
Pasaron ocho presidentes… Veinticuatro ministros de Economía… Diez directores técnicos de la Selección… Pero en estos 34 años de realidad nacional hubo una constante, una imbatible fórmula humorística que ya forma parte del imaginario colectivo de los argentinos.
Midachi es indestructible. Sigue llenando teatros, se prepara para la temporada veraniega, hace llorar de risa a su público… Y Miguel del Sel (60), Rubén "Dady" Brieva (60) y Darío "Chino" Volpato (55) están ahí, al pie del cañón, como cuando recorrían pueblos arriba de un Renault 12, apretados pero llenos de sueños.
El viaje continúa y los mantiene unidos como antaño. Por caso, la están rompiendo con su nuevo show (Midachi Kindon) y restan tres funciones en el Opera de la avenida Corrientes: sábado 11, viernes 17 y sábado 18 de este mes. En el verano estarán desde el 4 de enero en el Radio City marplatense. Y sí, no paran.

–Muchachos, ya son tres décadas y media juntos… Cuando arrancaron, ¿se imaginaron este éxito?
Miguel: Mirá, el Chino y yo éramos docentes de Educación Física y, como muchas personas, el fin de semana nos la rebuscábamos para ganar unos mangos extra. En nuestro caso, con el humor; otros, haciendo música. Nos dimos cuenta de que al año ya ganábamos cinco veces más como humoristas. Y dijimos: "Vamos a arriesgar".
Dady: En mi caso pedí licencia en el IAPOS (la obra social de los empleados públicos) y lo hice para no volver. Cuando tenés el infierno en las tripas no pensás: es más fuerte que vos.
–¿En qué momento se dieron cuenta de que la cosa iba en serio?
M: Al año. Nuestro éxito es por el corazón y los huevos que le pusimos. Manejábamos la camioneta, bajábamos con los bolsitos, íbamos a un pueblo, al otro, llegábamos a las cinco de la mañana… Todo lo hacíamos nosotros.
D: Una noche, en la ruta, se nos rompió el parabrisas y nos cagábamos de frío. Para no congelarnos, nos empezamos a poner todo el vestuario: el poncho de Mercedes Sosa, los sombreros… Imaginate.
Chino: Yo nunca pensé que 34 años después estaríamos acá. Hoy, cuando alguien tiene un talento, el mundo del entretenimiento está más preparado para descubrir y encapsular ese talento y llevarlo al éxito.
M: Encapsular. Nunca la escuché, Chino. Ponela en negrita vos.
Ch: Je, je. Quiero decir que lo nuestro era un hobby con futuro incierto.
M: Las pelucas nos las prestaba un negocio de la peatonal de Santa Fe. Me las llevaba el viernes y las tenía que devolver el lunes. Cuando llegamos a Buenos Aires conocimos a Teresita Scali, número uno de las pelucas. Todavía trabaja con nosotros.

–¿Alguno tenía estudios de actuación?
Ch: La Educación Física nos dio algo, porque hay una materia que se llama Recreación. La usás mucho en las colonias de verano, por ejemplo. Dady había estudiado algo y yo venía de la música.
–¿Cómo fueron armando la personalidad del trío?
M: ¡De cada fracaso, ja ja!
D: Para que lo sepas, en Midachi nunca hubo un libreto.
–¿Cómo…?
Ch: Cuando Argentores nos pidió los libretos, nosotros le mandamos los títulos de cada sketch… Relación de pareja, ponele.
D: La descripción era: "Miguel me dice una cosa, yo le contesto otra, y hay un remate; después se mete el Chino, me peleo con él…", y así.
–¿Estaba ensayado por lo menos?
D: Pasa que laburábamos mucho, todo el tiempo. Así, agarrás una cancha que te ponen al lado a Frank Sinatra y no te importa nada.
M: Fuimos aprendiendo con la práctica. Hicimos cumpleaños de 15, clubes, festivales, peñas, galpones, grandes teatros… De todo. La mente va incorporando cada cosa que da resultado, y entonces en el momento la respuesta es espontánea.

–¿Cómo se mantiene la convivencia en un período tan extenso? Imagino que la amistad influye.
D: La gente cree que convivimos, ¿viste? Estoy en el supermercado y me preguntan: "¿Y el Chino?". "Y… qué sé yo" (risas). Nosotros tenemos una historia muy fuerte, de 34 años, que no hace falta que durmamos en camas cucheta para que se mantenga. Se nos fueron muriendo seres queridos, enfrentamos distintas situaciones económicas y sociales en el país, pasamos por separaciones, divorcios… Y siempre codo a codo.
M: A mi hermano hace un mes que no lo veo, y con ellos estoy todos los fines de semana. Nuestra relación supera todo. Después podemos tener las diferencias que queramos, que tampoco hacen mella.
–De algún modo ustedes dan un mensaje positivo, en tiempos en que la política ha dividido familias y roto amistades…
M: Pensar distinto nos hace crecer a todos. Cada uno tiene su inclinación. Más allá de que he sido un tipo apolítico, siempre estuve en contra de los corruptos. En un momento me animé a participar. A los corruptos los voy a rechazar siempre, sean del espacio mío o de otro. No me voy a callar. En definitiva, tenemos el mismo deseo: que a la gente le vaya mejor. Cada uno cree en alguien o no, pero eso no te tiene que llevar a la locura de ser un fanático y provocarle daño a alguien.
D: En nuestro país, el tema de las divisiones políticas viene desde mucho antes. Creo que está perfecto manifestarlas, no hay que esconderlas.
Ch: Yo creo que hay un mundo Midachi y lo vivimos con nuestras reglas, nuestras formas. Es el 70% de nuestra vida.
D: El Oreja (Raúl Fernández) –que es el cuarto Midachi– nos conoció en una peña en nuestros comienzos, y nos acompaña desde entonces. El creó una frase que resume todo: "Midachi es una forma de vida". Somos como un circo. Todos trabajan desde hace mil, como el sonidista (Gustavo Canna), que se viene desde Santa Fe, como el vestuarista (Carlos Passano), que está desde hace 28 años…
–Chino, para ir cerrando: hablame de Miguel y Dady…
Ch: A ver… Miguel es un gran improvisador de la vida y le ha dado frutos. Juega fuerte y es un tipo honesto, cualidades que hoy no se encuentran tan fácil. Midachi es su lugar preferido, porque se muestra tal cual es… Y Dady tiene un talento especial, muy trabajado. Es como el Irízar: va rompiendo el hielo. Por eso abre el show con su monólogo. Es un tipo que vive su vida y no le importa lo que piensen los demás.
–Tu turno, Miguel…
M: El Chino es lo mejor que le pasa al grupo: puro corazón, un pan de Dios. Le podés confiar cualquier cosa. Es el equilibrio, el que sostiene a los dos tarados, que somos nosotros. Hay que bancarse el rol que le ha tocado: primero era el pintón, ahora le toca ser el blanco de las gastadas… Y Dady es impresionante, de los tipos más graciosos de la Argentina, un precursor del stand-up. Hoy disfruta más que nunca en el escenario y yo me paro a mirarlo en cada función. Adoptó dos chicos, que es algo maravilloso… Hay que respetarlo mucho, más allá de que no coincidimos en algunas cosas, pero es espectacular.
D: Yo quiero decir que tanto Miguel como el Chino son una parte mía. Soy un Midachi, y me siento muy orgulloso de serlo. Ser Midachi es como una nacionalidad. Y estos dos son mi grupo comando. Somos una sola cosa.
Por Eduardo Bejuk. Fotos: Maximiliano Vernazza.
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