Así afecta a tu cerebro la derrota de tu equipo de futbol, según la UNAM

La pasión por el futbol despierta emociones intensas en millones de personas que siguen de cerca a su equipo favorito, haciendo de cada partido una experiencia que va más allá de la cancha

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Primer plano de un hombre con una bufanda azul y amarilla, llorando y cubriéndose la cara con las manos en un estadio de fútbol vacío.
La derrota de un equipo de futbol puede provocar reacciones emocionales intensas en los aficionado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La derrota de un equipo de futbol puede provocar reacciones emocionales intensas en los aficionados, muchas de las cuales tienen una explicación en el funcionamiento del cerebro.

Según explicó Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, estas respuestas no solo se manifiestan en el estadio, sino que también llegan al hogar y a la vida cotidiana.

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El futbol no es solo un espectáculo deportivo: para millones de personas, representa un canal legítimo para liberar emociones que, en otros contextos, quedarían reprimidas.

El cerebro responde de forma directa ante los resultados de un partido, activando mecanismos químicos y emocionales que pueden transformar el ánimo de una persona en cuestión de minutos.

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Qué sucede en el cerebro durante la derrota de tu equipo

Rodríguez Molina detalló que el cerebro humano cuenta con un circuito de recompensa que se activa ante situaciones placenteras, como la victoria de un equipo favorito.

Este circuito, alimentado por neurotransmisores como las endorfinas, refuerza sensaciones de bienestar.

Sin embargo, cuando ocurre una derrota, ese circuito decae y la persona experimenta una mezcla de emociones negativas.

El especialista señaló que, en esos momentos, la corteza prefrontal —región responsable del razonamiento y la toma de decisiones— suele “desconectarse”, lo que da paso a la actuación de la amígdala, una estructura cerebral asociada a las emociones más básicas.

De este modo, el aficionado deja de pensar racionalmente y se rige por lo emocional.

“La derrota genera sentimientos de impotencia, tristeza y, en ocasiones, ira. Estos estados pueden traducirse en conductas agresivas si no existe un control emocional adecuado”, explicó Rodríguez Molina.

Según el docente, el lóbulo frontal actúa como freno, pero, si este mecanismo falla, pueden surgir episodios de violencia, incluso en entornos familiares.

Silueta de una persona de espaldas y con la cabeza gacha, sentada en un sillón oscuro frente a un televisor que muestra un partido de fútbol en un salón tenue.
El circuito de recompensa del cerebro, impulsado por endorfinas, se activa con la victoria de un equipo y genera bienestar; tras una derrota, este mecanismo disminuye y surgen emociones negativas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Del estadio al hogar: cómo se expresa la frustración

El impacto de una derrota no se limita al estadio. Muchos aficionados descargan su frustración en objetos cercanos, como la televisión, o discuten con familiares y amigos.

La emoción colectiva, explicó el profesor de la UNAM, puede amplificar las reacciones y propiciar que personas que habitualmente no expresan sus emociones en público lo hagan sin censura durante los partidos.

El futbol funciona como un espacio social donde la expresión intensa de emociones está permitida. “Si gritas, lloras o te enojas, nadie te va a criticar”, comentó Rodríguez Molina.

Esta aceptación social genera un terreno fértil para que el cerebro “desconecte” su parte racional y deje aflorar el llamado “cerebro primitivo”, que responde solo a impulsos emocionales.

Episodios de violencia y la frontera de lo patológico

El especialista de la UNAM advirtió que aunque las emociones negativas no conducen inevitablemente a la violencia, sí crean un contexto propicio para que esta surja.

Cuando la razón se pierde completamente, la agresión hacia otros o hacia objetos puede convertirse en una conducta visible.

Rodríguez Molina recordó hechos recientes, como el enfrentamiento entre aficionados de Querétaro y Atlas el 5 de marzo de 2022, para ilustrar que la violencia colectiva en el futbol no es un fenómeno aislado.

En el entorno doméstico, la frustración también puede llevar a conductas agresivas, aunque, según el experto, esto representa un escenario patológico en el que el control emocional se ha perdido por completo.

Infografía detallada sobre cómo reacciona el cerebro a la derrota deportiva, mostrando diagramas cerebrales y escenas de aficionados frustrados en estadios y hogares.
Un gráfico muestra cómo la mente pasa de la euforia a la frustración y la agresión ante la derrota de un equipo, explicando los procesos cerebrales y las manifestaciones de violencia en distintos entornos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La felicidad por la victoria es breve, pero la derrota deja huella

Contrario a lo que muchos piensan, la victoria en el futbol genera una felicidad pasajera, mientras que la derrota puede tener efectos emocionales mucho más duraderos.

El aficionado, explicó Rodríguez Molina, tiende a buscar explicaciones y razones para entender la caída de su equipo, lo que prolonga la sensación de desazón.

La decepción puede ser tan profunda que, en casos extremos, ha desencadenado consecuencias graves.

El docente mencionó el suicidio de algunos seguidores tras la histórica derrota de Brasil ante Alemania en 2014, aunque aclaró que estos episodios se producen cuando existen antecedentes patológicos previos y el partido solo actúa como detonante.

Qué aprendizajes deja el futbol a tu vida emocional

Ver futbol no solo implica riesgos emocionales: también puede aportar enseñanzas útiles para la vida. El entorno del futbol permite experimentar emociones en comunidad y aprender a gestionar la frustración y el entusiasmo.

Según Rodríguez Molina, este deporte ayuda a reconocer la importancia de la inteligencia emocional y la necesidad de mantener el autocontrol incluso en situaciones de alta tensión.

Las emociones que se viven durante un partido son reales, pero la clave radica en distinguir entre la pasión controlada y la reacción impulsiva que puede llevar a consecuencias negativas.

Aficionados del fútbol mexicano en primer plano, con camisetas verdes, bufandas y cara pintada, gritando y levantando los brazos. Uno sostiene una bandera de México.
La victoria en el futbol genera una felicidad pasajera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La UNAM destaca que comprender estos mecanismos cerebrales puede ayudar a los aficionados a disfrutar el futbol sin que la derrota de su equipo altere su bienestar personal o familiar.

Esta comprensión puede transformar la experiencia del futbol en un aprendizaje emocional que trascienda el resultado de cualquier partido.

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