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El Indio Solari ante la vida, la enfermedad y la vejez: “Un ángel amateur me condenó al paraíso”

Hace diez años, anunciaba a sus fans que estaba enfermo: “No me van a bajar del escenario así nomás”, decía y prometía seguir cantando. Decía que tenía horror a la decrepitud, física y mental. Y murió “sin dejar entrar al viejo”

El Indio es entrevistado por Mario Pergolini antes del concierto de 2016, cuando anunció que tenía párkinson
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“Cada show es una prueba. Y me cuesta porque odio la decrepitud y, bueno, qué va a ser. That ‘s life”, le decía el Indio Solari a Mario Pergolini en la entrevista que le concedió horas antes del concierto en Tandil en 2016, en el que confirmó a sus fans que estaba enfermo: “Hoy voy a hablar con la gente, porque no tuve un show hasta ahora como para contarles lo que pasa, porque anda dando vueltas por ahí toda la información”.

Y agregaba: “No, no, no, no me gusta esto, porque yo también me aferro a la vida, si no, me pego un corchazo y se terminó”. No eludió el destino.

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En el video que abre esta nota están condensadas todas frases del Indio Solari sobre el tema en la charla con Pergolini, el día que puso fin a los rumores confirmando que tenía Párkinson.

Fue hace 10 años, pero en entrevistas posteriores —una en 2019, con Marcelo Figueras, y otra en 2024 con Pedro Rosenblat— reitera muchos de estos conceptos y, sobre todo, se muestra activo, con proyectos, aferrado a la vida, como le había dicho a Pergolini. De hecho, también en 2019, Sudamericana publicaba Recuerdos que mienten un poco, sus memorias en forma de diálogo con Figueras, una extensa obra —más de 800 páginas—, que revela la intención de dejar algo, un mensaje, un repaso de su vida a modo de legado, por parte de alguien que sin embargo rehuía siempre el lugar de referente en el que sus fans lo colocaban.

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Murio Indio Solari
Indio Solario, ex líder de los Redonditos de Ricota, durante el concierto en Tandil donde reunió a decenas de miles de personas y confirmó su diagnóstico de Parkinson (FOTO NA Diario ECO DE TANDIL)

Recibió y transmitió la noticia de su enfermedad, una que preanunciaba un retiro anticipado de los escenarios, con flema inglesa o con aceptación cristiana, aunque se dijese agnóstico.

Y con la misma sobriedad de la charla con Pergolini se lo comunicó a sus seguidores. Les pidió no hacer de esto “una tarea”, recordándoles que todos tienen su cruz y a cada uno le toca la que le toca.

Decía que tenía horror por la decrepitud, por las limitaciones físicas que entraña la vejez, pero su actitud ante la enfermedad y lo inevitable no fue la de un escapista. Aceptó mansamente su destino, y, en palabras de Clint Eastwood, esperó la muerte sin dejar “entrar al viejo”.

En la última entrevista disponible en video, con Rosenblat en octubre de 2024, algo más de un año y medio antes de su muerte, se muestra entero, pero esta vez de él sólo se ve una silueta negra recortada sobre un fondo de luz. Del avance de la enfermedad se nota la voz algo más ronca y alguna gestualidad no habitual. Pero el discurso es el mismo.

indio solari pedro rosemblat gelatina
La silueta del Indio Solari frente a la de Pedro Rosenblat, en la entrevista en Gelatina, octubre de 2024

Lejos de él la actitud de romantizar la vejez o negar sus complejidades, sus aspectos invalidantes y hasta penosos que un discurso a veces excesivamente optimista pretende ignorar.

A diferencia de la narrativa actual, los 30 años de sobrevida que la ciencia le ha brindado al hombre respecto de sus antepasados de hace unos siglos, le parecían antinaturales, o en todo caso, venían con una contrapartida, con “una cosa espantosa, para mí, que es la decrepitud”.

“Contados son los que llegan a 80 años en plenitud física, en plenitud mental —decía—, hay gente que se ha cuidado mucho, que no es mi caso. Y ni tampoco, porque, qué sé yo, hay gente que se ha cuidado muchísimo y se muere de cosas que...

Mencionaba los sentidos que declinan —vista, oído…— y algún otro problema más bochornoso aun, y concluía: “No es una sobrevida agradable, te duele todo, qué sé yo. Y yo evidentemente debo estar entrando en ello. Yo tengo Parkinson”, le decía a Pergolini.

