D’Onofrio y Gallardo, juntos, ya celebraron dos Libertadores. “Marcelo es mucho más que un técnico”, lo elogia el dirigente.
D’Onofrio y Gallardo, juntos, ya celebraron dos Libertadores. “Marcelo es mucho más que un técnico”, lo elogia el dirigente.

Los dos primeros goles –el de Pratto, después de un inolvidable tiki-tiki; el de Quintero, por siempre clavado en el ángulo– no los gritó. Ni una mueca hizo Rodolfo D'Onofrio. Ni un gesto.

"Imaginate… Estaba en el palco de honor, sentado al lado de Florentino Pérez (titular del Real Madrid), del presidente de España (Pedro Sánchez), y de los que dirigen la FIFA (Gianni Infantino) y la Conmebol (Alejandro Domínguez)… Cuando estoy de visitante no grito los goles, por respeto. Nunca. Pero te voy a confesar algo… En el tercero, cuando Pity (Martínez) hace esa corrida y ya terminaba el partido, me paro, me doy vuelta, lo miro a Florentino y al presidente español y les digo: 'Perdónenme, pero… ¡gooooool!'".

Y apretó el puño, después de 39 días interminables, desde aquel 31 de octubre (Noche de Brujas), cuando supo que River jugaría la finalísima de la Copa Libertadores contra Boca, hasta ese 9 de diciembre marcado a fuego.

D'Onofrio –71 años, riverplatense desde la cuna, presidente del club desde hace un lustro– vive un momento feliz. Pero agotador, claro, porque recién está cayendo de la vorágine que supuso el interminable Superclásico.

El presidente de River muestra cuántas Copas Libertadores hay en la vitrina del Monumental…
El presidente de River muestra cuántas Copas Libertadores hay en la vitrina del Monumental…

–¿Cuánto le llegó a pesar la tremenda connotación que cargó este partido? –Y… es muy fuerte. Algo soñado y divino… si lo ganás. Si no, es una tristeza enorme. Este triunfo va a perdurar: es para nuestros hijos, nietos y bisnietos.

–¿Y cómo se lo transita en la intimidad?

–Lo vivís con una tensión inmensa, una ansiedad muy grande. Los medios te solicitan, la gente te lo pide, titulan "Vida o muerte", "Tercera Guerra Mundial"… Todo eso sin dudas influye sobre vos.

–¿En la salud?

–Lo aguanté. Yo decía que esto me estaba haciendo envejecer dos años… Pero también te digo que cuando ganamos me sumé cinco años más de vida, ja ja.

–Cuénteme de sus primeros años como hincha.

–Me tocó una etapa difícil. Hasta los diez festejé muchos campeonatos. Después pasaron casi dos décadas hasta que volvimos. Me aguanté durante el primario, el secundario –en el Nacional Buenos Aires–, la Facultad de Ciencias Económicas… Luego me casé, tuve mi primer hijo y al año siguiente, en 1975, River salió campeón después de 18 años.

–Imagino que tiene amigos de Boca.

–¡Un montón! Empezando por mi cuñado… Medio en broma, me piden que deje el fútbol, porque "desde que llegaste vos nos va mal", ja ja.

Con los hinchas, que le agradecen los cinco años de gestión.
Con los hinchas, que le agradecen los cinco años de gestión.

–No es fácil gozar de esta seguidilla que les toca vivir ante Boca.

–Sí, es algo maravilloso que nos ha ocurrido, algo que el hincha de River valora mucho. Y ésta fue la alegría máxima. La broma del eterno rival ya no nos molesta más…

–…La del descenso.

–Eso se acabó. Porque les ganamos el partido más importante de la historia. Fuimos al duro lugar que nos tocó, nos levantamos, ¿y qué hicimos? Les ganamos la final. Ahora, cuando quieras cantar algo de la "B", te vas a acordar del Bernabeu, ja ja. Son bromas sanas, porque nunca quiero herir a nadie. Mucho de eso lo aprendí en el rugby, que practiqué en mi adolescencia. Además, cuando sos presidente tenés una obligación de bajar los decibeles. Debés mostrar cordura y serenidad.

–Gallardo es una pieza fundamental de este presente.

–Tendríamos que empezar por Enzo (Francescoli, manager del club), que es quien lo propuso. Cuando se fue Ramón Díaz, nos miramos con Enzo… ¿Y ahora? Y él dijo: "Tengo a la persona. Es Gallardo, porque coincide con el proyecto y es el momento para cambiar lo que queremos cambiar". Inmediatamente me di cuenta de la capacidad que tenía… y sobrepasó todo lo que podíamos imaginar.

–¿Cuál es su secreto?

–Es un líder. Tiene palabra, no se casa con nadie, planifica muy bien el trabajo de todo un año… Y lo más importante es el grupo humano que se formó. Marcelo es mucho más que un técnico.

“Con Daniel (Angelici) tenemos conceptos diferentes, ideas distintas respecto del fútbol argentino, pero no mala relación. Después del partido le ofrecí todo mi apoyo”.
“Con Daniel (Angelici) tenemos conceptos diferentes, ideas distintas respecto del fútbol argentino, pero no mala relación. Después del partido le ofrecí todo mi apoyo”.

