema inmunológico y alterar el sueño

Primer plano de un hombre caucásico de mediana edad con barba, llorando intensamente con lágrimas cayendo por sus mejillas, apoyado en una mesa de madera oscura.
El duelo puede provocar manifestaciones físicas como el síndrome del corazón roto y debilitar el sistema inmunológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El efecto del duelo no se limita al plano psicológico o cerebral. UNAM Global mencionó entre las manifestaciones físicas el síndrome del corazón roto, conocido médicamente como miocardiopatía por estrés, que ocurre cuando una emoción intensa provoca una disfunción temporal en el corazón.

Sánchez Castillo advirtió que “el duelo puede debilitar el sistema inmunológico, alterar el ritmo del sueño y el apetito, generando vulnerabilidad física frente a otras enfermedades. La misma fuente precisó que, aunque este fenómeno suele ser reversible, en casos extremos puede llevar a la muerte, sobre todo en personas mayores con sistemas fisiológicos más deteriorados.

La manera en que se vive este proceso cambia según la edad, el nivel de madurez emocional, la red de apoyo y la historia personal. En niñas y niños, el cerebro es más plástico y tiene mayor capacidad de adaptación, pero también es más vulnerable al trauma. La falta de comprensión de la muerte y una red social limitada pueden hacer más duraderos los efectos del duelo en menores si no reciben atención adecuada.

En adultos mayores, el desgaste natural de los sistemas fisiológicos puede intensificar el proceso, especialmente tras la pérdida de una pareja de muchos años.

Sánchez Castillo afirmó que la psicoterapia basada en evidencia ofrece herramientas para reestructurar el pensamiento, regular emociones y encontrar un nuevo sentido tras la pérdida.

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