Dos comunistas, un matrimonio acusado de traición a la patria y una sentencia: cuando los Rosenberg murieron en la silla eléctrica

Julius y Ethel Rosenberg era una pareja de militantes comunistas acusada de revelar secretos a la Unión Soviética. La detención, el juicio y el cumplimiento de la sentencia en tiempos políticos de persecución ideológica

Ethel Rosenberg libro
Julius y Ethel Rosenberg (AP Photo)
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El 19 de junio de 1953, en la prisión de Sing Sing, Nueva York, Estados Unidos, Julius Rosenberg y Ethel Rosenberg enfrentaron su último día con la certeza de que serían ejecutados en la silla eléctrica, tras haber sido condenados por espionaje en favor de la Unión Soviética.

El hombre y la mujer se convirtieron así en los primeros civiles estadounidenses en ser ejecutados por espionaje durante la Guerra Fría, en un caso que marcó un antes y un después en la historia judicial y política de Estados Unidos.

Las últimas horas de los Rosenberg estuvo marcada por la tensión y la expectativa internacional. La ejecución, programada para la noche, se realizó después de que la Corte Suprema rechazara un último pedio de clemencia.

El matrimonio había sido arrestado en 1950, acusado de entregar secretos nucleares a la Unión Soviética, en un contexto de creciente temor al comunismo y de persecución política impulsada por el macartismo.

La detención de Julius Rosenberg se produjo el 17 de julio de 1950, cuando agentes del FBI lo arrestaron en su domicilio de Nueva York. Poco después, el 11 de agosto del mismo año, Ethel Rosenberg también fue detenida. Ambos enfrentaron cargos de conspiración para cometer espionaje, en el contexto de una creciente paranoia anticomunista impulsada por el senador Joseph McCarthy y el Comité de Actividades Antiestadounidenses.

Ethel y Julius Rosenberg
La pareja en tiempos felices

La acusación principal sostenía que la pareja había colaborado con la Unión Soviética al entregar información confidencial sobre el desarrollo de la bomba atómica, lo que, según la fiscalía, alteró el equilibrio de poder global tras la Segunda Guerra Mundial.

El juicio comenzó en marzo de 1951 y estuvo a cargo del juez Irving Kaufman. La fiscalía presentó como testigos clave a David Greenglass, cuñado de los Rosenberg y ex técnico del Proyecto Manhattan, y a su esposa Ruth Greenglass. Ambos declararon que Julius Rosenberg los había reclutado para obtener información secreta y que Ethel Rosenberg había colaborado en la transcripción de documentos.

La defensa de los acusados negó todas las imputaciones y denunció la falta de pruebas materiales directas, señalando que el caso se basaba principalmente en testimonios de personas que buscaban reducir sus propias condenas.

Durante el juicio, la fiscalía argumentó que la entrega de secretos nucleares a la Unión Soviética permitió que ese país desarrollara su propia bomba atómica en 1949, mucho antes de lo previsto por los servicios de inteligencia estadounidenses. El fiscal Irving Saypol, afirmó entonces que: “El crimen cometido por estos acusados es peor que el asesinato”.

Los abogados defensores argumentaron que la evidencia presentada era insuficiente y que la sentencia de muerte respondía más a la presión pública y al clima anticomunista de la época que a pruebas concluyentes.

Ethel y Julius Rosenberg
La pareja fue ejecutada el 19 de junio de 1953

El 5 de abril de 1951, el juez Kaufman dictó sentencia de muerte para ambos acusados. Aquella decisión generó una ola de protestas tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Intelectuales, artistas y líderes políticos de diversos países solicitaron la conmutación de la pena, argumentando que el juicio había sido injusto y que la ejecución de los Rosenberg representaba un acto de barbarie. Entre los que reclamaban se encontraban figuras como Jean-Paul Sartre, Pablo Picasso y Frida Kahlo. A pesar de la presión internacional, las autoridades estadounidenses mantuvieron la condena. También hubo manifestaciones en ciudades como París, Londres y Roma.

