
El 11 de mayo de 1985, el partido entre Bradford City y Lincoln City en Valley Parade debía terminar con la entrega del trofeo de la Third Division del fútbol inglés. Pero no fue así.
Terminó con 56 muertos, más de 260 heridos producto del incendio de la tribuna principal que tuvo lugar en tan solo cuatro minutos y medio.
PUBLICIDAD
Pánico por el fuego
Ese sábado, 11.000 personas llenaron el estadio, con las entradas agotadas días antes y una expectativa generalizada entre hinchas y jugadores por tratarse del último partido de la temporada y por la celebración del ascenso del equipo local. Varios futbolistas recordaron que incluso sus ex parejas les habían solicitado entradas para no perderse lo que pintaba como una jornada que iba a quedar en la historia. Todo indicaba que sería un acontecimiento multitudinario. Una verdadera fiesta. Porque era el primer título que iba a lograr el Bradford en esa liga desde 1929.
Cerca de los 40 minutos del primer tiempo, el comentarista de la cadena regional Yorkshire Television, John Helm, detectó algo detrás del jugador Stuart McCall, que estaba por efectuar un lateral. Cuatro décadas después rememoró el instante: “Siete u ocho filas más atrás, había un pequeño resplandor de fuego”. Lo siguiente que presenció lo marcaría para siempre: “Cuatro minutos y medio después, la tribuna entera había desaparecido. Así de feroz fue aquel fuego”.
PUBLICIDAD

La hincha Linda Norton, por entonces de 24 años y embarazada de cuatro meses, se encontraba en la tribuna junto a su marido Bob. Primero pensó que se trataba de una bengala; luego, al ver las llamas, ambos descendieron al campo sorprendidos por la rapidez del fuego. Desde el césped, observaron cómo todo se propagaba y supusieron que todos habían logrado salir. Recién en su casa, mientras veían la televisión, dimensionaron el alcance real de la tragedia. “No lo podíamos creer”, dijo Norton años más tarde.
En apenas cuatro minutos y medio, el fuego consumió la tribuna principal. La posterior investigación determinó que una colilla o un fósforo mal apagado cayó sobre basura acumulada durante años bajo los tablones de madera, nunca reemplazados desde 1908. La combinación de desechos inflamables, estructura antigua y el viento de aquel día creó un foco imparable que ni siquiera la llegada de los bomberos en menos de cinco minutos pudo contener.
PUBLICIDAD
Los que saltaron al campo de juego sobrevivieron. Los que intentaron escapar por las puertas del estadio no lo lograron. Las salidas estaban cerradas con candados para evitar el ingreso de espectadores sin tickets desde el exterior.

La salida, una trampa mortal
Esa situación resultó fatal para decenas de personas que eligieron ese recorrido y quedaron atrapadas. Entre ellas estaba Sam Firth, de 86 años, presidente honorario y decano de los hinchas del club local. Firth había ocupado su sitio habitual convencido de que podía ser su última fiesta en el estadio. Su edad y la falta de reflejos impidieron que pudiera escapar al campo: murió allí mismo.
PUBLICIDAD
En la zona tampoco había extintores disponibles. El informe del juez Oliver Popplewell determinó que los dispositivos habían sido retirados por temor a que fueran utilizados por hooligans como armas. Cuando empezó el humo, varios policías buscaron los extintores y no los hallaron. Ese primer minuto, con el incendio aún pequeño, podría haber sido decisivo.
El capitán del equipo, Peter Jackson, fue directo: “Debajo de la tribuna había una bomba de tiempo esperando estallar. Había agujeros en la estructura y la gente simplemente metía basura por ahí”.
PUBLICIDAD
No todos se sorprendieron por el desastre. Los ingenieros municipales habían advertido el grave riesgo de incendio en la tribuna. Un informe previo detallaba que “una simple llama podía provocar una tragedia”. Tanto el Ayuntamiento como el club ya habían aprobado la reforma de la grada semanas antes.

