
“El Inti es el sol y la KIlla es la luna. Cuando decimos el Chañi es padre montaña o tata Chañi y Wayra es viento. Que el tata Chañi nos acompañe, que la Pacha nos guíe, que el tata Inti sol nos caliente, que la mama Killa nos alumbre, que el Wayra nos empuje un poquito más para poder cumplir nuestros sueños y poder volver a casa con la mochila cargada de historias.”
Oración de Armando Chuichuy a la Pachamama, madre tierra, antes del comienzo del trekking arrodillado frente a un altar de piedras
Del 8 al 12 de julio de 2026 participé del programa de trekking que une Tilcara a Calilegua en la provincia de Jujuy de Argentina. Fueron 4 noches y cinco días de un programa que comenzó el día 8 en Tilcara por la noche y al día siguiente partimos para el recorrido desde Alfarcito a 3300 metros hacia Huarahuasi, llegando a altura máxima de 4250 metros para finalizar en refugio de montaña a 3800 metros luego de recorrer 20 kilómetros.
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Luego continuamos los días restantes en nuestro trekking de alta montaña para finalizar el día 12 en Calilegua luego de 70 kilómetros de recorrido. En total fueron 5 días y 4 noches en una propuesta de aventura y exploración.
¿Qué me motivó a hacerlo?
Quería tener una experiencia con la alta montaña de Argentina y conocer en profundidad el vínculo con la madre naturaleza y los pobladores de la zona. También lo percibí como una propuesta de exploración antropológica, metafísica y sociológica, pues fui parte de un grupo de 13 caminantes en el programa junto a los dos guías.
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También me movilizó la curiosidad por escenarios inéditos en mi vida pues es la primera vez que era parte de este tipo de actividad y a mis 74 años me resultaba atractivo intentar algo diferente que requirió casi 1 año de preparación de mi cuerpo y mente.
Mi programación fue a partir del 4 de julio que volé a Salta desde Rosario y pernocté en esa ciudad reuniéndome con compañeros filósofos Gustavo, salteño, y Fabián, que vino de Jujuy a participar del encuentro, y el domingo 5 partí a Tilcara.
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Viajé antes ya que quería estar el 5, 6 y 7 en Tilcara acostumbrándome a la altura y ver mi tolerancia a caminatas por la zona, que está a 2200 metros, antes de arrancar hacia los 4000 metros el día 9 de julio. Esta crónica relata lo ocurrido a partir del 4 de julio.

4 de julio. Día 1
A bordo del AA 1308 rumbo a Salta. Gustavo me irá a buscar al aeropuerto. Filósofo salteño que conocí en la Maestría de UCA. Por la noche se suma Fabián, también maestrando en Filosofía, que viene de Jujuy y tendremos encuentro de diálogo y nos conoceremos por primera vez personalmente.
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Tengo todo en mi equipo de mano. También el bastón de trekking y la mochila con la bolsa de dormir. Viajo solo y estoy atento a no olvidarme de nada. Siento bien mi cuerpo y mente.
Fue valioso nadar ayer y darme cuenta que el comportamiento de la frecuencia cardíaca en reposo y esfuerzo evidencia mi entrenamiento. Estoy preparado para caminar en la montaña.
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Seis meses atrás cambió la planificación que hace Fernando Arregui y me envió una rutina diferente de entrenamiento. Hoy tengo más fuerza en los cuádriceps y pateo con intensidad. Veremos cómo funciona a 4200 metros sobre el nivel del mar.
Llegué a Salta muy bien. Gustavo me esperaba en el aeropuerto y me llevó a dar vuelta por toda la ciudad. Viajé sin inconvenientes. Por la noche nos encontramos con Fabián, que es también filósofo y vino desde Jujuy. Se sumó Francisco, sacerdote colega de Gustavo, y cenamos con empanadas, sopa de gallina y excelente vino de Cachi.
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Encontrarme con dos compañeros de Maestría y dialogar filosóficamente con ellos en Salta fue muy agradable.
Mañana domingo parto para Tilcara a las 10.30 horas. Hace frío. 6 grados. Estoy abrigado y cuidado.

