William Buckley, el conservador que inspiró a Ronald Reagan y participó en la campaña de publicidad que contrató la dictadura argentina para mejorar su imagen internacional

Autor de 50 libros, artífice del neoliberalismo tal como se lo conoció luego de los ’80s y polemista escandaloso, hizo cuatro emisiones de su programa Firing Line, ganador de Emmys y estrella de la televisión política de EEUU, como parte del contrato entre la junta y consultora de marketing Burson-Marsteller, la misma del Mundial ’78

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Firing Line William F. Buckley argentina
William F. Buckely, Jr., fue el influencer máximo de esa mezcla de conservadurismo político y liberalismo económico que unificó a tradicionalistas y libertarios en los EEUU.

“Cada historia tiene dos lados. En los Estados Unidos sólo nos muestran uno”, se quejó el entonces embajador de ese país en Argentina, Robert Hill, ante el influencer máximo de esa mezcla de conservadurismo político y liberalismo económico que desde Margaret Thatcher y Ronald Reagan se conoce como neoliberalismo. “Y por eso su visita aquí es muy importante, porque a usted se lo respeta mucho en este país y se lo reconoce en los círculos internacionales”, siguió el diplomático. Frente a él, William F. Buckley, Jr. asentía despreocupadamente, en el estudio de televisión improvisado en la Escuela Lincoln de Buenos Aires, en enero de 1977, donde grabó uno de los cuatro episodios que su famoso show televisivo Firing Line dedicó a las bondades de la Argentina durante la última dictadura.

El programa, que salió al aire el 3 de marzo de 1977, comprueba que WFB —como él firmaba sus textos— fue parte de la operación de medios que la consultora de relaciones públicas Burson-Marsteller realizó para la junta militar a partir de un contrato de USD 1,1 millones y que se renovó varias veces hasta un total superior a los USD 5 millones de entonces.

Autor de 50 libros, artífice del neoliberalismo tal como se lo conoció luego de los ’80s y polemista escandaloso, hizo cuatro emisiones de su programa Firing Line, ganador de Emmys y estrella de la televisión política de EEUU, como parte del contrato entre la junta y consultora de marketing Burson-Marsteller, la misma del Mundial ’78

Se conocía la importancia de ese esfuerzo publicitario —destinado a “neutralizar y desvirtuar posibles campañas periodísticas negativas"— tuvo en el Mundial de Fútbol de 1978, pero no se sabía que en él hubiera colaborado uno de los mayores formadores de opinión en los Estados Unidos, como indagó la investigadora Erin Gallagher en Columbia Journalism Review (CJR). El programa Firing Line, ganador de Emmys y joya de la pantalla de PBS entre 1966 y 1999, estaba en su punto máximo de importancia a finales de la década de 1970. Por eso Hill no exageró su modestia al agregar:

—Las opiniones que usted transmita en los Estados Unidos sobre sus impresiones en Argentina son mucho más importantes que las del embajador Roca y las mías.

Eduardo Roca, sobrino nieto de Julio Argentino Roca y ex embajador argentino en los Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y próximo en las Naciones Unidas (ONU), parecía no poder estar más de acuerdo. La conversación continuó, ante un público en vivo de jóvenes, alrededor de la “incomprensión” del caso argentino en el mundo, tan duramente criticada la junta de Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti por sus violaciones a los derechos humanos. Había una embajada, desde luego, pero también había que “contarle al pueblo estadounidense la historia de Argentina”, abundó Hill.

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WFB con su admirador Ronald Reagan, en 1988, en el Salón Oval de la Casa Blanca. (White House Photographic Collection)

¿Y qué firma de relaciones públicas va a explicar la manera en que Argentina recibió a [Juan] Perón [en 1973]? —preguntó WFB, con su acento de Park Avenue, el vecindario de la clase alta de Nueva York, leyendo ostensiblemente unos apuntes.

—Embajador Roca, eso le toca a usted —gambeteó Hill—. Fue antes de mi tiempo.

Roca salió del aprieto hablando de la Segunda Guerra Mundial, pero Buckley le tiró por la cabeza al escritor Jorge Luis Borges —protagonista de otro de sus cuatro especiales sobre la dictadura—, quien le había dicho que “era difícil tener mucho respeto por la democracia argentina luego de Perón”. Hill consideró necesario volver la conversación a su cauce: su país tenía unos USD 1.500 millones de inversiones en Argentina y había que tener eso en cuenta a la hora de pensar en las sanciones.