El incendio fue determinante: el encuentro ante Lincoln City era el último que se jugaría en Valley Parade con esa estructura del estadio. Al lunes siguiente comenzaban los trabajos para reemplazar los asientos de madera por estructuras de hormigón. A menos de 100 metros de la tribuna, yacía apilado el material de construcción que no llegó a ser utilizado a tiempo.
PUBLICIDAD
Matthew Wildman tenía entonces 17 años. Sintió cómo su piel se ampollaba y saltó una pared de 2,4 metros, donde David Hustler lo atrapó. Wildman sufrió quemaduras en la mitad de su cuerpo. Siguió siendo socio de Bradford City y estuvo presente en el ascenso a League One el 3 de mayo de 2025, ocasión en la que el partido comenzó con un minuto de silencio para recordar a los muertos durante el incendio de 1985. “Siempre es emotivo”, relató. “Estás parado junto a mucha gente unida por los mismos pensamientos y sentimientos”.
Steve Ding, con 22 años entonces, estaba de viaje en Londres. Su padre Alan y el marido de su prima, Ken, sí asistieron al encuentro. Steve se enteró de la catástrofe a las 17, al encender el televisor del hotel: “Volvemos a Valley Parade, donde se han producido escenas horrorosas". Primero pensó en una pelea de barras. Llamó a su hogar y su madre le confirmó que su padre había retornado: había escapado por segundos de una bola de fuego.
PUBLICIDAD
Jackson, el capitán del equipo, tardó seis horas en saber si su padre y sus dos hermanos estaban a salvo; en 1985 no había celulares. Camino a casa, pasó por el Bradford Royal Infirmary y vio a cientos de personas sentadas en la puerta con camisetas del club. Ingresó a la guardia: “Había gente con quemaduras en el 20% del cuerpo esperando ser atendida y lo único que querían hablar conmigo era de jugar contra el Leeds United la temporada siguiente”. Esa noche, Jackson habló con la prensa en el jardín de su casa, aún vestía ropa deportiva. No pudo dormir.
La enfermera Sylvia Coleman, de 26 años en aquel entonces, atendió a los heridos y nunca olvidó a un niño pequeño que buscaba a su abuela en el estadio. “Es algo que jamás se olvida”, dijo. “Nadie decía ‘eso no es mi trabajo’. Todos pusieron el hombro”.
PUBLICIDAD