5 de julio. Día 2
Hoy arranqué temprano en Salta en un domingo frío y vacías sus calles. A las 10 ya estaba en la estación de ómnibus y media hora después subí al micro que, luego de 4 horas de viaje y múltiples paradas, me dejó en Tilcara.
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A medida que tomaba altura, sentía presión en mis oídos que cedían al tragar. Estaba muy atento a mi cuerpo. Al llegar a Tilcara los oídos no me molestaban más y decidí caminar para ver mi tolerancia, llevando la mochila grande, la maleta de mano, el bastón de trekking y la bolsa con la tablet. Fueron 100 metros hasta el hostal “La Colorada” y no me sentí agitado cuando subí los escalones de la entrada. Fue una buena señal y ya estoy a 2200 metros sobre el nivel del mar.
Me hospedé, ya eran las 15 horas, y fui a buscar dónde comer. Me sorprendió la oferta de “Hamburguesas de llama” en el menú, que decidí no probar y limitarme a ensaladas. Hay que cuidar también la flora intestinal.
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Por la tarde fui a “la casa de piedra” en la estación de colectivos a ver el segundo tiempo de Brasil vs Noruega. Una hora después de terminado, aparecieron vehículos descubiertos tocando bocina por toda Tilcara y agitando trapos rojos y banderas del mismo color.
Un turista a mi lado dijo: “son los noruegos qué están de festejo”. Me quedé sorprendido pensando en cuántos noruegos puede haber en Tilcara. Al pasar una señora nativa de este bello lugar todo quedó aclarado. Eran los juveniles de un equipo local de fútbol que hoy ganaron el torneo regional y celebraban. ¡Sus casacas también son rojas y no son noruegos, son Jujeños de Argentina!
Mañana voy a probar subir a 3000 metros y partiré hacia “La Garganta del Diablo”. Sigo explorando, observando y percibo cómo la naturaleza se me mete dentro. Vivencias muy intensas. Frío, viento, las montañas, los cactus, los colores, los hombres y las mujeres con los que me cruzo. Lo antropológico, lo social, lo espiritual y la inmensa alegría de estar vivo y poder experimentarlo. De darme cuenta. No dejarlo pasar.

6 de julio. Día 3
Ha sido intenso. Me levanté temprano, desayuné y salí hacia La Garganta del Diablo. Un camino ascendente en la cordillera de los Andes que me llevó a 2800 metros de altura, donde recorrí una profunda fractura de las montañas generada a partir de grietas tectónicas y pude caminar hasta llegar a una impactante cascada que es parte del río Huasamayo. Huasa en quechua es espalda y mayo o mayu es río. Es el río que corre a la espalda de Tilcara y nace a 4200 metros de altura. Me emociona Diego, personal hotel, que me acaba de decir que el día jueves vamos a subir a esa altura donde nacen los ríos de alta montaña.
Caminar casi tres horas desde los 2200 de Tilcara hasta los 2800 de la Garganta del Diablo me dio tranquilidad pues pude apreciar mi tolerancia a la altura y la logística del caminar.
Hacerlo despacio y mirando dónde pisar. Descansar cada tanto, beber agua no muy fría, protegerme del sol y no apurarme. Salió todo bien y finalmente a las 14 horas me senté y degusté una milanesa de llama. La información que dio la señora del servicio de almuerzo fue que en la zona el kilo de carne de vaca vale $30.000 y el de llama $20.000.
Ahora escribo en el hall del hotel y tengo delante mío el “Diccionario Arqueológico de Jujuy” donde dice que a Tilcara se la considera la capital Arqueológica de la Provincia y recibo información que Tilcara significa “gente de cuero duro” en quechua, lengua de los incas que llegaron a estas tierras en 1450, aproximadamente cincuenta años antes que llegaran los españoles.
Aprendí que la “muña muña”, “la rica rica” y la “pupusa” son hierbas andinas que se usan para el apunamiento y algunas de ellas con propiedades afrodisíacas. También que en la zona hubo muchas batallas contra los realistas y que el coronel Manuel Álvarez Prado fue mano derecha de Güemes en la guerra gaucha que se libró en su momento.

Impresiona la riqueza historiográfica, arqueológica, antropológica y geográfica de Tilcara y la zona de la Quebrada de Humahuaca. Es un espacio donde no solo mi tiempo lo dedico al cuerpo y a la actividad física. La cultura regional se evidencia a cada paso y así fluye mi vida en el que mi espíritu y mi mente se regocijan y la corporalidad acompaña.
Mañana iré al Pucará y seguiré explorando los orígenes de la cultura andina e indígena. Iré al mercado ya que quiero descubrir y aprender los diferentes tipos de alimentos regionales y en especial sus sopas y guisos.
7 de julio. Día 4
Hoy caminé al Pucará, que significa fortaleza, y aprecié la cultura de los incas, su forma de trabajar la tierra y relacionarse con la naturaleza. Las construcciones son de pequeño tamaño y me sorprendió el saber que en espacios domésticos enterraban a sus muertos conviviendo los vivos con ellos.
Al regresar hacia el centro pasé por una casa donde unos perros salieron a mi encuentro sin ladrar, por lo que seguí caminando al lado de ellos y avancé tranquilo hasta que sentí una mordida en mi pierna derecha que mi pantalón evitó que llegara a la piel. Esto motivó repeler el ataque con varias piedras cercanas y seguir mi camino un poco excitado.

