Condenado por amar a un hombre y perdonado un siglo después: la caída y resurrección histórica de Oscar Wilde

El 19 de mayo de 1897, tras cumplir dos años de trabajos forzados por cargos de “indecencia grave”, el escritor recuperó la libertad. Tras su salida, cruzó inmediatamente a Francia, donde vivió en el exilio hasta su muerte en 1900

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Oscar Wilde
El retrato de Oscar Wilde, pintado por Marlene Dumas, se exhibe en una celda de la antigua prisión de Reading, donde el escritor estuvo encarcelado y compuso "La balada de la cárcel de Reading"

Cuando Oscar Wilde cruzó las puertas de la prisión, el mundo apenas reconoció al hombre que alguna vez había dominado Londres. El dandi elegante, irónico y deslumbrante que llenaba teatros y fascinaba a la aristocracia victoriana se había esfumado. En su lugar asomaba una figura quebrada: de la hermosa melena quedaron cabellos maltratados y encanecidos, espalda encorvada y un rostro consumido por la crueldad del encierro y todo lo que presenció.

Atrás quedaban dos años de trabajos forzados por el delito de “indecencia grave”, el eufemismo con el que su época castigaba la homosexualidad. Con solo 42 años, Wilde parecía cargar con el peso de un anciano; la cárcel no solo había minado su salud, sino que había desmantelado todo su prestigio, dispersado a su familia y proscrito su apellido.

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Aquel 19 de mayo de 1897, Wilde escribió el prólogo de su tragedia final: el exilio, la indigencia y una agonía que lo apagaría apenas tres años después. Sin embargo, ese día también marcó el nacimiento del mito. El supuesto criminal iniciaba su transformación histórica para convertirse en el símbolo de resistencia frente a una sociedad que criminalizaba el amor y a quienes lo vivían con absoluta libertad.

Un hombre con abrigo oscuro y esposas es escoltado por dos oficiales de uniforme azul en un tribunal, con una multitud en el fondo
Interpretación virtual del momento en que Wilde es condenado en el juicio que inició y terminó en su contra (captura/ @corazones-prohibidos)

El ascenso del escritor más brillante de Londres

El 16 de octubre de 1854, Dublín vio nacer a Oscar Wilde en el seno de una familia ilustrada y acomodada en la sociedad. Desde muy pequeño demostró una inteligencia brillante, casi prodigiosa, y una personalidad muy atractiva que anunciaban un futuro extraordinario en el mundo de la literatura. Su paso por la universidad, primero en el Trinity College y luego en Oxford, sirvió para darle los toques finales a su mente. Allí desarrolló ese estilo elegante, ingenioso y rebelde que lo acompañaría durante el resto de su vida.

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Ya para la década de 1880, Wilde era un personaje muy famoso en el mundo cultural de Londres. Escribía cuentos, ensayos y poemas donde siempre destacaba su gran sentido del humor y su ironía. Pero su creación más famosa era él mismo: un caballero elegante que conquistaba a todos con sus frases inteligentes y su forma de vestir extravagante, haciendo cada una de sus apariciones públicas un verdadero espectáculo.

El 29 de mayo de 1884, a los 29 años, se casó con Constance Lloyd, una mujer muy educada con la que tuvo a sus dos hijos: Cyril y Vyvyan. Durante algún tiempo llevó una vida familiar tranquila que cumplía con las estrictas normas de la sociedad londinense. Aunque detrás de esa fachada, Wilde comenzó a tener relaciones amorosas ocultas (y prohibidas) con otros hombres, en una época en la que la ley británica castigaba la homosexualidad como un delito muy grave.

oscar wilde
Una de las imágenes más icónicas de Wilde

El verdadero éxito llegó a principios de 1890, cuando su talento para escribir alcanzó su punto más alto: publicó su novela El retrato de Dorian Gray. Casi al mismo tiempo, conquistó los teatros de la ciudad con comedias muy divertidas como El abanico de Lady Windermere, que se burlaban de las costumbres de los ricos.

Para 1895, con el estreno de su obra más importante, La importancia de llamarse Ernesto, Wilde se convirtió en el autor más exitoso de Londres. Las salas de teatro siempre estaban llenas y la misma alta sociedad que más tarde le daría la espalda repetía sus frases como si fueran verdades absolutas: “La verdad es raramente pura y nunca simple” y “La esencia misma del romance es la incertidumbre“, repetían. El escritor estaba en la cima del éxito y parecía intocable.

