
El kétchup es un condimento omnipresente en las casas, pero su origen y evolución sorprenden: alguna vez fue recetado como remedio para la diarrea y otras dolencias. La historia de este producto, documentada por Popular Science, abarca más de 2.000 años y atraviesa culturas, ilustrando la transformación de una antigua salsa fermentada en China hasta su consolidación como símbolo de la gastronomía.
En ese trayecto, comerciantes, médicos, empresarios y consumidores han desempeñado un papel fundamental, demostrando que incluso los productos más cotidianos pueden poseer un pasado inesperado.
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El surgimiento del kétchup se remonta al año 300 a.C., cuando marineros en China preparaban una salsa fermentada de pescado llamada “ke-tchup”, original por su ausencia de tomate. Con el tiempo, comerciantes europeos introdujeron esta salsa en Europa en el siglo XVII, donde experimentó múltiples modificaciones.
Entre los documentos más antiguos destaca “Ketchup in Paste, From Bencoulin in the East Indies” de 1732, ligada a la actual Indonesia. Popular Science detalla que la salsa evolucionó en Europa mediante la incorporación de setas, nueces y flores de saúco. Una receta inglesa de 1787 incluía anchoas, chalotas, rábano picante y nuez moscada, pero todavía no integraba tomate.
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El tomate y el “rebranding” del kétchup

El tomate ingresó en la receta del kétchup a partir del siglo XVIII. Aunque la fruta llegó a Europa y América en el siglo XVI procedente de Sudamérica, inicialmente fue temida por la toxicidad de sus hojas. El historiador Andrew F. Smith, citado por Popular Science, señala que, en el siglo XVIII, la reputación del tomate cambió por la promoción de médicos ingleses y estadounidenses que alababan sus supuestas virtudes medicinales. Esta transformación en la percepción pública permitió que el tomate, conocido como “love apple” por su fama afrodisíaca, ganara aceptación como alimento y condimento.
El médico inglés John Gerard sugirió ya en el siglo XVI que los tomates cocidos podían ser seguros para el consumo. Hacia 1750, médicos británicos recetaban tomates para tratar problemas digestivos y hepáticos, una costumbre que llegó a América.
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Thomas Jefferson atribuyó al doctor John de Sequeyra la introducción del tomate en Virginia y difundió su creencia de que “una persona que comiera suficiente cantidad de estos frutos nunca moriría”.
La fe en las propiedades medicinales del tomate se extendió rápidamente en Estados Unidos. Los médicos recetaban tomates contra la indigestión y la diarrea y participaron en la creación de las primeras recetas de kétchup con tomate registradas en el país. En 1812, James Mease, científico y horticultor de Filadelfia, incluyó tomates, brandy, macis, pimienta de Jamaica y sal en una fórmula pionera.
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El kétchup: auge medicinal y salto industrial
Uno de los principales promotores de los beneficios medicinales del tomate fue el médico John Cook Bennett, quien lo recomendó para la diarrea y la indigestión, sugiriendo su consumo en todas las formas. Bennett participó en la fundación de la Sociedad Médica de Illinois y persistió en la defensa del tomate como remedio, incluso tras su excomunión en 1842.
En 1835, el doctor A.J. Holcombe lanzó las primeras “píldoras de tomate” en Alabama. Pronto, vendedores como Archibald Miles en Cleveland y el doctor Guy R. Phelps se sumaron, ofreciendo cápsulas anunciadas como extracto puro de tomate y prometiendo curar todo tipo de males.
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Algunas de estas píldoras, sin embargo, ni siquiera contenían tomate. El escepticismo médico creció, y hacia 1865, la creencia en las propiedades curativas del tomate comenzó a desaparecer, coincidiendo con el surgimiento de avances en el embotellado comercial que impulsaron la expansión del kétchup.
El siguiente gran hito fue la industrialización. La llegada de frascos de vidrio moldeado y económico a finales del siglo XIX permitió distribuir el kétchup a gran escala. En 1869, Henry John Heinz fundó la H.J. Heinz Company y, en 1876, sumó el “catsup” a su línea de productos.
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Heinz promocionó el kétchup como confiable y saludable, acentuando la transparencia de sus ingredientes con botellas de vidrio claras. A finales del siglo XIX, la empresa adoptó la palabra “tomato” y patentó una botella octogonal, consolidando la identidad moderna del producto.
El kétchup y cultura estadounidense
La incorporación definitiva del kétchup en la cultura de Estados Unidos tiene tanto que ver con el sabor como con la legislación. Según Maryann Tebben, entrevistada por Popular Science, la Ley de Alimentos Puros y Medicamentos de 1906 impulsó la confianza en los productos industriales.
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Las campañas publicitarias de las empresas reforzaron la seguridad y fiabilidad del kétchup, cuyo consumo aumentó de manera notable en el siglo XX con la popularidad de la comida rápida. En los años 80, las botellas plásticas reforzaron su presencia en prácticamente todos los hogares.
Hoy, los hogares estadounidenses siguen consumiendo más kétchup de tomate por volumen que cualquier otro condimento. Su permanencia se explica por la fiabilidad de un producto en el que convergieron la medicina y la industria alimentaria para convertirlo en un imprescindible de la mesa estadounidense.
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