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El niño de seis años que se escondió para asustar a su familia y desapareció: el misterio de las Grandes Montañas Humeantes

Dennis Lloyd Martin tenía seis años cuando desapareció en la frontera entre Tennessee y Carolina del Norte, en pleno corazón de los Montes Apalaches. Su búsqueda fue la más masiva en la historia del Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos, pero no encontraron un solo rastro de él

Fotografía en blanco y negro de Dennis Martin, un niño sentado con una camisa polo y pantalones cortos, mirando hacia la derecha con una sonrisa leve
Dennis Martin desapareció poco antes de cumplir siete años en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes en 1969. Su caso sigue sin resolverse
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Un operativo humano nunca antes visto se activó ante un misterio aterrador: cómo un niño de seis años pudo esfumarse en un parpadeo. Dennis Lloyd Martin jugaba a las escondidas en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes cuando caminó unos pasos entre los árboles para asustar a su padre y al abuelo. Nunca regresó. Aquel juego infantil inició la búsqueda más angustiante en la historia de los Estados Unidos.

Fue el 14 de junio de 1969, durante un campamento en la pradera de Spence Field para celebrar el Día del Padre. Alrededor de las 16:30 horas, Dennis, su hermano y sus primos se dispersaron en medio de la maleza. Planearon rodear el prado para ocultarse en el bosque y saltar desde los árboles, dividiéndose en dos grupos para emboscar a los adultos de forma simultánea.

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Segundos después, los demás niños salieron al sendero entre risas, pero Dennis no. El silencio se apoderó del prado y el pánico se desató en segundos. William Martin, su padre, corrió hacia el bosque, gritando su nombre y rompiendo ramas en un intento frenético por encontrarlo, pero la inmensidad de la montaña ya se había tragado su voz.

Fotografía en blanco y negro de Dennis Martin, un niño sentado con una camisa polo y pantalones cortos, mirando hacia la derecha con una sonrisa leve
Los primeros momento de la búsqueda de Dennis Martin

Una tradición familiar en lo alto de los Apalaches

El Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes no era un destino desconocido para la familia Martin. Durante décadas, los varones del clan habían subido hasta Spence Field —una pradera de alta montaña a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar, en pleno corazón de los Montes Apalaches— para colocar bloques de sal para los animales que andaban en las alturas, una costumbre de la zona y que se remontaba a antes de la creación del parque, en 1934.

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Ese fin de semana de junio de 1969, William C. Martin, arquitecto de Knoxville, Tennessee, había llevado a su padre Clyde y a sus dos hijos, Douglas, de nueve años, y Dennis, de seis, para iniciar al menor en esa herencia familiar. Faltaban apenas seis días para que Dennis cumpliera siete, la edad que en la familia se consideraba suficiente para comenzar a conocer esas montañas.

El grupo había partido desde Cades Cove, un valle de 2.750 hectáreas rodeado de montañas, y recorrido un sendero (el Anthony Creek) hasta el refugio (Russell Field), donde pasó la primera noche. Poco después del amanecer, caminaron 4.600 metros hasta Spence Field, donde se reunieron con la familia de Carter Martin (hermano de William) y otros amigos. Era una celebración doble: el Día del Padre y el inicio de una nueva etapa para el pequeño Dennis.

Dennis era un niño tranquilo e introvertido, de complexión mediana, 1,20 metros de estatura y que pesaba unos 25 kilogramos. Tenía ojos marrones oscuros, pestañas largas y cabello castaño y rizado. Tenía un leve retraso madurativo y asistía a una escuela adaptada a sus necesidades. Era un niño que se desenvolvía con mucha soltura en la naturaleza y en las caminatas familiares solía tomar la delantera.

Fotografía en blanco y negro de Dennis Martin, un niño sentado con una camisa polo y pantalones cortos, mirando hacia la derecha con una sonrisa leve
El cartel de búsqueda distribuido por la familia Martin tras la desaparición de Dennis: ofrecía una recompensa de 5.000 dólares por información y describía al niño como de 1,20 metros, cabello castaño oscuro ondulado y ojos marrones con pestañas largas

Mientras los mayores descargaban las mochilas y armaban el campamento para una parada técnica de descanso, los niños se alejaron unos 40 metros para organizar la travesura para asustar a los adultos. Douglas y los demás avanzaron hacia el sur y el oeste. Dennis eligió el noroeste, en dirección a Tennessee. Su padre lo vio por última vez al acercarse a un árbol. Cinco minutos después, los otros niños salieron al sendero riéndose porque lograron asustarlos. Dennis no apareció.

William recorrió más de 1,5 kilómetros hacia el este y luego otros cuatro en al dirección contraria. Desesperado, gritando el nombre de su hijo mientras caminaba y corría. Nadie respondió. La zona en la que estaban era de pendientes pronunciadas, barrancos ciegos y una vegetación tan densa que puede ocultar a una persona a pocos metros de distancia. Y también había serpientes, osos negros, jabalíes y linces. Luego de las primeras horas de búsqueda sin dar con el chico, el abuelo, Clyde Martin, caminó 12 kilómetros hasta la oficina de guardaparques para dar la alerta del niño extraviado. El reloj marcaba unos minutos más de las 20 horas.

A las pocas horas, se largó una tormenta intensa, fuerte, que aumentó el drama para la familia: en pocas horas cayeron 7,6 centímetros de agua sobre la montaña. Los senderos se volvieron resbaladizos, los arroyos se desbordaron y la temperatura descendió hasta casi 10 °C. Cualquier huella de pisadas o rastro de olor que los perros de búsqueda pudieran haber seguido quedó borrado antes del amanecer. La ventana más valiosa de toda búsqueda —las primeras horas— se cerró bajo la tormenta. Todo se convirtió en desesperación, caos y una búsqueda contrarreloj.

