300 muertos, 17 mil edificios destruidos y 100 mil personas sin hogar: así fue el incendio que devastó Chicago en 1871

La noche del 8 de octubre, un foco originado en la calle DeKoven desató una tragedia que se prolongó durante más de 30 horas. El siniestro transformó para siempre la fisonomía de la ciudad estadounidense y se convirtió en una catástrofe urbana inédita

El gran incendio de Chicago comenzó la noche del 8 de octubre de 1871 en un granero (Chicago History Museum)
El gran incendio de Chicago comenzó la noche del 8 de octubre de 1871 en un granero (Chicago History Museum)
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El 8 de octubre de 1871 fue uno de los días más trágicos de la historia de Estados Unidos. Esa noche, un incendio comenzó en un granero de la calle DeKoven, en el sector suroeste de Chicago, propiedad de Patrick y Catherine O’Leary. El fuego se extendió durante más de 30 horas y recién quedó extinguido en la madrugada del 10 de octubre.

El saldo fue de cerca de 300 muertos, aunque solo se recuperó e identificó una parte de los cuerpos. No existe una cifra definitiva sobre los heridos, pero miles de personas sufrieron quemaduras, intoxicaciones por humo y lesiones durante la huida. La propagación tuvo varias causas: Chicago atravesaba una sequía prolongada, gran parte de sus construcciones y veredas eran de madera, y los fuertes vientos del suroeste empujaron las llamas de un barrio a otro. Los bomberos, además, recibieron una indicación errónea y llegaron tarde al lugar donde se había iniciado el foco.

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La causa precisa del incendio nunca fue confirmada. La versión más conocida sostuvo que una vaca de los O’Leary derribó una linterna, aunque esa historia fue considerada una leyenda, según detalló National Geographic. También surgieron hipótesis sobre un ladrón de leche, un accidente durante una partida de cartas o una combustión accidental, pero ninguna logró ser probada de forma concluyente y sigue siendo un misterio a más de 150 años.

Las devastadoras consecuencias del gran incendio de Chicago

El siniestro dejó un saldo estimado de 300 muertos y cerca de 100.000 residentes sin vivienda
El siniestro dejó un saldo estimado de 300 muertos y cerca de 100.000 residentes sin vivienda

El fuego se extendió durante más de 30 horas, desde la noche del domingo 8 de octubre hasta la madrugada del martes 10 de octubre de 1871, indicó la Universidad de Illinois. El foco inicial surgió en el suroeste de la ciudad, pero las llamas avanzaron con rapidez hacia el norte y el este hasta alcanzar el centro comercial. Luego cruzaron el río Chicago y continuaron su recorrido hacia los barrios ubicados más al norte.

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Los fuertes vientos del suroeste fueron uno de los factores que explican la velocidad y la magnitud que alcanzó el desastre. Según recogió National Geographic, las ráfagas levantaban brasas, cenizas y fragmentos encendidos, que caían sobre techos, calles y construcciones situadas a varias cuadras del frente principal del fuego. De ese modo, surgían nuevos focos en distintos puntos de la ciudad, lo que dificultaba cualquier intento de contener el avance de las llamas.

Chicago también llegaba al incendio después de meses de sequía. Entre julio y octubre, las precipitaciones habían sido muy inferiores a las habituales. La Enciclopedia Britannica atribuyó que la falta de lluvias dejó resecas las viviendas, los galpones, las aceras de madera y otras estructuras urbanas. Buena parte de la ciudad se había construido con ese material barato y disponible, por lo que el fuego encontró condiciones favorables para extenderse sin interrupciones.

La presencia de una sequía prolongada y vientos intensos aceleró la propagación del fuego por la ciudad (Chicago History Museum)
La presencia de una sequía prolongada y vientos intensos aceleró la propagación del fuego por la ciudad (Chicago History Museum)

La destrucción no se limitó a las construcciones de madera. Muchos edificios que exhibían fachadas de ladrillo o piedra conservaban estructuras internas, pisos, techos o elementos decorativos de madera. El calor extremo afectó incluso inmuebles que se consideraban resistentes al fuego. Algunas paredes se derrumbaron, mientras otras quedaron en pie entre montañas de cenizas, vigas quemadas y escombros.

La Enciclopedia Britannica estima que el incendio destruyó alrededor de 17.450 edificios y arrasó una superficie cercana a los nueve kilómetros cuadrados. Entre los inmuebles alcanzados hubo viviendas, hoteles, oficinas, almacenes, iglesias, teatros y comercios del distrito central. La zona afectada incluía calles con actividad financiera y comercial, donde se concentraban negocios, depósitos y establecimientos de servicios.

La planta de tratamiento de agua de la ciudad también quedó destruida cuando una brasa alcanzó su techo. El hecho dejó sin suministro de agua a Chicago en pleno avance del incendio y agravó la situación en las zonas que todavía no habían sido alcanzadas por el fuego. La pérdida de esa infraestructura se sumó a los daños sobre calles, edificios públicos, establecimientos comerciales y propiedades particulares.

El fuego destruyó más de 17.000 edificios y provocó pérdidas calculadas en 200 millones de dólares de la época
El fuego destruyó más de 17.000 edificios y provocó pérdidas calculadas en 200 millones de dólares de la época

Cerca de 100.000 personas perdieron sus hogares, una cifra equivalente a alrededor de un tercio de la población de Chicago en ese momento. Las pérdidas materiales fueron calculadas en unos 200 millones de dólares de la época (más de cinco mil millones de dólares actuales).

Detrás de esa cifra quedaron miles de viviendas destruidas y una extensa red de comercios, oficinas y espacios urbanos reducidos a ruinas.

Cómo resurgió Chicago tras el gran incendio

Una vez que las llamas cesaron, Chicago inició una reconstrucción inmediata en las zonas que habían quedado reducidas a escombros. La ciudad conservaba parte de su infraestructura y de su actividad económica: los corrales de ganado, los aserraderos, buena parte de las vías ferroviarias y varios elevadores de grano no habían sido alcanzados por las llamas. Esos sectores permitieron mantener el movimiento de mercancías y el empleo mientras comenzaban las obras.

La reconstrucción impulsó la edificación de inmuebles más altos con estructuras de hierro, ladrillo y acero (Centro Cultural de Chicago)
La reconstrucción impulsó la edificación de inmuebles más altos con estructuras de hierro, ladrillo y acero (Centro Cultural de Chicago)

La construcción de viviendas, oficinas, comercios e instalaciones públicas se volvió la actividad central. En algunos casos, los trabajos comenzaron antes de que arquitectos e ingenieros terminaran los planos.

Miles de personas debieron encontrar alojamiento temporal, mientras propietarios, comerciantes y empresas buscaban recuperar sus edificios o instalarse en nuevas zonas de la ciudad.

El cambio también transformó la fisonomía del centro de Chicago. Los grandes bancos, compañías comerciales y oficinas ocuparon parte de los nuevos edificios, que sustituyeron a las construcciones destruidas por el incendio. La actividad se concentró en inmuebles más altos y con estructuras de hierro, ladrillo y, más adelante, acero. El objetivo era aprovechar el valor del suelo en el área comercial y reducir los riesgos que habían quedado expuestos en 1871.

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