—Por eso es muy importante que usted venga y se forme sus impresiones —dijo—. Es muy importante que muchos periodistas vengan a Argentina.

Autor de 50 libros, artífice del neoliberalismo tal como se lo conoció luego de los ’80s y polemista escandaloso, hizo cuatro emisiones de su programa Firing Line, ganador de Emmys y estrella de la televisión política de EEUU, como parte del contrato entre la junta y consultora de marketing Burson-Marsteller, la misma del Mundial ’78

El viaje de Buckley, “acaso la influencia intelectual más importante del conservadurismo estadounidense moderno”, según CJR, “fue un proyecto cuidadosamente puesto en escena por la propia junta”, mediante Burson-Marsteller, “que mantenía una lista de periodistas potencialmente comprensivos”. Entre los medios de alcance nacional con influencia política, la propuesta de la firma de relaciones públicas incluyó la revista National Review, que WFB fundó en 1955 y dirigió hasta 1990, cuyo impulso fue clave para la fusión de los conservadores tradicionales y los libertarios.

“Políticamente es en extremo conservador, de filosofía de libre empresa al estilo del siglo XIX en materia económica”, lo describió la propuesta de la consultora a la dictadura. “El National Review se considera como republicano a la derecha del centro con partidarios en círculos conservadores de todo el país. Su editor, William Buckley, Jr., podría ser convencido a efectuar el viaje después de las elecciones estadounidenses”.

Y así fue: luego de que el 2 de noviembre el demócrata Jimmy Carter derrotara al presidente en ejercicio Gerald Ford, WFB se lanzó a su misión en Buenos Aires.

BM objetivos PR
Contrarrestar las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos fue parte de los objetivos contractuales de la consultora de relaciones públicas Burson-Marsteller con la junta militar argentina.

“Al analizar en conjunto los contratos y otros documentos de la campaña de relaciones públicas con los episodios de Firing Line, los cables diplomáticos publicados por Wikileaks en 2010 y el Proyecto Archivo de la Administración Nacional de Seguridad (NSA), es posible obtener una imagen más completa del papel que Buckley, y los medios de comunicación internacionales en general, desempeñaron”, sintetizó Gallagher en CJR.

Buckley, la gran inspiración de Reagan

George Nash, el historiador del conservadurismo moderno en los Estados Unidos, consideró que Buckley fue “sin dudas, el intelectual público más importante de los últimos 50 años”, según escribió en su obituario, en 2008. “Fue la voz preeminente del conservadurismo estadounidense para una generación entera, y también su primera gran figura ecuménica”. Sin Buckley, arriesgó, es difícil imaginar la transformación del Partido Republicano: la unidad de la derecha que dio origen a Ronald Reagan y, como filosofía política, transformó el mundo.

Era un polemista descontrolado. Podía hacer un comentario abiertamente racista, por ejemplo sobre la “superioridad cultural” de los blancos sobre los afroamericanos y argumentar que reflejaba “de manera diferente pero complementaria, los postulados de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP): hablar de progreso supone que están atrasados”, dijo en una entrevista de 2004.

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Ronald Reagan dijo que todavía era demócrata cuando recibió el primer número de National Review, y que la revista de WFB cambió sus ideas (White House Photographic Collection)

Tuvo expresiones igualmente alarmantes durante la crisis del VIH-sida, incluida la sugerencia de tatuar a los portadores del virus, y logró enemistarse con una de las personas más sociables del universo cultural y político de los Estados Unidos, Gore Vidal, con quien debatió durante las internas de los dos grandes partidos en 1968. Buckley se quejaba sobre la tolerancia de Vidal ante cualquier discurso de protesta:

—Algunos pro-nazis recibieron buen trato. Yo estoy a favor de condenar a la gente que incita a otros a disparar contra nuestros soldados. Sé qué a usted no le importa porque no se identifica... —llegó a provocar a Vidal.

Aquí el único pro o cripto-nazi que se me ocurre es usted —lo interrumpió el escritor de linaje demócrata.

Escúchame bien, marica —lo amenazó WFB, mientras se levantaba de la silla—, deja de llamarme cripto-nazi o te voy a golpear en esa maldita cara y te voy a tumbar.

Entre sus blancos favoritos se encontraban los intelectuales liberales: “Preferiría vivir en una sociedad gobernada por los primeros 2.000 nombres en la guía telefónica de Boston que en una gobernada por los 2.000 profesores de Harvard”, escribió en una ocasión. Pero si bien era un gran creyente en el capitalismo, dudaba un poco de algunas características de su democracia, como que el voto de alguien sin educación tuviera el mismo peso que el de alguien educado: los demagogos y la corrupción política podían florecer en ese electorado menos sofisticado, creía.