Pese a esa exposición brillante y tan admirada, mientras más famoso se hacía y más respeto lograba, más peligro corría su vida privada. Sus secretos —como el de la doble vida que llevaba— comenzaron a comentarse en los rincones de la ciudad y el escándalo era algo inminente. Entonces, la sociedad británica, que solía ser muy hipócrita, disfrutaba mucho con los chistes y el talento del escritor, pero estaba a punto de demostrar que jamás le perdonaría al hombre real su forma de vivir.

oscar wilde - bosie

La relación con Bosie y el comienzo del escándalo

En 1891, la vida de Oscar Wilde cambió para siempre cuando conoció a Lord Alfred Douglas, un joven noble al que sus amigos llamaban Bosie. Douglas tenía 21 años, era muy atractivo y tenía una personalidad que fascinaba a todos. Oscar jamás imaginó, claro, que ese sería también el inicio de su propia caída.

El escritor se enamoró profundamente del joven. Le escribía cartas llenas de amor y poesía, y gastaba grandes sumas de dinero para mantener el costoso estilo de vida de su amante. Al poco tiempo, la relación dejó de ser un secreto; los rumores empezaron a correr por los salones de té y los clubes de Londres. Ya era casi imposible ocultar lo que pasaba entre ellos.

El peor enemigo de la pareja fue el padre de Bosie: John Sholto Douglas, el marqués de Queensberry. El hombre era muy violento y estaba obsesionado con alejar a su hijo del escritor. Para lograrlo, comenzó una campaña pública para destruir la reputación de Wilde, persiguiéndolo en los teatros, insultándolo y amenazándolo constantemente con arruinar su carrera.

oscar wilde - bosie
"Para Oscar Wilde, posando como somdomita", dice la tarjeta que el marqués de Queensberry dejó a Oscar Wilde en 1895. Lo acusa de “posing somdomite”, con un error ortográfico incluido, desencadenando el escándalo y el posterior juicio contra el escritor

El momento más crítico del hostigamiento sucedió en febrero de 1895, cuando el marqués decidió dar un paso más allá de los límites. Fue al club que Wilde frecuentaba y le dejó una tarjeta de visita con una nota escrita a mano. “Para Oscar Wilde, posando como sodomita”, lo acusaba directamente. El “posar como sodomita” era una palabra que se usaba entonces para señalar la homosexualidad, considerada un delito grave en el Reino Unido.

Lleno de orgullo por su éxito, cegado por el amor a Bosie y animado por el odio que el propio joven le tenía a su padre, Wilde cometió un error fatal: demandó al marqués ante la justicia por difamación. Sus amigos más cercanos le suplicaron que no lo hiciera y que huyera a Francia; sabían que en el juicio se revelarían sus secretos más íntimos y que nada de lo que allí se dijera podría favorecerlo. Pero, enojado y lleno de bronca, no los escuchó.

El juicio comenzó el 3 de abril de 1895. El astuto abogado del marqués usó las propias cartas de amor de Wilde y llevó a declarar a varios jóvenes que revelaron la vida privada del escritor. Lo que había empezado como una denuncia de Wilde para defender su honor terminó convirtiéndose en una investigación pública en su contra y que destruyó su carrera literaria.

Wilde en prisión
Ilustraciones del juicio publicadas en el Western Mail el 6 de abril de 1895 que muestra la primera audiencia: a la derecha, el marqués de Queensberry en el banquillo de los acusados; al frente, Oscar Wilde, ajeno aún al desenlace que lo esperaba

La condena que destruyó su vida

El 5 de abril de 1895, la denuncia de Wilde fracasó por completo y tuvo que retirarla. Durante las audiencias, los abogados del marqués presentaron cartas de amor, testimonios de jóvenes y relatos sobre encuentros privados que dejaron al escritor acorralado.

El defensor del marqués logró convertir el juicio en una exposición pública de la intimidad del autor para demostrar que las acusaciones en su contra eran reales. Al perder la protección de la ley y aceptar sin querer que el marqués decía la verdad, las autoridades ordenaron su arresto pocas horas después en un hotel de Londres. Los medios publicaron cada detalle con mucha crueldad, y el escritor pasó de ser un hombre admirado a convertirse en el blanco del desprecio público.

