
A Michel Fourniret le gustaba salir a conducir con su esposa a su lado y con su hijo pequeño a salvo en la parte trasera de su camioneta. Ubicaba a su bebé en la silla especial con el cinturón ajustado. Trataba de evitar cualquier tipo de problema. Paseaban por la campiña francesa. Con la radio prendida, a veces se hacían alguna caricia en la mano mientras observaban los distintos tonos de verde de los campos de vid.
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Hasta ahí una familia francesa normal. Casi podríamos decir, además, una familia feliz que pasea por los campos europeos. Pero no.
Salir a cazar
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Los Fourniret escondían un secreto atroz. Sus viajes no eran paseos inocentes para distenderse. Salían a cazar mujeres vírgenes para que el hombre de la familia las violara, mutilara y asesinara. Todo ocurría en los alrededores de su castillo francés, en la zona boscosa de las Ardenas cerca de la frontera con Bélgica.
Tras varias décadas de crímenes, la policía logró atrapar a Fourniret y los medios lo apodaron como el “Ogro de las Ardenas”. En el momento de ser detenido ya era un adulto mayor débil, canoso y con anteojos. Los oficiales que lo esposaron no entendían cómo ese “viejito amable” había cometidos la serie de crímenes más terribles de la historia de Francia.
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El origen del ogro
Michel Fourniret había nacido en 1942 en Sedan, Francia, en una localidad cerca de la frontera con Bélgica. Su padre era trabajador metalúrgico y su madre, hija de un granjero. Michel era un niño tranquilo con un coeficiente intelectual ligeramente superior al promedio de su clase. Le gustaba jugar al ajedrez y la música clásica.
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Cuando sus compañeros disputaban algún partido de fútbol en los campos cercanos al pueblo, el chico se aislaba en sus libros de ajedrez o volvía a su casa a escuchar algún disco de música que le compraba su madre. Los chicos se reían de él a sus espaldas y le hacían bromas por su poca habilidad para los deportes. Este tipo de bullying fue el germen del odio que volcaría luego sobre sus víctimas. Decenas de chicas vírgenes que su esposa le entregaría en medio de un pacto de crimen y horror.
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Fourniret fue detenido por primera vez durante su juventud en 1966 cuando ya estaba casado. Una menor lo acusó de manosearla en la calle. La causa no avanzó, pero si arruinó su matrimonio. Tuvo tres hijos con su segunda esposa, pero este matrimonio también terminó después de que fue arrestado nuevamente por violación y atentado al pudor contra menores. Su segunda esposa huyó despavorida. Había admitido 15 ataques sexuales. El “Ogro de las Ardenas” empezaba a mostrar sus dientes de lo que sería su raid criminal.
Mientras estaba detenido y aislado en una celda a la espera del juicio por el abuso sexual, colocó un anuncio en una revista católica. Allí, pedía una amiga por correspondencia para soportar el tedio de la celda solitaria. Al estar acusado de un abuso sexual, Fourniret fue separado del resto de los presos para evitar que lo ataquen.
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El pacto de la muerte
En ese momento, entra la mujer protagonista de la otra parte de la historia. Su cómplice. Monique Olivier era enfermera y madre de tres hijos. Recibía todas las semanas la revista, pero nunca se había fijado en los mensajes de los presos. Hasta ese día que vio el pedido de Michel y respondió. La mujer esperó en un taxi a su nueva pareja en la puerta de la prisión cuando fue liberado en 1987. Le redujeron la condena por abuso sexual porque había sido un ‘prisionero modelo’. Dos meses después, comenzó la ola de asesinatos y violaciones.
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Empezaron a escribirse por cartas y la relación creció. Ya eran novios por correspondencia. En una visita íntima aprobada por el servicio penitenciario francés, hicieron el juramento que convertiría a Fourniret en un asesino serial despiadado. Olivier prometió ayudar a su novio a cazar vírgenes para saciar su apetito asesino. A cambio le pedía que matase a su ex marido. Sólo se cumpliría una parte de ese trato.
Una vez detenido, tras la decena de crímenes, Fourniret nunca confesó las razones de porqué todas sus víctimas eran mujeres vírgenes. Lo que pudo averiguar la Justicia francesa por algunas mujeres que sobrevivieron a los ataques es Olivier inspeccionaba físicamente a las víctimas antes de que Fourniret las violara para asegurarse de que cumplían con sus criterios.
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La pareja de asesinos atrapó a su primera víctima en diciembre de 1987. Se acercaron a Isabelle Laville, de 17 años, en una camioneta cuando regresaba de la escuela a su casa. Dijeron que estaban perdidos y la convencieron de subirse a la camioneta para ayudarlos con las direcciones. Fourniret luego la violó y la mató. Un año después, Fabienne Leroy, de 20 años, fue secuestrada en un supermercado. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente. Le habían disparado en el pecho, antes había sido abusada por Michel.