Él era ingeniero electrónico y había nacido en Nueva York. Ella trabajaba de secretaria. Tenían dos hijos pequeños. Eran comunistas. Y aquel era un mal tiempo para ser comunista en Estados Unidos. “Nunca hemos sido espías”, afirmaron los Rosenberg en una carta escrita poco antes de su muerte. “Somos inocentes y esta es una injusticia”, agregaron en el mismo texto. La ejecución de la pareja se llevó a cabo la noche del 19 de junio, después de que el presidente Dwight D. Eisenhower rechazara los pedidos de clemencia.

Ethel Rosenberg fue la primera mujer estadounidense ejecutada por un delito federal en casi un siglo. La noticia de la muerte de los Rosenberg recorrió el mundo y provocó reacciones encontradas: mientras algunos sectores consideraron que se había hecho justicia, otros denunciaron un acto de barbarie y un error judicial irreparable.

El caso de los Rosenberg se inscribió en medio de la Guerra Fría, cuando el temor a la infiltración comunista dominaba la política y la sociedad estadounidense. La condena a muerte de civiles por espionaje no tenía precedentes en la historia de ese país. La ejecución de la pareja se convirtió en un símbolo de los excesos del anticomunismo y del poder del Estado para castigar a quienes consideraba traidores.

El expediente judicial de los Rosenberg sigue siendo uno de los más controvertidos de la historia estadounidense. A lo largo de los años, el debate sobre la culpabilidad del matrimonio y la justicia de su ejecución continuó. Documentos desclasificados décadas después aportaron nueva información sobre el caso que habrían dejado fuera del proceso a Ethel Rosenberg. A partir de esa documentación, algunos historiadores sostienen que su participación en el espionaje nunca se probó de manera concluyente.

El impacto de la ejecución del 19 de junio de 1953 trascendió las fronteras de Estados Unidos. Miles de personas en todo el mundo expresaron su repudio a la sentencia, mientras que organizaciones de derechos humanos y personalidades de la cultura y la política pidieron la conmutación de la pena. “La ejecución de los Rosenberg es un crimen contra la humanidad”, declaró un grupo de intelectuales franceses.

La historia de los Rosenberg también dejó una huella profunda en la cultura popular. Libros, películas y obras de teatro han abordado el caso desde distintas perspectivas, explorando tanto el drama personal de la pareja como las implicancias políticas y sociales de su condena. El caso sigue siendo objeto de análisis y debate y la figura de los Rosenberg permanece como un símbolo de los peligros de la intolerancia y la persecución ideológica.

En el aniversario de la ejecución, familiares y simpatizantes de los Rosenberg suelen recordar lo sucedido y reclamar el reconocimiento de su inocencia.

Ethel Rosenberg libro
Cementerio Wellwood en Pine Lawn, Long Island, Nueva York. Unas dos mil personas asistieron al entierro de Julius y Ethel Rosenberg el 21 de junio de 1953 (AP Photo)

Michael y Robert, los hijos de la pareja, tenían 4 y 8 años al momento del juicio. Fueron entregados a un orfanato ya que nadie de la familia se ofreció a cuidarlos. Pero en un trámite veloz una familia obtuvo la adopción de los hermanos. Abel Meeropol y su esposa les dieron un hogar a los chicos. Meeropol era convencido militante comunista en ese entonces (aunque después renegó de su filiación política) y era, además, un célebre compositor musical.

Michael y Robert Meeropol -que usan el apellido de la familia que los adoptó-, han dedicado su vida a defender la memoria de sus padres y a denunciar lo que consideran una injusticia. “Nuestros padres fueron víctimas de una época de miedo y odio”, han declarado en reiteradas ocasiones.

El 19 de junio de 1953 quedó registrado como una fecha clave en la historia de la justicia estadounidense y de la Guerra Fría. La ejecución de Julius y Ethel Rosenberg en la prisión de Sing Sing marcó el punto culminante de un proceso judicial que continúa generando preguntas sobre la equidad, la legalidad y el uso del poder estatal en tiempos de hostigamiento a los que piensan diferente.

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