Fotografía en blanco y negro de Dennis Martin, un niño sentado con una camisa polo y pantalones cortos, mirando hacia la derecha con una sonrisa leve
Dennis Martin, visto en esta imagen de archivo, desapareció en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes en 1969, un caso que sigue sin resolverse.

Miles de voluntarios y una búsqueda sin rastros

A las cinco de la madrugada del 15 de junio, el jefe de guardaparques Lee Sneddon puso en marcha un plan que contemplaba un campamento base en Spence Field, equipos distribuidos en cuadrillas y un helicóptero para sobrevolar la zona. Lo que comenzó como un operativo regional se convirtió en cuestión de días en la movilización más grande en la historia del Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos (NPS).

Al operativo se sumaron guardaparques, equipos de rescate de los condados de Sevier y Blount, voluntarios del Smoky Mountain Hiking Club, estudiantes forestales, bomberos, miembros de la Guardia Nacional de Tennessee y unidades de Georgia, Kentucky, Carolina del Norte y Carolina del Sur. El ejército desplegó a miembros de las Fuerzas Especiales desde su base en Fort Bragg. La Cruz Roja Americana instaló un servicio de alimentación sostenido íntegramente por donaciones. Cuatro helicópteros —dos Huey y dos CH-53— sobrevolaron la zona durante una semana. William Martin llegó a sobrevolar el área en un helicóptero de la Patrulla de Carreteras de Tennessee con un megáfono en mano, llamando a su hijo. En total participaron unas 1.400 personas que cubrieron 150 km² de terreno.

El operativo demandó unos 65.000 dólares, el Ejército y la Fuerza Aérea realizaron más de mil vuelos y los equipos de rescate recorrieron más de 112.000 kilómetros. Los equipos inspeccionaron excrementos de osos y jabalíes en busca de restos humanos y observaron el comportamiento de los buitres como parte de la estrategia de rastreo. Se encontraron unas huellas que conducían a un arroyo y desaparecían: una pertenecía a un pie descalzo y la otra a un zapato Oxford, el mismo tipo que llevaba Dennis.

El guardabosques retirado Dwight McCarter, que no estuvo en el lugar, pero que analizó el caso ya que ayudó a encontrar a una treintena de personas perdidas, dijo a un medio local que, probablemente, las huellas eran de Dennis: “No encontraron huellas de un grupo de niños. Encontraron huellas de un solo niño. Estaba solo, y ninguno de los Scouts que habían pasado por allí iba descalzo. Sería razonable que hubiera encontrado este sendero. Si estaba oscuro, esto parece un sendero. Si no tuvieras una linterna, no conocieras el terreno y tuvieras 6 años…”. También dijo el guardabosques retirado que creyó que quienes buscaban entonces “se rindieron demasiado pronto”.

También se encontraron un zapato y una media, pero no se pudo establecer su vínculo con el niño. No apareció ninguna prenda más, ningún objeto personal, ningún rastro biológico. La búsqueda oficial se extendió hasta el 14 de septiembre de 1969. Fue la más extensa en la historia del Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos y no produjo un solo resultado positivo.

Fotografía en blanco y negro de Dennis Martin, un niño sentado con una camisa polo y pantalones cortos, mirando hacia la derecha con una sonrisa leve
17 de junio de 1969: Spence Field, en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes, fotografiado tres días después de la desaparición de Dennis. La niebla y las lluvias persistentes fueron los principales obstáculos de la búsqueda (AP)

Tres teorías y un misterio que no cierra

La investigación del caso, que quedó bajo jurisdicción del FBI ya que ocurrió en un parque nacional, consideró tres hipótesis ante la ausencia total de evidencia física. La primera, y la más aceptada por las autoridades del parque, es que Dennis se desorientó durante la tormenta, cayó en algún barranco y murió de hipotermia durante la primera noche. La segunda apunta a un ataque de algún depredador del parque, en particular el oso negro americano. La tercera, defendida hasta sus últimos días por William Martin, es el secuestro.

Esta última hipótesis fue sostenida porque la tarde del 14 de junio, el turista Harold Key y su familia escucharon “un grito enorme y espeluznante” y vieron poco después a un hombre de aspecto desaliñado que subía corriendo por el sendero con algo colgado del hombro y que ese “algo” era rojo muy visible, lo que coincidía con el color de la remera que llevaba Dennis. El FBI y los guardaparques determinaron que no había pruebas suficientes para vincular esa versión con la desaparición, en parte porque ocurrió a unos ocho kilómetros del lugar donde el niño fue visto por última vez. Aun así, la agencia mantuvo la investigación abierta, rastreando pistas hasta principios de los años ochenta.

El 2 de marzo de 1981, el expediente fue cerrado con una anotación escueta: “No hay ninguna persona sobre la cual continuar la investigación”. William Martin falleció en octubre de 2014, a los 78 años, sin haber encontrado a su hijo y sin saber qué pasó con él. En su obituario, Dennis figuró como una persona aún con vida.

La tragedia dejó, al menos, una herencia operativa y demostró que la llegada masiva de voluntarios sin entrenamiento puede destruir rastros y entorpecer el trabajo especializado. Los cambios en los protocolos impulsados a partir de este caso contribuyeron a transformar la búsqueda en áreas silvestres: hoy, entre el 90% y el 95% de las personas extraviadas en parques naturales de Estados Unidos son localizadas dentro de las primeras doce horas.

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