Había euforia en el centro de Tilcara previo al comienzo del partido del campeonato mundial de fútbol entre Argentina y Egipto. Compartí almuerzo con compatriotas en un restaurante y al terminar el primer tiempo me retiré diciendo que yo era el “mufa” pues perdíamos. Me vine a lavar ropa al hostel y cuando terminó el partido con nuestro triunfo sonreía pensando en mi retirada.
Luego del partido descubrí, frente a la plaza principal, el Museo Nacional Terry que expone obras de José Antonio Terry, pintor que era sordo, en una hermosa y estética propiedad donde también aprecié una exquisita muestra de fotografía de Natalia Favre.
Ya recibo mensajes que están llegando los integrantes del grupo trekking Tilcara - Calilegua y mañana 8 nos reunimos todos acá para pasar juntos la primera noche. Está pronto a comenzar una nueva etapa del viaje.

8 de julio. Día 5
Ya comienza una nueva etapa. Me pasé a una pieza compartida con Leo que vino de Buenos Aires. Trabaja en el sector salud en el campo de las investigaciones clínicas médicas y la ética de la investigación. Comenzamos bien nuestro encuentro. Almorzamos y él descansó y yo me vine a escribir.
Llegó el guía Armando y su gente. También Celeste con su hijo, a quienes conocí en la mañana y vienen de Buenos Aires. Se va integrando al grupo de trekking. En total somos 13 a los que se suman los guías. Ahora a las 18 horas reunión de todos para recibir las instrucciones. Mañana tenemos que estar desayunando a las 6 de la mañana para luego partir.
Hasta acá va todo bien. Mezclo los paseos por Tilcara, con la lectura sobre el trabajo de Newton como filósofo de la ciencia y su método empírico y matemático. Un hombre extraordinario que tuvo una infancia dura que fue modelando su carácter. Es un lugar calmo y sereno para leer y escribir y reflexionar sobre el avance de las ciencias en la historia de la humanidad.
La visita al Museo Arqueológico de Tilcara en la fecha fue agradable y recibí información sobre la vida en esta zona desde 2000 años a.C. a la fecha. Muy educativa la presentación aunque me sorprendió más el Museo Nacional Terry. También fui al mercado de Tilcara que impacta por lo popular de los puestos de ventas y las diferentes propuestas de alimentos. Degusté una excelente sopa de sémola y verduras y pude apreciar cómo cocinar choclos, porotos, carne de llama y cordero, sopa de maní y otros productos que hacen a las costumbres de esta región andina.

Al caminar luego de almorzar percibo ligera fatiga que cede luego de descansar unos minutos. Hay que saber manejar el ritmo en estos lugares tan diferentes al llano. Mañana será otra la experiencia.
9 de julio. Día 6
A las 7 de la mañana en punto una camioneta nos transportó hasta Alfarcito a 3300 metros de altura. Habíamos ascendido 1100 metros pues Tilcara está a una altura de 2200 metros. Allí bajamos y también los bolsos muleros, que son grandes sacos impermeables de color rojo donde habíamos puesto todas nuestras pertenencias y equipaje para el viaje que incluía ropa de recambio.
Mi bolso era el número 20 y dentro de él coloqué una valija de mano, la bolsa de dormir, una mochila pequeña, un par de zapatillas y mis elementos de aseo personal. Las mulas acarreaban esos enormes bolsos y nosotros comenzamos a caminar en los Andes. Teníamos que subir hasta los 4200 metros ese día y llegar antes que anocheciera.
Al comenzar era todo una enorme alegría y emoción. Estaba tranquilo al percibir que a esa altura no tenía síntomas de hipoxia ni de “apunamiento”. Estaba bien y no me faltaba el aire. Tampoco cefaleas o náuseas y no había mascado coca para prevenir apunamiento. A medida que pasaban las horas y el ascenso se ponía exigente sentía cómo se aceleraba mi ritmo respiratorio.
Controlaba mi frecuencia cardíaca y los latidos no pasaban de 120 por minuto y al descansar bajaban a 85 y la saturación de oxígeno era del 96 %.

