En la actualidad hiperconectada, las videollamadas son un método de comunicación que permiten la interacción en tiempo real entre individuos ubicados en diferentes lugares del mundo y aunque esta tecnología ha sido diseñada principalmente para los humanos, su aplicación se ha extendido a otros ámbitos, incluyendo el reino animal.
Un estudio reciente reveló que esta herramienta digital puede mejorar el bienestar de algunas mascotas, principalmente, los loros domésticos al replicar aspectos de la comunicación que dichas aves experimentan en la naturaleza, para ello, investigadores de la Universidad Northeastern, en colaboración con científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Glasgow, enseñaron a un grupo de loros a utilizar tabletas y teléfonos inteligentes con el fin de que aprendieran a realizar videollamadas, lo que permitió observar cómo interactuaban entre sí en un entorno virtual.
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El experimento, que se llevó a cabo durante tres meses, involucró a 18 loros de distintas especies y a sus cuidadores voluntarios. Los investigadores, liderados por Rébecca Kleinberger, profesora adjunta en Northeastern, y Jennifer Cunha, conductista de loros, diseñaron un sistema en el que las aves podían elegir a qué compañero llamar mediante una interfaz en una tableta. Las sesiones se organizaron en bloques de tres horas, durante los cuales cada loro podía realizar hasta dos llamadas de cinco minutos como máximo.
Según detalló Kleinberger, las aves no solo comprendieron que había otro loro al otro lado de la pantalla, sino que también desarrollaron dinámicas sociales complejas y preferencias claras por ciertos compañeros. Entre los hallazgos más destacados, los investigadores observaron que los loros más populares eran aquellos que iniciaban más llamadas, lo que sugiere una dinámica social recíproca similar a la de los humanos.
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Vínculos sociales y aprendizaje por observación

De acuerdo con el Northeastern Global News, durante las interacciones, las aves demostraban su entusiasmo emitiendo vocalizaciones que reflejaban patrones de llamada y respuesta propios de su comunicación en la naturaleza. Al respecto, Kleinberger explicó que estos sonidos podrían interpretarse como un equivalente al “¡Hola, estoy aquí!” en el lenguaje de los loros.
Así mismo, el estudio también documentó casos en que las aves aprendieron nuevas habilidades observando a sus compañeros durante las videollamadas. Algunos cuidadores reportaron que sus loros adquirieron comportamientos como buscar alimento, nuevas vocalizaciones e incluso técnicas de vuelo. Un ejemplo notable fue la relación entre Ellie, una cacatúa de Goffin, y Cookie, un loro gris africano residente en California. Según Jennifer Cunha, estas aves formaron un vínculo tan fuerte que, incluso después de más de un año, continúan “hablando” entre sí.
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La coautora del estudio, Ilyena Hirskyj-Douglas, investigadora en interacción animal-computadora en la Universidad de Glasgow, compartió su asombro en una entrevista con el diario británico The Guardian: “Me sorprendió bastante la variedad de comportamientos”, cuenta. “Algunos cantaban, otros jugaban y se ponían boca abajo, otros querían mostrarle sus juguetes a otra ave”.
Aunado a ello, el equipo de investigación destacó que la participación de los cuidadores fue crucial para el éxito del experimento, pues los animales emplumados no solo disfrutaron de la interacción con otros de su especie, sino también de la atención adicional que recibían de sus dueños durante las sesiones. Sin embargo, los investigadores advirtieron que no todas las aves reaccionan de la misma manera y que las interacciones deben ser cuidadosamente supervisadas para evitar miedo o agresión. De hecho, según la información registrada, tres de los loros abandonaron el estudio al inicio debido a reacciones negativas.
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La tecnología en el bienestar animal

Como parte del experimento, los loros aprendieron a tocar una campana para indicar que querían realizar una llamada, y las interacciones se limitaron a parejas o tríos de aves agrupadas por tamaño y zona horaria. Además, los cuidadores recibieron instrucciones para finalizar las llamadas si detectaban señales de estrés en las aves. Según Kleinberger, estas precauciones son esenciales cuando la actividad se lleva a cabo, ya que los loros suelen ser selectivos con respecto a sus compañeros y las interacciones no mediadas podrían terminar en comportamientos agresivos o daños materiales. “Los loros más grandes tienen picos más que capaces de romper un iPad en pedazos”, señalan.
A partir de las observaciones, por otro lado, el estudio resaltó la inteligencia excepcional de las aves, que en algunas especies, como las cacatúas y los loros grises africanos, alcanza niveles comparables a los de un niño en edad escolar. Sin embargo, Kleinberger enfatizó que los loros no están domesticados de la misma manera que los perros o los gatos, ya que solo han sido mantenidos como mascotas durante una o dos generaciones, por ello, aunque las videollamadas no pueden replicar completamente las condiciones de libertad, representan una herramienta prometedora para mejorar la calidad de vida de las aves en cautiverio.
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Los investigadores concluyeron que, si bien los resultados son alentadores, no es recomendable que los dueños de loros implementen esta práctica sin una preparación adecuada, pues lo más prudente es introducir la tecnología de manera gradual y supervisar cuidadosamente las reacciones de las aves, como se hizo en el experimento.
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