Indio Solari y Mario Pergolini, en Tandil, año 2016
Indio Solari y Mario Pergolini, en Tandil, año 2016

Y pedía que no lo dijeran antes de que él hiciera el anuncio a la noche.

“Yo soy adorador de la juventud y desgraciadamente es una cosa que se escapa de las manos. Yo venía tirando papel picado hasta hace poco porque me sentía el hombre metálico, hasta que un día te dicen: ‘Me parece que… ya el papel picado no va’“. Y reía.

“No sirvo para viejo”, insistía.

A pesar de esa templanza y esa calma anglosajona —whisky en mano—, hubo un momento de quiebre en la entrevista con Pergolini, y aunque la cámara se hace discreta en ese momento, se nota el impacto en la voz. Es ante la pregunta: “¿Qué te emociona?”

Y él responde, con un nudo en la garganta: “Es una oportunidad muy especial la muerte para librarte de tus compromisos y hacer lo que quieras”. Una respuesta que más parece una protección.

Los editores ilustran el momento con la canción Y mientras tanto el sol se muere, compuesta en 2007, y dedicada por el Indio a su esposa, Virginia Mones Ruiz, que tiene versos premonitorios: "Qué corta es la vida, mi amor. No voy a buscar más consuelos tontos, no. Si pasa algo malo esta vez te voy a buscar en la oscuridad. Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor, si Dios no me quiere en tu eternidad. Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún. Un poquito tarde esta vez se va a hacer. Y mientras tanto el sol se muere y no parece importarnos. Mientras te quiero el sol se apaga. Y si Dios quiere, nada, no existe, te amaré mucho más”.

En otro momento de la charla, llama a la muerte “la bella señora” y cuando Pergolini le dice que 67 años “no es nada”, él replica “Ya vas a ver cuando te toque”.

Indio Solari - Plaza de Mayo - drone
La despedida de sus fans en Plaza de Mayo (Fotografía: Gastón Taylor)

Cuando sube al escenario, le toma un rato lograr que el público haga silencio.

“Por favor, quisiera decirles algo”, anuncia, mientras sigue la ovación de los fans. “Si me pueden escuchar, les voy a agradecer mucho. Quiero decirles algo que tengo la necesidad de decirles”.

Finalmente, se hace silencio. Y cuando empieza a hablar de nuevo se nota la inflexión que las emociones provocan en la voz: “Anda circulando en Internet una versión de que estoy enfermo. Y es verdad. Mister Parkinson me anda pisando los talones. Pero bueno, digo, aquí estoy, hace rato que eso pasa. No me van a bajar del escenario así nomás. No hagamos una tarea de esto. Todo el mundo tiene algún conocido, algún pariente que tiene alguna enfermedad. A cada uno le toca, esta es la vida, la vida es así”.

En la entrevista con Rosenblat, alude a otra canción, Serenata de los santos fumadores, lanzada en ese momento, octubre de 2024, interpretada por Valentina Cooke. Había sido compuesta mucho antes, según el Indio. “Es una de mis mejores canciones de todos los tiempos”, aseguró Solari cuando finalmente se grabó.

Según él la demora se debió a que era “una canción que estuvo esperando varios años una interpretación que esté a la altura”. Pero escuchando la letra es inevitable pensar que la canción también esperaba el momento en que tuviera todo su sentido.

Intenté separar/el tiempo y mi vida / y el tiempo feroz casi me la quitó

La borrasca esta aquí / luego será la lluvia / y ningún cielo me juzga /soñar

…………………

Una vez yo nací / y llegué a este momento / con mi libertad / que no responde al martirio

Es temprano aún / para irme al silencio / este planeta es un lugar adorable /amar.

gastón daus indio solari
La última foto divulgada por un amigo

El novelista francés Jean Lartéguy decía que “el último acto era siempre el más importante”, es decir, el cómo un hombre enfrenta la muerte.

“Un ángel zonzo, amateur /Me condenó al paraíso”, escribió el Indio en 2021, en una canción en la que empezaba diciendo que sus “intereses, quizá, no fueron saludables”.

Sólo un ángel desorientado podía confundirse así y enviar al paraíso a quien no se consideraba digno de él, y a la vez estaba reconociendo implícitamente su existencia. Mucho cielo para un agnóstico.

“Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí”, admitía,a la vez que aceptaba el destino con humildad —“sólo me falta saber / la fecha y el lugar”.

Y, pese a todo proclamaba: “Allí iré cantando”.

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