Estaba muy bien, sin embargo cuando paramos a almorzar la vianda que nos habían dado antes de partir, sentía el cansancio. Estábamos a 3900 metros y todavía faltaba un trayecto importante. Seguimos y cada ascenso de montaña me cansaba más. El último fue terrible por lo empinado y las piedras de color verdoso.
Media hora antes habíamos pasado el punto de máxima altura de 4250 metros y luego de este nos enfrentamos al exigente trekking final, previo a descender al refugio. Delante mío Euge me alentaba y Caro iba a mi lado. Desde lo alto del camino que comenzaba a descender, vimos el refugio en Yuto Pampa, llamado Kokena y sin apuro para llegar, paso a paso, fuimos arribando al sitio donde íbamos a dormir.
Abrazamos y besamos a los lugareños que salieron a recibirnos y nos esperaban con infusiones calientes y bollos caseros. El mate cocido era exquisito y el sitio bellísimo en su geografía y simple y rústico en la arquitectura. Salí y me paré al lado de la bandera Argentina y pedí me sacaran una foto. Era 9 de julio y estaba profundamente emocionado de abrazar a nuestra insignia patria en medio de la cordillera y con el frío viento que nos acariciaba con fuerza.

Por la noche cenamos comida casera y alfajor de postre. Me fui a dormir metiéndome dentro de la bolsa en la pieza que compartí con otros seis compañeros. Estaba agotado y solo quería quedarme quieto intentando procesar todo lo ocurrido ese día inolvidable.
10 de julio. Día 7
Salimos temprano. El destino era Molulo. Había que caminar 13 kilómetros y la altura máxima era de 3450 metros. Fue para mí el día más complicado dado que el día anterior caminé con zapatillas de trekking nuevas que en los descensos presionaban la punta de los dedos gordos de mis pies lo que produjo hematomas subungueales en las uñas de los dedos y leve hemorragia a su alrededor. Por lo cual en este día cambié a zapatillas más flexibles que uso habitualmente para entrenar cuando corro en el Rosedal del Parque Independencia de Rosario.
El problema que tuve fue que estas zapatillas no se adherían bien a las piedras y tierra floja del camino o pedregullo, lo cual me hizo resbalar y caer en cinco oportunidades. En una de ellas me agarré de una saliente de roca cortando la palma de mi mano derecha, que sangraba. Armando, el guía líder, rápidamente lavó mi herida y usó vendaje compresivo con la asistencia de Anita, que es médica pediatra y trabaja en Roma, y Caro que acompañaba.

Al ceder el sangrado con la compresión, reanudé la marcha con extremo cuidado para no volver a caer. Todos y cada uno de mis compañeros y compañeras de travesía, mis hermanos de la montaña, estaban atentos en cada bajada y me preguntaban cómo me sentía. Fernanda se puso a mi lado y en el último descenso, extenso y complejo, con pendientes verticales y curvas con pedregullo y tierra floja, vino Armando y me dijo: “Chachi vos seguí atrás mío hasta que lleguemos”.
Me protegió, cuidó y dirigió mis pasos con experiencia admirable. La relevó a Fernanda y así llegué sano y salvo al refugio en Molulo. Otro día agotador y esa noche no pude dormir bien. Apenas cuatro horas, pues el insomnio se apoderó de mí probablemente consecuencia de la altura.
11 de julio. Día 8
El objetivo era el refugio Doña Ramona en San Lucas. Salimos a las 8 de la mañana y caminamos 20 kilómetros. Los paisajes eran extraordinarios con muchas subidas y bajadas y por momentos las nubes nos envolvían o se desplegaban como colchón blanco flotando frente a nuestro sendero. Por momentos hacía mucho frío y en otros salía el sol al desplazar el viento las nubes.

