
En los vibrantes años 80′ de Los Ángeles, la promesa de una carrera como modelo podía cambiar el destino de una joven en un instante. William Richard Bradford, carismático y elegante, se presentaba como un fotógrafo profesional capaz de abrir puertas a mujeres que soñaban con las luces y el glamour. Sin embargo, detrás de esa fachada se ocultaba la mente de un asesino.
En 1984, Bradford citó a Shari Miller y Tracey Campbell en un remoto campamento al norte de la ciudad, donde, en lugar de cumplir sus promesas, las asesinó tras realizarles supuestas sesiones fotográficas. Las consecuencias de su engaño estremecieron a la ciudad y revelaron un caso marcado por el horror y la manipulación.
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La policía localizó los cuerpos de las dos víctimas en distintas zonas de Los Ángeles. En ambos casos, Bradford realizó sesiones de fotos antes de cometer los asesinatos. El criminal utilizó recursos similares y seleccionó los lugares para dificultar la identificación de las jóvenes. Su modo de operar y la relación con sus víctimas delinearon el perfil de uno de los asesinos seriales más enigmáticos de su época.

La investigación policial avanzó al reconocer que Bradford era la última persona que vio con vida a Campbell. Esto permitió obtener una orden de registro y acceder a su departamento, donde hallaron más de cincuenta fotografías de mujeres en poses de modelaje, muchas nunca identificadas hasta hoy.
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La colección de fotografías y el alcance de los crímenes
De acuerdo con Crime+Investigation, el hallazgo de las imágenes amplió la dimensión del caso. En julio de 2006, las autoridades de Los Ángeles difundieron 47 retratos extraídos de los archivos de Bradford, solicitando colaboración pública para intentar reconocer a las mujeres. Entre esas imágenes se encontraba Nika LaRue, hermana de la actriz Eva LaRue. El reconocimiento sorprendió a la familia cuando un amigo alertó sobre la difusión del retrato en las noticias.
Según la misma fuente, el juicio de Bradford tuvo lugar en 1988. Durante el proceso, el acusado optó por representarse a sí mismo y no presentó pruebas a su favor. El tribunal lo declaró culpable de ambos homicidios y lo condenó a muerte. Al conocer la sentencia, Bradford pronunció una frase inquietante ante el jurado: “Piensen en cuántas ni siquiera conocen”.
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El 10 de marzo de 2008, Bradford falleció por causas naturales en una cárcel de Vacaville, California. La muerte del asesino no puso fin a la investigación. La lista de fotografías siguió siendo motivo de indagación, ya que muchas mujeres retratadas nunca fueron ubicadas ni identificadas. Los investigadores sostienen que la colección constituye evidencia de más víctimas y de sobrevivientes que no lograron contactar a las autoridades.
Uno de los rostros reconocidos en el cartel policial se correspondía con Donnalee Campbell Duhamel, quien apareció decapitada en 1978 en un cañón de Malibu. De acuerdo con la reconstrucción realizada por la policía, Bradford conoció a Duhamel poco antes de su desaparición, lo que sumó otro caso a la lista de crímenes atribuidos al falso fotógrafo.
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Las pruebas que las autoridades obtuvieron en el apartamento, entre ellas las imágenes tomadas en el desierto y objetos personales de las víctimas, permitieron consolidar la acusación. El patrón de conducta de Bradford evidenció manipulación, capacidad de persuasión y total ausencia de remordimiento. El caso desencadenó un esfuerzo coordinado para revelar la verdadera magnitud de sus crímenes.

El catálogo fotográfico de Bradford simbolizó durante décadas la incertidumbre y el dolor de las familias de posibles víctimas. Las imágenes capturadas no solo documentaron los encuentros, sino que también mantuvieron abiertas decenas de investigaciones policiales. Muchas familias continúan esperando respuestas sobre el destino de sus seres queridos y sobre el vínculo que pudieron tener con el condenado.
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Investigadores y expertos advirtieron que el impacto cultural y social del caso Bradford trasciende la resolución judicial. En la actualidad, sigue siendo un ícono de los peligros de la manipulación, el abuso de confianza y el uso de la imagen pública como instrumento de captación. El archivo visual del asesino representa aún hoy uno de los testimonios más inquietantes en la historia criminal de Estados Unidos.
El caso sigue abierto en ciertos aspectos: algunas mujeres retratadas en las fotografías de Bradford permanecen sin identificar. Las autoridades de Los Ángeles aún exhortan a la población a revisar la compilación de imágenes publicada en 2006, con la esperanza de dar con nuevos datos que permitan esclarecer los hechos.
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