El segundo juicio comenzó el 26 de abril, pero esta vez las cosas eran muy diferentes: Wilde ahora era el acusado. La justicia lo culpó del delito de “indecencia grave” por sus relaciones con otros hombres. En aquella época, la sociedad británica era extremadamente conservadora y castigaba duramente cualquier vínculo amoroso entre personas del mismo sexo.

Durante las sesiones del juicio, los fiscales leyeron las cartas de amor de Wilde en voz alta para burlarse de él ante el público. El escritor intentó defenderse con discursos brillantes sobre el arte y el amor, pero la sociedad ya lo había condenado de antemano. El gobierno británico quería que el caso sirviera de lección para todo el país.

Un hombre con abrigo oscuro y esposas es escoltado por dos oficiales de uniforme azul en un tribunal, con una multitud en el fondo
Reconstrucción virtual del juicio contra Oscar Wilde (captura/ @corazones-prohibidos)

La sentencia definitiva llegó el 25 de mayo de 1895. El jurado lo declaró culpable y el juez le impuso la pena más dura que permitía la ley: dos años de trabajos forzados. El escritor quedó completamente destrozado. Al salir del tribunal, una multitud de personas lo esperó en la calle para insultarlo y escupirlo mientras los guardias se lo llevaban.

Wilde fue trasladado por varias prisiones hasta llegar a la cárcel de Reading, en el condado de Berkshire, a unos 60 kilómetros al oeste de Londres. Allí vivió un auténtico infierno: sufrió hambre, frío, enfermedades y un aislamiento total. Los guardias le prohibieron escribir y lo obligaron a realizar trabajos físicos agotadores que arruinaron su salud. En ese calabozo, el autor perdió su bienestar y también gran parte de su identidad.

En medio de ese dolor tan profundo, Wilde logró que le dieran papel y tinta en los últimos meses de su encierro. Así escribió De Profundis, una larguísima carta dirigida a su amante Bosie, quien jamás salió en su defensa ni lo visitó. “A pesar de tu conducta hacia mí, siempre he sentido que en el fondo me amabas”, expresó en el escrito en el que mezcló el amor, la tristeza y los reproches por todo lo sucedido, creando una de las obras más conmovedoras y sinceras de la literatura mundial.

“No puedo permitirte vivir con el peso que cargas en el corazón por haber arruinado a un hombre como yo. Este pensamiento puede llenarte de una indiferencia inhumana o de una mórbida tristeza, debo descargarte de ese peso y llevarlo sobre mis hombros”, le manifestó su perdón.

Un hombre con abrigo oscuro y esposas es escoltado por dos oficiales de uniforme azul en un tribunal, con una multitud en el fondo
Ilustración de la llegada de Oscar Wilde al tribunal de Bow Street en 1895, abucheado por la multitud y acompañado por Alfred Taylor en el banquillo de los acusados, durante el proceso que marcó el inicio de su caída pública

La liberación, el exilio y los últimos años

Al salir de prisión, el 19 de mayo de 1897, Oscar Wilde descubrió que ya no tenía un lugar en Inglaterra. El daño del que fue víctima fue fulminante: su esposa había cambiado su apellido y el de sus hijos para protegerlos de la vergüenza y casi todos sus antiguos amigos le habían dado la espalda. Convertido en un extraño en su propio país, también cambió de identidad para poder empezar de nuevo.

Con el nombre de Sebastian Melmoth, se refugió en un pequeño pueblo de Francia con la esperanza de rehacer su vida lejos de Londres. Pero no pudo, el dinero se le acabó muy rápido; las editoriales no querían publicar sus libros y los teatros cancelaban sus obras por miedo al escándalo.