Cruzamos ríos, volvimos a senderos de ascenso y finalmente llegamos a la yunga. La zona de selva de alta montaña. Ingresamos primero en la pre selva, donde cambia la flora y aparecen árboles que crecen por encima de 2000 metros. Cerca del final del día, subimos un cerro extremadamente elevado y selvático que me dejó agotado. Cuando lo bajamos para dirigirnos al refugio, tenía mucho dolor en mis pies y llegué extenuado y dolorido.
Al bañarme pude ver cómo sangraba alrededor de dos uñas de los dedos gordos de mis pies con hematomas subungueales. Pude darme un buen baño y luego organizar la bolsa de dormir y tirarme en la cama a descansar.
Luego me fui a escribir en el lugar asignado para la cena y llegaron Pilar, que vino desde Hurlingham, y Anita, que es médica pediatra y trabaja y vive en Roma y tiene familiares en Argentina y ambas han sido excelentes hermanas de la montaña. Ese día jugaba Argentina vs. Suiza y todo estaba preparado para ver el partido en una televisión con banderas argentinas en la pared. Se acercaron también Armando y Benito y nos fuimos acomodando para cenar previo al match.
Fue un día durísimo. Caminé muchísimo y también sentía dolor en mis cuádriceps. Aunque en este refugio me pude bañar, la bajada desde lo alto fue extremadamente dificultosa con muchas curvas y pendientes con piedras y tierra colorada floja. Me costó mucho evitar caerme y forzar en exceso mis pies, caderas y muslos. La sensación que tenía al final de este día era que el placer se me había ido y que el dolor predominaba. El agotamiento me puso de mal humor y pude aflojar cuando nos preparamos para cenar, tomar una cerveza fría y esperar entre todos el partido.
Estaba tan cansado que al finalizar el primer tiempo me fui a dormir y me enteré al día siguiente del resultado. No quería seguir despierto hasta tarde, pues la noche previa había dormido mal y al día siguiente nos tocaba la etapa final del trekking y quería hacerlo en buena forma. Felizmente descansé corrido desde las 23 horas hasta las 07 de la mañana del día siguiente y estaba plenamente recuperado. Listo para comenzar el último día de la travesía.
12 de julio. Día 9
Salimos del refugio a las 8 de la mañana y comenzó un descenso hacia la yunga más selvática. Era un descenso dificultoso pues había sectores con barro y pequeños cauces de agua que teníamos que rodear o saltar. Al entrar en la selva de montaña el sendero iba por zonas de selva y precipicios donde la espesura impedía ver el final. Requería mucha concentración y comenzó a hacer calor. Sentía la sequedad en mi garganta y la necesidad de sacarme la campera y quedar con ropa más liviana. Los pies dolían un poco aunque era tolerable. Cada 45 minutos de marcha, paramos para hidratarnos y descansar.

Armando me ofreció la posibilidad de seguir en una mula, la cual agradecí y no acepté. Quería hacer todo el recorrido en pie. Pilar me preguntó si era orgulloso y le respondí que no. Que me sentía en condiciones para terminarlo como había comenzado. La mamá de Pilar, Carol, al cuarto día continuó en mula pues estaba muy cansada para seguir andando. Cada tanto pasaba entre nosotros montada en una mula y nos saludaba como si fuera una reina. Me daba esa impresión por la manera delicada que movía sus manos en el saludo.
También en la selva volvieron a aparecer ascensos muy dificultosos que agotaban y al final nuevas bajadas que me pusieron a prueba. Finalmente en la última subida sentimos el ruido de los motores. Eran los transportes que venían a buscarnos. Habíamos llegado a la zona de San Francisco y de pronto salimos de la yunga y aparecimos en una ruta provincial donde camionetas estaban esperando por nosotros.

Nos llevaron a almorzar al aire libre en un recodo de la ruta y luego nos transportaron hacia Jujuy, recorriendo 150 kilómetros desde el lugar donde llegamos. Yo viajé con Pilar, Carol y Leo. A las 20 horas estaba en San Salvador de Jujuy. Mi amigo Fabián, compañero de la Maestría en Filosofía de UCA, me estaba esperando y me hospedó en su casa de fin de semana en Los Alisios. Esa noche cené frugalmente y, luego de despedirme de Fabián, quedé completamente agotado.
Había terminado el trekking Tilcara Calilegua. Mi objetivo estaba cumplido. A mis 74 años lo pude hacer junto a los guías Armando y Benito y mis hermanos y hermanas de la montaña Carol, Pilar, Leo, Facundo, Lucho, Eugenia, Caro, Ana Laura, Celeste, Anita, Fernanda y Lucia. Fue una experiencia intensa y exigente en la que el ser y la naturaleza compartieron espacio y tiempo.

La ceremonia de ingreso a la montaña, el primer día, donde seguimos y repetimos la oración de Armando pidiendo permiso a la Pachamama para adentrarnos en su territorio e ingresar en sus entrañas, fue un momento metafísico donde nos anudamos con ella en un sentimiento vital y respetuoso, pues íbamos a pasar días de nuestra vida en la profundidad de sus entrañas.
Ya en Jujuy me quedaba el domingo por la noche y el día lunes en casa de Fabián para regresar a casa el martes bajando primero desde Jujuy a Salta y luego el avión a Rosario.
Así fue la experiencia. Una nueva y diferente a otras. Una parte de mi vida se quedó en los Andes jujeños durante esos días en que la naturaleza nos abrazó y nos puso a prueba. Y nosotros, humanos frágiles, sensibles y dependientes unos de otros nos demostramos hasta dónde el ser de cada uno se integraba al de los demás y al entorno que nos sorprendía en cada recodo del camino.

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