BM fecha contrato
A menos de tres meses del golpe de 1976, el 8 de junio de 1976 se acordaron los servicios de Burson-Marsteller para contrarrestar la mala imagen internacional que la Argentina por las violaciones a los derechos humanos.

Era católico practicante y se escandalizó cuando la misa se dejó de dar en latín. “Es una fuente de gran consuelo parar mí saber que en mi próxima ceremonia litúrgica, el funeral, estaré muerto y no necesitaré escuchar el sustituto aceptado de la noble y antigua liturgia latina”, escribió. Pero más allá de sus excentricidades —también tocaba el arpa— WFB dedicó más de 50 libros a argumentar por qué libertad, justicia y ley eran las premisas sobre las que el capitalismo asentaba su superioridad en creación de riquezas.

En 1985, para celebrar los 30 años de la revista de Buckley —una fiesta a la que asistieron desde Charlton Heston hasta Tom Wolfe—, el presidente Reagan en persona dio un discurso que consolidó para siempre su importancia: “Si alguien tiene dudas del impacto de la energía y el atractivo de National Review, este hombre parado frente a ustedes era demócrata cuando recogió su primer número, en un envoltorio de papel marrón. Y aun hoy, como ocupante de un cargo público, sigue esperando con la misma ansiedad de siempre su edición quincenal".

Cuando Buckley murió, a los 82 años, John McCain lo despidió: “Con el fallecimiento de Bill, la libertad ha perdido uno de sus grandes defensores. Era un gigante y lo extrañaremos". También el presidente George W. Bush se pronunció: “Bill Buckley fue uno de los grandes fundadores del movimiento conservador moderno. Llevó el pensamiento conservador a la política común y ayudó a establecer la base intelectual para la victoria de los Estados Unidos en la Guerra Fría”.

La operación Burson-Marsteller

Harold Burson, uno de los cerebros de la legendaria consultora Burson-Marsteller, murió a comienzos de 2020.
Harold Burson, uno de los cerebros de la legendaria consultora Burson-Marsteller, murió a comienzos de 2020.

Precisamente parte del conflicto máximo del mundo bipolar fue la relación entre Washington y la dictadura argentina. Lograr que WJB viajara a Buenos Aires para hacer no uno sino cuatro programas de Firing Line podría contarse como otro aporte. Carter había designado como sucesor del secretario de Estado Henry Kissinger a Cyrus Vance, quien anunció un recorte en los créditos para armas al país debido a las violaciones a los derechos humanos.

—Ok, ¿por qué la historia de Argentina es tan desconocida en en los Estados Unidos? —pidió Buckley la opinión de Hill.

—Creo que uno de los problemas que tiene el gobierno argentino es su falta de entendimiento de las relaciones públicas —contestó Hill—. Hace poco contrataron una famosa consultora de Nueva York para que los represente.

En efecto, a menos de tres meses del golpe de 1976, el 8 de junio el ministro de Economía, José Martínez de Hoz, solicitó los servicios de Burson-Marsteller para “difundir la realidad de los hechos de la Argentina, afianzando sus logros en esta nueva etapa de vida institucional”, “neutralizar y desvirtuar posibles campañas periodísticas negativas” y “propender al fortalecimiento universal de la confianza en el país y sus autoridades”, según el documento de 155 páginas titulado “Un programa de comunicaciones internacionales para Argentina”.

Firing Line William F. Buckley argentina
En 1977 William F. Buckley entrevistó al ex embajador argentino en EEUU Eduardo Roca y al entonces embajador estadounidense en Buenos Aires, Robert C. Hill.

La campaña sería a lo grande —entre otras cosas, porque Martínez de Hoz se disponía a iniciar una gira internacional—: debían participar Burson-Marsteller en los Estados Unidos y sus representantes en Canadá, México, Colombia, el Reino Unido, Bélgica, Holanda y Japón, en la primera etapa. Ese trabajo complementaría el de la agencia argentina Diálogo, que gestionaría la imagen nacional en Venezuela, España, Italia, Francia, Alemania y Suiza.

El terrorismo de Estado era tan inocultable en esos años —el Congreso de los Estados Unidos llegó a tratar el tema de los secuestros y desapariciones— que no se podía omitir en el programa, así que Buckley aludió al tema directamente:

—Lo que causó el problema de los derechos humanos es una serie de denuncias de personas presuntamente inocentes que han desaparecido —planteó a Hill— y la deficiencia del gobierno para entregar los nombres de aquellos que han desaparecido.

