
“Me violó, sentí vergüenza y también mucho miedo”, expresó con angustia y quebrada por el dolor durante el juicio que enfrentó Romina Tejerina en el que terminó condenada el 10 de junio de 2005 por los jueces de la Sala II de la Cámara Penal de Jujuy a 14 años de cárcel por “homicidio agravado por el vínculo”, como culpable de haber matado a su hija.
Su historia marca que el 1° de agosto de 2002 fue a buscar a Erica, su hermana menor a una bailanta ubicada en las afueras de San Pedro de Jujuy, localidad donde vivía junto su familia. Allí se encontró con un vecino, Eduardo Vargas, alias Pocho, que la doblaba en edad ya que ella tenía por entonces 19 años y él 40. Según denunció la joven, Vargas la retiró a los tirones del boliche, la arrastró con fuerza hasta un descampado y la violó.
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Ese día el pueblo estaba convulsionado, la jornada se había vivido con fervor, porque en toda esa zona se conmemoraba la fiesta de la Pachamama, una tradición ancestral que se practica en los países andinos (Argentina, Chile, Bolivia, Perú). Y consiste en un ritual de agradecimiento y ofrenda a la Madre Tierra por los bienes que proporciona. Se entierra en un pozo un recipiente con alimentos cocidos, bebidas (alcohol, vino, chicha), hojas de coca, cigarrillos y otros objetos, según la región y las creencias. Se llevan a cabo ceremonias de agradecimiento, a veces con la participación de yatiris (curanderos), ch’allas (danzas tradicionales) u otros rituales específicos. Allí se agradece por el buen clima, las cosechas, la salud y la protección, y se pide por un buen año venidero. Además se refuerza el vínculo de reciprocidad entre la humanidad y la Pachamama. Y en algunas regiones, se bebe una bebida de caña con ruda macho, que se cree que ayuda a la salud y a ahuyentar los males.
Romina insistió con que eufórico y violento, El Pocho, apodo con el que todos lo conocían en el lugar, terminó abusando de ella. Desesperada le confió a su hermana menor lo que este hombre presuntamente le había hecho y ambas fueron aterrorizadas a ver a un médico. El profesional les dijo que para asistirla era necesario contar con la correspondiente autorización de alguno de los padres por tratarse de una menor de edad, lo que la asustó aún más. Y presa del pánico por lo que podría pensar su familia decidió ocultar la situación que atravesaba.
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Atormentada y con miedo, la joven le pidió a Erica mantener el secreto porque si no sería capaz de quitarse la vida. Así, disimuló su embarazo como pudo, usando vendas de ajuste para comprimir su panza e ingiriendo laxantes. Hasta que el 23 de febrero, con ya siete meses de embarazo sucedió lo inevitable: dio a luz a una beba en el inodoro del baño de la casa que compartía con dos de sus hermanas. Luego introdujo a la criatura en una caja de cartón y empezó a darle puñaladas. Con la ayuda de su hermana que la socorrió la trasladaron al Hospital Guillermo Peterson, donde falleció el 25 de febrero de 2003 producto de una hemorragia cerebral causada por heridas punzopenetrantes. Los profesionales de la salud decidieron llamar a la bebé Milagros Socorro.
En el debate oral Romina argumentó que sufrió un ataque y se desesperó porque cuando la levantó y la miró vio la cara de quien la violó. La defensa de Tejerina pidió su absolución basada en que “había tenido un brote psicótico” y actuó bajo emoción violenta motivada por la violación que padeció. Y entonces, a causa del trauma que le provocó dicho abuso sexual “mató a su beba poco tiempo después de su nacimiento”.
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El presunto padre del bebé, comerciante y hermano de un policía de la zona, presente en el debate oral, se defendió diciendo que mantuvieron una historia sentimental durante un año, siempre con relaciones consentidas. Vargas estuvo solo 23 días detenido y en un juicio sumario, donde hasta declararon integrantes de la misma policía, llegó a amenazar con demandar a Romina por matar a su hijo. Terminó sobreseído por falta de pruebas. Los jueces se esforzaron en destacar que el embarazo no fue producto de una violación.
Durante el juicio la fiscal Liliana Fernández pidió prisión perpetua y argumentó que Tejerina “no aceptaba límites, y apenas esperaba algo más de la vida que diversión. Iba a fiestas, una vez volvió alcoholizada, discutía con sus padres, se fue a la casa de su hermana, volvió a la de sus padres, era una estudiante irregular”. Además insistió con que no había sido violada, pero que si hubiera ocurrido, se lo había buscado por bailar con pollera corta arriba de los parlantes. Llegó a decir que por algo le decían “la Galponera, como a esas arañas de cola abultada”.
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Conocida la sentencia a 14 años, Fernando Molinas, uno de los abogados defensores, anunció la apelación del fallo y consideró un adelanto que el tribunal oral que juzgó a la joven, “después de tres años, reconociera circunstancias extraordinarias de atenuación”. La condena fue ratificada años después por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En mayo de 2009, la Justicia jujeña rechazó por improcedente y carente de sustento un reclamo realizado por otra defensora de Tejerina, Mariana Vargas, acerca de que pudiera cumplir prisión domiciliaria.

Romina, desde el Penal de Mujeres Alto Comedero de San Salvador de Jujuy, afirmó que El Pocho llegó a amedrentarla también con la promesa de matar al padre. En prisión por el término de un año no recibió asistencia psicológica ni tuvo acceso a trabajar ni estudiar.
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Los movimientos de mujeres tomaron a Tejerina como un emblema de la lucha contra la violencia de género y por la legalización del aborto. Y a lo largo de los años marcharon y se manifestaron ante las autoridades y la Casa de Jujuy en Buenos Aires exigiendo su libertad.
La familia de Romina desde el primer día estuvo a su lado y la acompañó en todo el proceso. Mirta, la mayor de las hermanas, denunció que en la cárcel la mayoría de las jóvenes estaban presas por haber matado a sus padres y maridos, violadores.
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El sábado 23 de junio de 2012 cumplió 29 años, también las dos terceras partes de la pena, nueve años y cuatro meses, y quedó libre. Mirta ese día le manifestó al diario El Tribuno de Jujuy: “Culminó una etapa muy difícil. Ahora lo único que quiere es seguir estudiando y no sufrir la estigmatización, recuperar de a poco su lugar en la sociedad. Está tranquila, porque sintió siempre el apoyo de la familia, sus amigos y la gente que se ha solidarizado con su caso, para que salga adelante. Con todo lo que ha vivido, y ha pasado, nos dijo: ‘Por todo el tiempo sufrido se me secaron las lágrimas’. Pero se emocionó al ver a su madre”.
Los primeros días en libertad no le resultaron nada fáciles, ya que vivió momentos muy duros en San Pedro de Jujuy cuando transitaba por la calle y algunas personas la insultaron. Se puso tan mal en su momento que padeció una crisis de nervios tan grande que llegó a decirle a su abogado que quería volver a prisión.
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Con el correr del tiempo formó pareja, tuvo un niño y reconoció que encontrar refugio en su propia familia la rescató, ya que todos sus integrantes fueron su sostén para intentar sobrellevar el inmenso dolor de todo lo ocurrido.
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