
La menopausia es un paso obligado para todas las mujeres en torno a los 50 años. Designa el momento en que se deja de menstruar. Algunos de sus incómodos síntomas son los calores súbitos, el sudor nocturno y la sequedad vaginal. Sin embargo, no todas las mujeres sienten estos efectos con la misma intensidad ni durante el mismo tiempo.
Entre los aliados naturales para atenuar los sofocos de la menopausia están las plantas y el deporte. Las hormonas —que tienen tanto beneficios como riesgos— no son la única solución para esas irritantes oleadas de calor repentino que pueden experimentar las mujeres en esta etapa.
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Los efectos de la planta medicinal cimicífuga racemosa han sido reconocidos por la Organización Mundial de la Salud. La organización considera clínicamente probada su eficacia en el tratamiento de los sofocos, pero también de los trastornos del sueño y la irritabilidad. En Santé Magazine, Jean-Ernest Altherr, ginecólogo, lo explica así: “Ligeramente estrogénica, su acción es más bien sobre la hipófisis, en la base del cerebro, con un efecto regulador central. Por lo tanto, tiene menos contraindicaciones que otras plantas estrogénicas como la soja, la salvia o el lúpulo”.
La cimicífuga racemosa viene en extractos secos en forma de comprimidos o cápsulas. La dosis recomendada oscila entre 40 y 80 miligramos por día, es decir, 1 a 2 comprimidos de 20 mg, 2 veces al día. Hacen falta entre 3 y 4 semanas de tratamiento para sentir sus efectos y evaluar su eficacia en cada caso. Se debe cumplir en total una cura de al menos 3 meses. Esta planta no debe ser consumida por mujeres que hayan tenido un cáncer hormonodependiente (mama, ovario) en los últimos 5 años.
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El aceite esencial de salvia esclarea alivia los sudores súbitos de la menopausia. La salvia es reconocida por su efecto estrogénico que compensa el descenso hormonal y por su acción antitranspirante. Este aceite es indicado en los casos en que los sofocos se acompañan de abundante sudoración. El doctor Altherr dice al respecto: “Constato en el 70 % de los casos una disminución de los sofocos al cabo de 3 a 4 semanas”.
El aceite de salvia esclarea puede tomarse puro, volcando una gota sobre un terrón de azúcar o en comprimido, dos o tres por día. Altherr advierte: “Para evitar los riesgos de sobredosis, se utiliza diluido, en forma de cápsulas o solución bebible preparada por el farmacéutico”. Se debe tomar 1 cápsula o 15 gotas a la mañana, al mediodía y por la noche. Si la mejora es insuficiente después de un mes, se puede duplicar la posología. A los 3 meses se debe hacer una pausa antes de reiniciar el tratamiento si hiciera falta. El aceite esencial de salvia esclarea contiene una gran cantidad de fitoestrógenos: al igual que la cimicífuga racemosa, este aceite no debe usarse en caso de antecedentes personales o familiares de cáncer hormonodependiente.
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La actividad física modera las fluctuaciones hormonales
“En general, las mujeres que permanecen más activas durante la menopausia son las que menos sufren sus efectos, en especial los sofocos”, dijo a Santé Magazine la ginecóloga homeópata Christelle Charvet. El deporte contribuye a regular las fluctuaciones hormonales, características de la menopausia. El ejercicio también reduce el estrés y el sobrepeso, dos factores agravantes de los sofocos.
Un estudio realizado en Estados Unidos en 2012 mostró que las mujeres tenían menos sofocos en las 24 horas posteriores a una sesión de 30 minutos de actividad cardiovascular moderada. En consecuencia, media hora de actividad 2 a 3 veces por semana es lo aconsejable. Pero debe tratarse de un ejercicio que implique cierto esfuerzo: caminata enérgica, bicicleta, fitness, aquagym, salsa, etcétera.
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Un estudio del Smith College muestra que el sedentarismo incrementa la probabilidad de sufrir sofocos nocturnos. “Dado que las mujeres cercanas a la transición de la menopausia dedican gran parte de sus actividades diarias a conductas sedentarias, es importante entender cómo tal comportamiento influye en los sofocos de la menopausia; conocer ese mecanismo puede mejorar las recomendaciones de estilo de vida basadas en pruebas”, dijo la doctora Sarah Witkowski, fisióloga del ejercicio en el Smith College y coautora del estudio.
Sea cual sea el ejercicio que se elija, la clave está en la regularidad.
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