
Cuando Thomas Randolph llamó al 911 eran las 20.44. Ese dato, más de diez años después, sería crucial para el jurado que lo condenó por el asesinato de Sharon, su sexta y última esposa, y también por el asesinato del hombre al que había instigado para que le disparara a Sharon. Pero la noche del llamado, la del 8 de mayo de 2008, Thomas estaba seguro de haber concretado el plan perfecto. Y tal vez siga convencido de eso, y de que él no fue el culpable de ese derramamiento de sangre.
“Le dispararon a mi esposa, está tirada en el piso, boca abajo, ¡esto es un horror, creo que está muerta!”, gritó Thomas cuando lo atendió una operadora del 911. Él tenía 53 años y Sharon Causse, la última de las seis mujeres con las que se había casado, tenía 57. Vivían en Las Vegas y habían salido al casino y a cenar. Abrieron el portón del garaje. Ella se bajó y él, declararía después, se quedó unos minutos en el auto porque en la radio sonaba una canción que le gustaba mucho.
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Finalmente, siempre según el relato de Thomas al 911, bajó del auto, entró a la casa y encontró a su esposa tirada en el suelo con un balazo en la cabeza. “Apareció un hombre encapuchado con un arma de fuego, así que agarré mi pistola, lo perseguí y le disparé”, contó Thomas. Primero al 911 y después a sus abogados y ante los tribunales. Todas las veces insistía en que ese hombre le había disparado a Sharon y que él, a la vez, disparaba en defensa propia.

Michael James Miller, el supuesto agresor, murió a causa de los disparos de Thomas. No era un desconocido para el matrimonio: Randolph lo había contratado algunas semanas antes para que hiciera varios arreglos en la casa.
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Una escena sospechosa
La Policía Metropolitana de Las Vegas llegó enseguida y encontró una escena que no encajaba con el relato de Thomas. El plan perfecto empezaba a desmoronarse, aunque llevaría más de una década demostrar la culpabilidad del flamante viudo.
El detective que quedó a cargo de la investigación, Dean O’Kelley, detectó enseguida que el relato de Randolph no coincidía con la ubicación en la que los peritos habían encontrado los casquillos de las balas disparadas. Además, el pasamontañas de Miller estaba intacto, sin agujeros de balas ni sangre: no había forma de que el obrero lo hubiera tenido puesto al momento de recibir los disparos, aunque Thomas afirmara lo contrario.
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Hubo una declaración clave para empezar a dilucidar lo que había pasado. Mark Bartlett, vecino de Sharon y Thomas, aseguró ante los investigadores que el ruido de los disparos había sido a las 20.33. Eso permitió determinar que habían transcurrido once minutos entre esos disparos y el llamado de Thomas al 911 para pedir auxilio urgente para su esposa: demasiado tiempo. Randolph no sólo se tomó su tiempo para pedir ayuda. También desatendió las instrucciones que le daban desde el 911 respecto de las maniobras de reanimación hacia Sharon.
Cuando vio el despliegue escénico, prácticamente actoral, de Thomas durante la reconstruccion de los hechos, el detective O’Kelley se convenció de que la versión del viudo no era la verdadera historia. Así que decidió investigar los antecedentes de ese hombre cuyo relato no le cerraba. Y encontró una historia escalofriante.
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Un hombre, seis mujeres
Antes de casarse con Sharon, Thomas Randolph se había casado con otras cinco mujeres. De sus seis esposas, sólo dos están vivas. Tres de ellas murieron durante los años que compartieron con Thomas, y otra murió de cáncer años después de separarse. De las que murieron estando en pareja con Thomas, una falleció en un presunto caso de mala praxis. Otra, supuestamente se suicidó. Y Sharon, supuestamente había sido atacada por Miller, hasta que la Justicia demostró que detrás de ese ataque estaba Thomas.

Las dos sobrevivientes a Randolph y los familiares de las cuatro esposas que murieron dieron su testimonio, tanto ante investigadores como para el documental El viudo: hasta que la muerte nos separe, que acaba de estrenarse en Netflix. El patrón sobre cómo estar unidas en matrimonio con Thomas se repite: él ejercía constante presión psicológica sobre ellas, todo el tiempo les recordaba la presencia de armas de fuego en la casa, y a todas les imponía la obligación de contratar un seguro de vida millonario en el que él era el único beneficiario en caso de que a ellas les pasara algo.