–Hábleme sobre Daniel Angelici. ¿Cómo definiría la relación que tiene con el presidente de Boca?

–Una de las primeras cosas que hice cuando asumí como presidente fue invitarlo a ver juntos un River-Boca en Mar del Plata. Mi relación con él… siempre intenté que fuera buena… Porque creo, y lo aprendí con mi viejo (fue interventor de la AFA) y se lo escuché decir a Julio Grondona, que River y Boca son fundamentales. Si no están juntos, es difícil que el fútbol argentino funcione. No porque los demás no sean importantes, sino por lo que ambos representan… Y yo traté de hacer eso. Tuvimos diferencias. Tenemos conceptos diferentes, valores diferentes, ideas distintas respecto del fútbol argentino, pero no mala relación. Puede ser que en lo mediático aparecieran como discusiones o peleas, pero no las tuve nunca.

–Por ahí él había quedado un poco enojado cuando usted entró a la cancha en la Bombonera aquella vez del gas pimienta.

–Si se enojó está en su derecho. Si vos me preguntás "¿alguna vez pensaste que ibas a hacer eso?". Yo… ¡jamás en la vida! No tiene nada que ver con mi personalidad. Pero estaba en el palco visitante, en un tercer piso, y veía lo que pasaba allá abajo. Lo único que hice fue bajar corriendo. Ni les pedí ayuda a los de seguridad para que me acompañaran. Veía que los jugadores estaban mal y eran como hijos míos. No quise molestar a los hinchas de Boca… Eso está lejos de mí. Tiene derecho de haberse molestado, porque me metí en su cancha, que es como un templo sagrado.

–Y después chocaron en este Superclásico luego de los piedrazos contra el micro…

–Ese día estuvimos reuniéndonos cuatro horas, con idas y vueltas. En este mismo escritorio pasó todo, con Infantino incluido. Los médicos de Conmebol decían que los jugadores de Boca estaban bien y tenían que jugar. Y yo creía que psicológicamente no podían estar bien. Bajé a ver a Marcelo y no me hizo falta decirle nada: él pensaba lo mismo. Cuando volví seguía la discusión y casi que había una exigencia de parte de Conmebol de jugar sí o sí. Entonces me acerco a Angelici y le digo al oído: "Andá al vestuario tranquilo, que yo te voy a apoyar para postergar este partido". Se fue, volvió… Estaba golpeado mal, porque sentía lo que pasaba en su vestuario, en las redes sociales… El presidente de la Conmebol me preguntó qué pensaba y le dije que había que postergarlo. Me preocupaba la gente, que estaba en la cancha desde la una. Nos pidió firmar una nota con la postergación hasta el día siguiente. Firmamos. Pero si entonces los jugadores no estaban bien, era lógico seguir posponiéndolo. Lo que nunca pensé es que esa noche estaban armando algo para pedir los puntos en la Conmebol. Tampoco critico que hiciera eso. Porque probablemente haya tenido la presión de dirigentes, cuerpo técnico, jugadores… No sé si fue una decisión muy personal de él. Le critico, sí, que nunca me dijo que iba a hacer la presentación. Si me llamaba y me decía: "Rodolfo, tengo un problema. La palabra que te di no la puedo cumplir"…

–Usted se hubiera enojado igual.

–No. Le habría dicho: "Vos seguí tu camino, defendé tus intereses y yo haré lo propio con los míos… Creo que estás totalmente equivocado, que no va a prosperar lo que vas a hacer, porque es absolutamente erróneo". Después volvimos a estar juntos y nos reíamos, charlamos…

Un Monumental repleto fue el lugar ideal para festejar una Libertadores muy especial.
Un Monumental repleto fue el lugar ideal para festejar una Libertadores muy especial.

–Cuando la final se mudó a Madrid, todos los futboleros sentimos una gran decepción.

–Hicimos todo lo posible para evitarlo. Todo. Primero porque era una injusticia para River. Segundo, porque teníamos 66 mil personas que habían comprado su entrada, muchos viniendo desde muy lejos. Sentí mucho dolor por ellos, peleé a muerte para jugarlo en el Monumental. Cuando el partido se va al exterior, en la reunión en la Conmebol pregunté por qué razón. Estaba (Claudio) Tapia en esa reunión. El tendría que haber dicho, como presidente de la AFA: "No, este partido no se saca del país. Es como mover el Obelisco". Mi queja es que el fútbol argentino se tendría que haber parado de manos… Pero la Conmebol también tenía el derecho de hacer lo que hizo; está en el reglamento… Ahora te cuento la parte linda: tengo que reconocer a los españoles, que organizaron el partido de manera maravillosa.

–Me imagino que en estos días se habrá acordado de su padre, el hombre que lo hizo riverplatense.

–Y… él era un poco mi ídolo. Un hombre de trabajo, un líder, que me enseñó valores y me llevó a la cancha siendo niño.

–¿A qué sector iban?

–A la platea Belgrano, media. Toda la vida, inamovible… Murió joven, y yo traté de seguir su camino. Fue un gran ejemplo. Y lo sigue siendo.

Por Eduardo Bejuk
Fotos: Fabián Mattiazzi y Prensa River Plate.

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