Wilde pasó sus días viviendo en hoteles muy baratos, sobreviviendo gracias a la ayuda económica que le enviaban los poquísimos amigos fieles que le quedaban. Entre ellos estaba Robert Ross, un examante incondicional y posterior albacea literario; Reginald Turner, un escritor de su círculo íntimo que viajaba constantemente a París para visitarlo y costear sus gastos médicos; Frank Harris, editor británico que siempre defendió su inocencia, que le enviaba dinero y lo alojó gratis en la Costa Azul; y Ada Leverson, la novelista a quien él llamaba cariñosamente “Sphinx”, la misma que lo había refugiado en su propia casa durante los peores días de los juicios.

oscar wilde - bosie
El genio que murió en la indigencia

Es esa triste época dejó su último gran éxito en 1898: La balada de la cárcel de Reading. El poema se inspiró en el sufrimiento que vivió en prisión y en la ejecución de un compañero de celda. El libro se publicó en secreto, usando solo el número de su celda como firma (C.3.3.). La obra conmovió al público por su fuerza y mostró a un Wilde mucho más maduro, triste y golpeado por la vida.

Sus últimos años estuvieron marcados por la pobreza extrema, el alcoholismo y una salud cada vez más débil. Aunque volvió a encontrarse por poco tiempo con su amante Bosie Douglas, las peleas y los reproches hicieron que se separaran muy pronto. Wilde caminaba por las calles de París como un hombre solitario al que el mundo prefería olvidar. Murió el 30 de noviembre de 1900, en una precaria habitación de un hotel de París, a los 46 años.

Lo que en su tiempo fue juzgado como un delito, la historia lo entendió más tarde como una de las persecuciones más injustas y crueles de la época victoriana. El reconocimiento final llegó en 2017, cuando el gobierno británico le otorgó el perdón oficial a Wilde y a miles de hombres que habían sido condenados por las mismas leyes del pasado.

Wilde en prisión
Tapa de "La balada de la cárcel de Reading", que se publicó por primera vez el 13 de febrero de 1898, con el seudónimo C.3.3 (código de su ubicación en la cárcel); y la celda que ocupó en la prisión de Reading

El canto del dolor

La balada de la cárcel de Reading estuvo inspirada en la ejecución de Charles Thomas Wooldridge, un joven soldado condenado a muerte por asesinar a su esposa. En lugar de juzgar el crimen, Wilde utilizó esta historia para denunciar la crueldad de las cárceles y mostrar el sufrimiento y la desolación que compartían todos los prisioneros tras las rejas.

El poema describe con gran sensibilidad al joven soldado en sus últimos días, caminando por el patio de la prisión mientras espera el momento de su muerte. Y Wilde recuerda cómo el dolor de ver a este hombre cambió por completo su propia perspectiva: "No llevaba su abrigo escarlata, sangre y vino lo manchaban, y en sus manos encontraron a la pobre muerta que amaba. Caminó entre los hombres del juicio con su traje de gris gastado, pero nunca vi a un hombre mirar el día con tan nostálgico desamparo".

Escuchar que aquel prisionero iba a morir en la horca causó un impacto devastador en el escritor. En ese instante, los muros de la prisión parecieron tambalearse y Wilde sintió que su propio sufrimiento quedaba en el olvido ante la inmensidad de la tragedia ajena: "¡Cristo! Las paredes de la prisión parecían tambalearse, y el cielo sobre mi cabeza se volvió como acero ardiente. Aunque era un alma herida, mi propio dolor ya no sentía. Solo supe qué pensamiento perseguido apresuraba su paso, y por qué miraba el día brillante con tan melancólica esperanza: aquél hombre había matado lo que amaba y por eso debía morir".

La parte más famosa de la balada es una profunda reflexión sobre la condición humana. Wilde plantea que, de una u otra manera, todos los seres humanos terminamos dañando aquello que más queremos, ya sea a través del desprecio, de las palabras amargas o de la indiferencia. La única diferencia con el soldado es que la ley solo castiga físicamente a unos pocos: "Algunos matan su amor siendo jóvenes, otros cuando son viejos; unos con manos de lujuria, otros con manos doradas; los más amables usan un cuchillo, pues así, el frío llega pronto. Cada hombre mata lo que ama, escúchenlo todos; unos con una mirada amarga, otros con palabra halagadora. El cobarde lo hace con un beso, el valiente con la espada", escribió.

La balada de la cárcel de Reading se publicó inicialmente el 13 de febrero de 1898 firmada bajo el seudónimo C.3.3., el código de Wilde en prisión y que significa el bloque, piso y celda donde estuvo recluido. Su nombre real apareció en la séptima edición de junio de 1899.

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