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La primera de esas seis esposas fue Kathryn, una de las dos sobrevivientes. Se casaron en 1975, cuando él tenía 20 años y ella, 18. Tuvieron dos hijos y se divorciaron en 1983. Cuando ella tuvo que declarar ante la Justicia, describió a Thomas como “un hombre profundamente abusivo, controlador y manipulador”. Ella supo por la empresa aseguradora y no por Thomas que él había contratado un seguro de vida por si Kathryn moría: lo había hecho sin su consentimiento. A pesar de las presiones de él, ella logró divorciarse y formar una nueva pareja.
El día que firmó el divorcio de su primer matrimonio, Thomas Randolph se casó por segunda vez. Becky Gault y él se instalaron en Utah, donde vivía la madre de él. El día a día se volvió insufrible casi enseguida. Becky fue diagnosticada con depresión y les contó a sus familiares que él la sometía psicológicamente todo el tiempo y que temía por su propia vida.
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En noviembre de 1986, días después de que Gault le comunicara a su familia que había decidido abandonar a Thomas, apareció muerta en su cama. Tenía un disparo en la cabeza y, muy cerca, una nota de despedida. Los investigadores determinaron que había sido un suicidio y Randolph se hizo de 500.000 dólares gracias a los seguros de vida que le había hecho contratar a su segunda esposa. Apenas cobró, se compró un Porsche y un jacuzzi.
Uno de los detectives insistió con que se reabriera el caso porque el lugar en el que había quedado tirada el arma era incompatible con la posición en la que supuestamente Becky se había disparado. Pero su insistencia no prosperó y, al menos en ese momento, el caso fue cerrado. Thomas volvió a casarse ocho años después de la muerte de Gault, en 1994, con Leona Stapleton. Se divorciaron apenas un año después. En 2006, Leona murió de cáncer.
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Justo después de separarse de Leona, en 1995, Thomas conoció a Gayna Allmon. Se contactaron a través de avisos clasificados de personas que buscaban pareja y se casaron enseguida. Pasó lo que ya había pasado en parejas anteriores: ella sufrió violencia psicológica constante y la presencia de armas de fuego protagonizaba la casa. Tanto que, durante una supuesta limpieza de una de sus pistolas en el comedor de la casa matrimonial, el arma se disparó y rozó a Gayna.

Él alegó que había sido un accidente, ella juró que Thomas había querido asesinarla. En medio de esa denuncia, Gayna se enteró de los antecedentes policiales de su marido y se escapó de la casa que compartían. Vivió escondida hasta que obtuvo el divorcio, en 1997. Es, junto con Kathryn, una de las dos esposas que sobrevivieron de las seis que tuvo Randolph.
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La quinta esposa de Thomas fue Frances. Se casó con ella en 1997, el mismo año en que se concretó su divorcio de Gayna. Convivieron en Indiana. Ella tenía una afección cardíaca que antecedía su relación con Randolph, y en 2004 decidió operarse. Según les contó a sus familiares, aunque la cirugía podía esperar, los médicos le habían recomendado afrontar el procedimiento lo antes posible para llegar a la tercera edad con eso resuelto.
Los médicos les informaron a los familiares de Frances que la cirugía había sido un éxito. Pero la mujer murió algunas horas después, tras una descompensación cuyo motivo nadie pudo determinar. Rachel Gaskins, hija de la mujer, declaró después que, cuando toda la familia se fue del hospital, el único que quedó con Frances fue Thomas: él fue el último en estar a solas con ella y él ordenó la inmediata cremación de su quinta esposa. Randolph cobró enseguida los seguros de vida que Frances había contratado por indicación de su marido.
Un año después de la muerte de su quinta esposa, Thomas Randolph conoció a la sexta, Sharon Causse. Se encontraron en el sitio web Match.com. Se casaron en 2007, mientras viajaban en un crucero por México. Apenas volvieron a casa, en Las Vegas, Thomas gestionó tres pólizas de seguro de vida a nombre de Sharon, que sumaban más de 300.000 dólares. Además, Randolph intimidó a su esposa para que redactara un testamento dejando todos sus bienes a favor de él. Sharon acató y, a la vez y según le contó a su hija, empezó a tener cada vez más miedo ante las conductas amenazantes de su marido.
Decidió cambiar su testamento para legar sus bienes a Colleen, su hija, a quien además nombró administradora de su patrimonio. Un año después del crucero en el que se convirtieron en marido y mujer, Sharon Causse recibió el tiro en la cabeza que le produjo la muerte. Su marido se tomó once larguísimos minutos para pedir ayuda al 911.
En busca de sicarios
Tras la muerte de Sharon, y por las inconsistencias entre el relato de Thomas y lo que demostraban las pericias, la Policía investigó a fondo la historia de ese hombre que acababa de enviudar y que ya había enviudado otras veces. En su pesquisa, los detectives especializados en homicidios dieron con los testimonios de las ex esposas de Thomas y también de los familiares de las mujeres con las que se había casado y que ya habían muerto.

