
Un estudio reciente de la University of Illinois Chicago (UIC) muestra que la actividad física moderada a vigorosa ayuda a conservar la estructura cerebral en adultos. El trabajo dirigido por la Dra. Shannon Halloway evidencia que este tipo de ejercicio contribuye al mantenimiento del volumen de la materia blanca y el hipocampo, regiones esenciales para la función cognitiva.
Practicar actividad física de intensidad moderada o alta puede proteger regiones del cerebro como la materia blanca y el hipocampo, cuyos volúmenes suelen disminuir con la edad. Según la UIC, este tipo de ejercicio ayuda a retrasar el deterioro cognitivo y a mantener la autonomía mental en la adultez.
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Más allá de la estructura física, el equipo de la UIC destaca que el ejercicio físico actúa como un ‘andamiaje’ (scaffolding). Esto significa que, incluso si el cerebro presenta algunas señales de envejecimiento, la actividad física ayuda a crear rutas neuronales alternativas. Esto permite que el adulto mayor siga funcionando con normalidad, compensando las áreas dañadas con estas nuevas conexiones fortalecidas por el movimiento.
El equipo de la UIC señala que la actividad física no solo produce beneficios inmediatos para el bienestar, sino que también funciona como un factor protector mecánico y biológico para la salud cerebral.
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Cómo preserva el ejercicio la materia blanca y el hipocampo
El estudio dirigido por la Dra. Halloway detectó que quienes realizan actividad física moderada o vigorosa presentan mayores volúmenes de materia blanca y un hipocampo mejor conservado en las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética.

La materia blanca agrupa fibras nerviosas que permiten una transmisión eficiente de señales, mientras el hipocampo, situado en el lóbulo temporal, es fundamental en los procesos de aprendizaje y memoria.
Detalles del estudio y su relevancia para frenar el deterioro cognitivo
La investigación, difundida a mediados de abril de este año, empleó resonancias magnéticas avanzadas para medir la salud y el tamaño de regiones cerebrales relevantes. El equipo de la UIC resalta que combinar métodos de imagen precisos con el análisis de la actividad física demuestra un impacto positivo del ejercicio sobre el tejido cerebral.
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Estos hallazgos brindan evidencias útiles para recomendar la actividad física como herramienta para prevenir el deterioro cognitivo en adultos mayores. Fomentar la práctica habitual de ejercicio moderado o vigoroso podría ser clave para mantener la función cerebral durante el envejecimiento.
Las tecnologías de imagen permitieron comprobar que el efecto protector del ejercicio se refleja en cambios observables y medibles en el cerebro adulto.
Un aspecto distintivo de esta investigación es su enfoque en la equidad sanitaria. El equipo de la Dra. Halloway ha priorizado la inclusión de participantes de diversas comunidades étnicas y socioeconómicas, reconociendo que factores como el acceso a espacios seguros para ejercitarse influyen directamente en la salud neurológica.
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Según la investigadora, entender cómo la actividad física protege el cerebro en poblaciones históricamente subrepresentadas es crucial para diseñar políticas de salud pública que no solo busquen la longevidad, sino que reduzcan la brecha de incidencia de demencia en comunidades vulnerables.
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