Tras los primeros crímenes, Michel y Monique se casaron y tuvieron un hijo. Compraron un castillo frío y oscuro en un bosque francés, muy cerca de la frontera con Bélgica.

Un informe policial posterior indicó que el asesino serial financió la compra con dinero robado a un ladrón de bancos que había conocido en la cárcel. Rastreó a la esposa de su compañero de celda, descubrió dónde estaba escondido el dinero y luego la asesinó.
En 1989, la pareja capturó a su víctima más joven. Elisabeth Brichet tenía 12 años cuando fue secuestrada en la ciudad belga de Namur. Su cuerpo fue encontrado 14 años después en los terrenos del castillo que había habitado la pareja.
Cómo engañaban a las víctimas
Con su hijo a cuestas, presentaban la imagen perfecta de una familia confiable. Fourniret y Olivier a veces fingían que su hijo estaba enfermo y necesitaban que la niña los ayudara a llegar a un hospital. Otra artimaña fue que Olivier condujera solo y recogiera a una chica que hacía dedo en la ruta. Luego, verían a Fourniret con un bidón vacío. Entonces, Olivier se detendría para llevarlo a la estación de servicio más cercana.
Con las autopsias a sus víctimas, la policía francesa pudo determinar cómo actuaba el “Ogro de las Ardenas”. Fourniret estrangulaba, disparaba o, a veces, inyectaba aire en las venas de sus víctimas para provocar un infarto. En uno de los casos revelados llegó a practicar la necrofilia. Después de matar a una nena a puñaladas con un destornillador, agredió sexualmente a su cadáver. Olivier observaba cómo violaba y asesinaba a sus víctimas y luego recreaban estas escenas en su vida sexual.

Sin la información centralizada, la pareja fue arrestada casi por casualidad. Sucedió cuando una de sus víctimas logró escapar de sus garras. En 2003, Fourniret engaño a una nena de 13 años y la subió a su camioneta en una ruta cercana a su castillo. Con las manos atadas y la boca cubierta con un trapo, la víctima apenas podía moverse. El asesino ya en el viaje le anunció que sería violada. Se jactó de ser el mayor pedófilo de Francia. Entonces, la desesperación hizo que la nena mordiera sus ataduras y zafara del monstruo. Antes de huir, memorizó la patente.
La chica declararía durante el juicio cómo fue su encuentro con el asesino. “Me dijo ´callate o te mato. Tenés que darme placer o no irás a tu casa’”.
Tras la denuncia de la nena, la policía interrogó a Fourniret y a Olivier. Allí la pareja lució confundida. Pensaron que los oficiales sabían todo sus crímenes y confesaron. Al sentir que el juego había terminado, el asesino cooperó con la policía y los condujo a algunos de los cuerpos de sus víctimas enterrados cerca de su propiedad. Entonces, fueron detenidos.
La declaración de Olivier incluyó detalles de la vida íntima de la pareja. “Cuando volvía al castillo tras un ataque, Michel decía: ‘Fui a cazar hoy y obtuve satisfacción¨”.
Arranca el juicio
Al empezar el debate judicial, Fourniret solicitó que las mujeres del jurado probaran que eran vírgenes en el momento de su matrimonio. El asesino no cooperó durante su juicio de dos meses en Charleville-Mezières, en el este de Francia. A menudo se negaba a hablar y nunca mostraba ninguna emoción o remordimiento. Sin embargo, se enfureció brevemente al descubrir que su esposa era, según las pruebas de coeficiente intelectual, más inteligente que él.
El fiscal del estado lo describió como un monstruo necrófilo y a la pareja que formaba con Monique como un diablo de dos caras.
Olivier mostró remordimiento, pero el fiscal estatal criticó su “silencio ensordecedor” ante los gritos de las víctimas que había cazado para su esposo. Tal vez estaba contenta de ser una observadora del abuso físico y no su víctima. Independientemente de sus motivaciones, fue declarada culpable de ser cómplice de su esposo. En mayo de 2008, un juez francés condenó a cadena perpetua a Fourniret y a Olivier.
El jurado encontró a Michel, de 66 años, culpable de matar y violar, o intentar violar, a siete mujeres y niñas de entre 12 y 22 años. Sus horribles crímenes fueron cometidos entre 1987 y 2003.
Fourniret murió en prisión el 10 de mayo de 2021, tras sufrir de un alzheimer avanzado. Tras conocer la noticia, la mamá de una de sus pequeñas víctimas dijo ante la prensa: “Puedo respirar de nuevo”. El “Ogro de las Ardenas” se había ido para siempre.
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