Pero además, dieron con dos testigos que resultaron clave para confirmar el plan homicida de Thomas. Eric Tarantino fue el primero de ellos. Declaró bajo juramento que Thomas le había ofrecido 10.000 dólares y parte del seguro de vida de Becky Gault a cambio de que la asesinara y entre ambos simularan una muerte accidental. Durante dos años, Randolph y Tarantino “ensayaron” distintas escenas de asesinato, pero finalmente el “casi sicario” se arrepintió y se escapó, convencido de que Thomas iría tras él.
A ese testimonio se le sumó primero el de un compañero de celda de Thomas, que era en realidad un policía encubierto que los investigadores situaron cerca del detenido mientras investigaban la muerte de Sharon. Randolph le había ofrecido dinero para matar a Eric Tarantino y, de esa manera, eliminar su posible declaración.
También declaró Glenn Morrison, un hombre al que Thomas Randolph le había ofrecido miles de dólares a cambio de que asesinara a Gayna Allmon, su cuarta esposa. El trato era similar al que le había ofrecido a Eric Tarantino: un adelanto de 10.000 dólares y, después, repartir lo obtenido de los seguros de vida entre los dos.
Morrison dijo que no, pero volvió a tener noticias de Thomas cuando él volvió a contactarlo: esta vez quería que ultimara a Frances, la quinta esposa del hombre que, ya en prisión, pidió que lo apodaran “viudo negro”. Thomas le sugirió a Morrison que simularan un asalto, pero Morrison se negó porque sospechaba que Randolph iba a asesinarlo apenas se concretara el homicidio de la mujer. La escena era demasiado parecida a la que terminaría dándose en Las Vegas, en donde aparecieron muertos Sharon, presuntamente atacada en un asalto, y Mike Miller, el supuesto ladrón, “abatido” en defensa propia por Thomas.
Un último testigo terminó de esclarecer el perfil de Thomas. Se trataba de Steve, amigo de la juventud de Randolph y segundo esposo de la primera mujer del “viudo negro”. Steve contó que en varias ocasiones Thomas le había preguntado si estaba dispuesto a asesinar a cambio de dinero.
A eso se le sumó la declaración de Judy Archie, una amiga íntima de Miller. Contó ante la Justicia que Miller, el obrero que había sido contratado para diversos arreglos por Thomas, le había contado que en realidad el dueño de casa lo había contactado con el objetivo principal de que asesinara a Sharon en medio de la simulación de un robo. Tal como había imaginado Glenn Morrison años antes, Thomas Randolph traicionó el trato que había hecho con el sicario, y lo asesinó para no repartir la fortuna con nadie ni tener testigos de su plan criminal.
Décadas en el banquillo de los acusados
La primera vez que Thomas Randolph se enfrentó a la Justicia fue en 1989, en Utah, tras la muerte de Becky Gault. Fue procesado por presunto asesinato de su segunda esposa, pero finalmente sus abogados lograron convencer al jurado de que había sido un suicidio: Thomas fue absuelto.
En 2009, se emitió una orden de arresto contra Thomas, acusado del doble homicidio de Sharon Causse y Michael Miller. Fue detenido y se las arregló para dilatar el juicio por más de ocho años, siempre con la misma estrategia: cambiar constantemente de abogados. En 2017 lo declararon culpable de los dos homicidios y por conspirar para matar a Sharon. Lo condenaron a pena de muerte.
Sin embargo, tres años después la Corte Suprema de Nevada, el estado en el que se habían producido los asesinatos de Causse y Miller, desestimó la pena capital porque consideró improcedente que se hubiera tratado como evidencia en el juicio todo lo ocurrido con Becky Gault, la segunda esposa de Thomas. Según la Corte, esa información había influenciado indebidamente en el jurado, que sólo debía juzgar los hechos ocurridos en 2008.
En 2023 se inició un segundo juicio en el que los hechos ocurridos en Utah quedaron silenciados. El jurado volvió a considerar que Thomas Randolph era culpable del asesinato de su sexta esposa y del hombre al que había contratado como sicario. Lo condenaron a un mínimo de sesenta años de prisión, y un máximo de cadena perpetua. La Corte Suprema de Nevada confirmó esa sentencia.
Thomas Randolph tiene 71 años y pasa sus días en el Centro Correccional Lovelock, en Nevada. Habla cotidianamente con periodistas y con detectives para insistir con que es inocente. Se autodefine como una víctima de una gran conspiración en su contra. La última vez que se convirtió en viudo fue hace casi veinte años. Ya había pasado por eso otras dos veces, siempre en circunstancias extremadamente sospechosas.
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