—No —lo contradijo el embajador—. Los terroristas causaron el problema de los derechos humanos. Ellos mataban gente inocente. En noviembre envié a Washington diez páginas con actividad terroristas desde que llegué a la Argentina. ¡Diez páginas!

William Buckley Cable de Hill
En un cable confidencial para el Departamento de Estado, el embajador Hill celebró la visita de Buckley, aseguró que no correría peligro y se ofreció a cooperar.

En otro momento del programa Buckley habló de la justificación de las acciones. Recordó que las de Fidel Castro en Cuba no lo estaban por las acciones de Fulgencio Batista, preguntó si acaso las de la Tripe A lo estaban por las de Montoneros. “Todos estaremos de acuerdo en que la actividad antiterrorista está justificada por la actividad terrorista, pero ciertos tipos de actividades antiterroristas podrían no estar justificadas, ¿verdad?”, preguntó.

—Es difícil brindar una explicación clara de las cosas —dijo Roca—. No estamos en una guerra civil, en los términos clásicos de una guerra civil. Y no es una situación policial para el control de pequeños grupos terroristas. Es algo nuevo.

Y algo que —agregó luego el ex embajador— no causaba “un sentimiento de culpabilidad nacional”, porque Argentina estaba segura de lo que estaba haciendo. “Sólo esperamos respeto. Del mismo modo que la ciudadanía mundial lo tiene por España, respeto por los esfuerzos del gobierno de España por llegar a una nueva democracia, esperamos lo mismo. No sanciones. Sólo comprensión y confianza. Y tenemos derecho”.

La retractación a medias de WFB

BM contrato 1M
El contrato con Burson-Marsteller fue de USD 1 millón de la época, y se prorrogó durante varios años.

Como la visita del intelectual conservador, también la voz de Borges estaba entre las propuestas de Burson-Marsteller para mejorar la imagen argentina, tanto por su celebridad literaria como por su apoyo a Videla. Se ubicaba en la sección “Turismo” del documento.

Acaso por eso, el escritor fue entrevistado en Firing Line.

—Sé muy poco de política, pero creo que ahora tenemos el gobierno correcto, un gobierno de caballeros, no de rufianes. No creo que estemos maduros para la democracia, todavía. Quizá en 100 años. Pero ahora creo que tenemos el gobierno correcto. Creo que el gobierno tiene buenas intenciones y está actuando, y nos gobiernan caballeros y no la escoria de la tierra, como sucedió, bueno, hace no demasiado.

—Cuando dice que podrían ser 100 años…

—Bueno, podrían ser 500 años, si el mundo existe.

También Robert Cox, director de The Buenos Aires Herald —periódico en inglés que denunció las violaciones a los derechos humanos, lo cual le valió a Cox la necesidad de dejar el país para salvar a su familia— fue al programa, aunque muchos colegas le habían recomendado que no lo hiciera, dijo a CJR. “Pensé que podría hacer llegar al público estadounidense algo de la realidad, verdadera y sombría, de Argentina”, dijo. Otro de los entrevistados de Buckley fue Martínez de Hoz que, por haber sido el que convocó a Burson-Marsteller para la operación, dijo lo que evidentemente era su intención difundir.

Firing LIne
Firing LIne hizo cuatro programas especiales dedicados a la Argentina dentro de la serie "Terror en América Latina".

Al regresar a los Estados Unidos Buckley también escribió una columna sobre la visita, en la que llamó a Videla “una criatura infrecuente” y argumentó que “es extremadamente difícil afinar los detalles de una campaña antiterrorista”.

No obstante, en junio de 1985, cuando el juicio a las juntas militares realizado durante el primer gobierno democrático tras la dictadura, el de Raúl Alfonsín, llevaba ya dos meses ventilando al mundo detalles de los centros de detención clandestinos, los secuestros, las torturas, las desapariciones y el robo de menores, Buckley escribió una suerte de retractación por su cobertura de 1977.

El texto salió en The Washington Post el 9 de junio de 1985, con el título “Lecciones de Argentina”. El abogado Juan E. Méndez, relator especial sobre tortura de la ONU, quien fue defensor de presos políticos detenido y torturado durante 18 meses, lo citó en su libro Taking a Stand: no se trató exactamente de un mea culpa sino de una acusación a Borges y a Cox por su influencia. Cox confirmó a CJR que recibió una llamada por esa fecha: “¿Nos estafaron?”, le preguntó Buckley con graciosa ingenuidad.

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