La magnitud de las lesiones desbordó al sistema de salud en Bradford. David Sharpe encabezó la respuesta médica y realizó más de 20 cirugías en las primeras horas tras el incendio. Ese mismo año fundó la Plastic Surgery and Burns Research Unit en la Universidad de Bradford, unidad que hoy sigue activa.
Entre las innovaciones surgidas entonces, sobresale el “Bradford sling”, un cabestrillo que mantiene el brazo en posición vertical para facilitar la cicatrización, desarrollado por Sharpe ante las constantes heridas en manos de los sobrevivientes. La Universidad de Bradford sostiene que el instrumento “revolucionó el tratamiento de lesiones de mano en todo el mundo”.
Las historias de las víctimas
Sharpe falleció en 2023, a los 77 años, pero la unidad continúa operativa. El cirujano plástico Ajay Mahajan dirige el centro y estima que la comunidad ha donado, a lo largo de los años, cientos de miles de libras esterlinas. Ese apoyo permitió financiar treinta becas para formar especialistas en el tratamiento de quemaduras en distintos países. Mahajan declaró a la cadena pública BBC que un investigador estudia hoy cómo la inteligencia artificial puede mejorar los tratamientos, mientras otro grupo analiza el efecto de la vitamina D en la cicatrización de heridas.
Martin Fletcher perdió a cinco integrantes de su familia en el incendio: su padre, su hermano, su tío, su abuelo y su bisabuelo. Sobrevivió él solo. Años después publicó el libro 56: La historia del incendio de Bradford, donde no solo narró su experiencia, sino que denunció la existencia de al menos nueve incendios sospechosos vinculados a propiedades de Stafford Heginbotham, presidente del club en ese momento.
Con el tiempo, la hipótesis sobre un posible acto intencional fue retomada por distintas voces, pero tanto Helm como Jackson fueron categóricos. “Fue un accidente”, sostuvo el ex capitán. Helm coincidió: “La basura debajo de la tribuna fue la razón. Fue algo que no debería haber pasado”.
Bradford City no pudo volver de inmediato a Valley Parade. Durante la temporada 1985/86 y parte de la siguiente, ejerció su localía en estadios facilitados por Bradford Northern RLFC, Huddersfield Town y Leeds United. El retorno al escenario remodelado se produjo en diciembre de 1986, gracias a una campaña ciudadana que reunió donaciones de tiempo de trabajo, dinero y materiales.
La reapertura se celebró con un partido ante una selección nacional dirigida por el legendario Sir Bobby Robson. El Bradford ganó 2 a 1.
El impacto psicológico en los jugadores y el cuerpo técnico fue importante. Jackson organizó visitas a hospitales, asistió a funerales y organizó eventos benéficos, sin recibir apoyo psicológico. Helm solicitó el día libre después de la tragedia y le indicaron que debía cubrir una jornada de speedway en el estadio Odsal. Acordó hacerlo con la condición de tomarse una semana de descanso. “Probablemente debería haber tenido algo de contención, que nunca tuve“, reconoció.
El informe Popplewell fue contundente: criticó la ausencia de controles contra incendios, la falta de protocolos de evacuación, la obsolescencia de las instalaciones y la construcción de nuevas tribunas de madera en el Reino Unido. Tras la catástrofe, se prohibió fumar en las gradas de madera existentes y se detuvo la construcción de nuevas estructuras similares. Todas las imágenes del incendio, ocurrido hace 41 años, y registradas en directo por Yorkshire Television, siguen empleándose hoy por los servicios de emergencia del país como material de entrenamiento.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La pionera del atletismo que fue dada por muerta tras caer en una avioneta y volvió a los Juegos Olímpicos para ganar otra vez
Elizabeth “Betty” Robinson, la primera campeona olímpica de atletismo femenino de Estados Unidos, sobrevivió a un accidente aéreo en 1931. Su cuerpo estaba roto cuando desde el hospital se prometió: “Estoy resuelta a no dejar que este accidente arruine mi vida futura”. Contra todo pronóstico, volvió a competir y a llevarse el oro

La caza del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann en Buenos Aires y el relato del agente israelí que comandó la operación secreta
La noche del 11 de mayo de 1960, un equipo del Mossad secuestró al “arquitecto de la solución final” de Hitler en el Gran Buenos Aires, donde vivía con la falsa identidad de Ricardo Klement. La carta del vecino que lo descubrió y el plan para capturarlo, interrogarlo y sacarlo del país. Las memorias de Rafi Eitan, el hombre que tuvo a su cargo toda la operación

La rebelión de mayo de 1968: estudiantes con obreros, sesenta barricadas en el Barrio Latino y la revolución que redefinió a Francia
El 10 de mayo de 1968, unos 20 mil jóvenes alzaron 60 muros de adoquines contra la policía, desatando una revuelta que los unió a obreros y cambió al mundo al paralizar al país con una huelga que conquistó derechos y libertades

El Obelisco por dentro: un viaje a 67 metros de altura donde se abrazan las memorias de tres generaciones
Vínculos intergeneracionales encuentran un escenario emblemático. El paso del tiempo reconfigura sentidos y emociones en el mismo punto de encuentro bajo cielos porteños

La cultura incendiada: la “acción contra el espíritu antialemán” y la noche en que 20 mil libros ardieron en las calles de Berlín
El 10 de mayo de 1933, miles de estudiantes alemanes, funcionarios nazis y miembros de las SA se reunieron en la Plaza de la Ópera de Berlín para destruir más de veinte mil libros considerados “antialemanes”. Aquella ceremonia de fuego no fue un acto improvisado ni un exceso juvenil: fue una operación política diseñada por el régimen de Adolf Hitler para disciplinar la cultura, borrar voces incómodas y transformar el miedo en espectáculo



