“Tengo 79 años, vivo sola y no quiero lástima”

La soledad en una persona mayor tiene imagen negativa y no es en vano. Pero no siempre es así. No en todos los casos existe el imperativo de llenar un vacío, al menos no como lo conciben los demás

Guardar
Imagen de una abuela admirando su reflejo, reflejando el cuidado de la piel y el cuerpo, y el amor propio. Su expresión serena transmite una profunda conexión con su bienestar físico y emocional, destacando la importancia de la salud y la autoestima en la tercera edad. (Imagen ilustrativa Infobae)
No todos los adultos mayores sufren por vivir solos. Si la salud acompaña, para muchos de ellos es una manera de preservar intimidad y autonomía (Imagen ilustrativa Infobae)

Cuando una persona mayor se queda sola, por las circunstancias que sean, se suele pensar que va a estar mal. Se fueron los hijos, perdió a su compañero o compañera de vida, no tuvo descendencia o la familia está lejos o ausente, los amigos partieron. Y su entorno siente que hay que buscarle compañía inmediatamente, que tiene que salir a encontrar nueva pareja, o que es importante que esté en un lugar rodeada de otros que la acompañen. Es casi un imperativo. Pero no, no siempre la persona que se queda sola necesita llenar un vacío, al menos no como lo concebimos los demás.

Circulan por internet algunos testimonios de personas mayores que se sienten bien estando solas. Muchos son anónimos, o se publican bajo nombres cuya autenticidad no podemos confirmar. Sin embargo, lo que dicen refleja el sentir de mucha gente, sobre todo de aquellos que optan por una soledad elegida, permanente o circunstancial.

Es el caso de Carmen, cuyo testimonio es compartido en redes sociales. Dice así:

Tengo 79 años. Vivo sola y no me avergüenzo de decirlo. Cuando la gente oye la frase “mujer mayor vive sola“, sus pensamientos se deslizan inmediatamente hacia la lástima.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Muchos adultos mayores eligen vivir solos y preservar su intimidad y autonomía (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Te sientes sola? ¿No tienes miedo? ¿Quizás alguien debería mudarse contigo?

Quieren lo mejor. Y por eso podemos agradecerles. Pero hay una verdad de la que pocos hablan. No vivo simplemente sola. Vivo sola, con dignidad.

Crié hijos. Empaquetaba almuerzos, doblaba ropa, trabajaba turnos largos y estiraba el presupuesto familiar como una goma. Me sentaba en las gradas a verlos jugar. Esperaba en el sofá hasta que todos volvían. Escuchaba problemas ajenos a las dos de la madrugada y no se los contaba a nadie. Mi vida era plena. Ruidosa. Ocupada. Hermosa.

¿Y ahora? En la casa hay silencio. Las habitaciones suenan diferente. Los pasos, solo los míos y de nadie más.

Por un tiempo pensé que eso significaba que algo estaba mal conmigo. Porque todos repetían: “Debes vivir con la familia. No puedes estar sola. Seguro que extrañas terriblemente.”

Y empecé a preguntarme: ¿Soy egoísta por querer mi espacio? ¿Soy rara porque me gusta mi propia compañía? ¿Estoy equivocada por no llorar sobre la almohada cada noche?

Luego, una mañana, me senté en mi pequeña mesa de cocina con el café en mi vieja taza favorita y de repente entendí. No estoy abandonada. No estoy olvidada. No estoy rota. Estoy aquí. Todavía puedo. Todavía pienso claramente. Todavía pago sola las facturas. Todavía decido sola cómo será mi vida.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El poder decidir qué se hace en cada momento del día, en cada día de la semana, es algo valioso a los ojos de muchos adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desayuno cuando quiero, leo libros en silencio, miro series sin pelear por el mando. Riego las flores y hablo con las plantas como si fueran viejos conocidos. Hago paseos a mi ritmo, con paradas cuando lo deseo.

Mis hijos tienen su propia vida y estoy orgullosa de eso. Vienen, llaman, se interesan. Pero su trabajo no es llenar cada hora de mi día.

Mi vida todavía me pertenece. Vivir sola no significa no ser amada. Significa ser confiable.

Confían en mi fuerza. Confían en mi mente. Confían en que pediré ayuda cuando sea realmente necesaria. Y la pido cuando hace falta. Eso no es debilidad. Es madurez.

Tengo vecinos que saludan con la mano. Un cartero al que le gusta charlar. Una vendedora que sabe que compro pan blandito y bananas un poco verdes.

Hay iglesias en línea, cuando las rodillas me duelen y no tengo fuerzas para salir. Hay amigas de mi edad que llaman y dicen ¿sigues viva? Y yo respondo de tal manera que ríen hasta las lágrimas.

No, no estoy siempre sola y no siempre triste. A veces la tristeza viene, sí. Pero les viene a todos, a casados, a solteros, a jóvenes, a mayores.

Y lo que siento más a menudo es paz. Paz en el sillón junto a la ventana. Paz en los pequeños rituales. Paz porque durante muchos años cuidé de todos los demás… Y ahora tengo pleno derecho a cuidarme a mí misma.

Señora mayor disfruta de la lectura en solitario en un banco de parque, evidenciando cómo los momentos de tranquilidad pueden ser un refugio contra la soledad y el aislamiento. La imagen invita a considerar el impacto de la falta de interacciones sociales en la salud mental, y la necesidad de abordar estos temas a través de la psicología y la terapia. (Imagen ilustrativa Infobae)
"Lo que siento más a menudo es paz", dice la mujer del testimonio que tras años de cuidar de otros hoy disfruta de cuidarse a sí misma (Imagen ilustrativa Infobae)

La palabra de los especialistas

En un trabajo de campo realizado por María Concepción Arroyo Rueda y Perla Vanessa de los Santos Amaya, publicado en la revista Perspectivas sociales, y titulado “Motivaciones, significados y afrontamiento de la soledad elegida en la vejez”, podemos leer en las conclusiones que “elegir la soledad en la vejez puede representar para las personas que así lo deciden, una manera de autocuidado que saben que nadie más les proporcionará, porque consideran que son ellas mismas las que deben asumir la responsabilidad de construir una vida gratificante y con bienestar y no dejar esta responsabilidad a nadie más”.

Aunque la soledad es “un fenómeno que afecta a muchos”, las autoras advierten que no se debe pensar “solamente en su significado negativo”. Existe un número de personas que eligen la soledad, agregan y señalan que se trata de “personas que disfrutan y se gratifican de la experiencia, pero sobre todo la eligen y la aceptan como forma de vida”. Esa opción de la soledad puede tener por finalidad protegerse “de experimentar algunas situaciones adversas o de conflicto que eligen no vivir; esto implica a veces un desinvolucramiento afectivo y dejar de lado ciertas dependencias emocionales, no sin algunos costos por supuesto”.

Los que eligen la soledad, siguen diciendo las autoras, son personas que no experimentan temor ante esa condición y que trascienden estereotipos tales como que vejez es igual a soledad, y que soledad implica necesariamente tristeza o sufrimiento, y rechazan discursos del tipo “no es bueno estar solo, debes buscarte a alguien con quien vivir”, entre otros comentarios, que no tienen en cuenta que a veces la convivencia puede ser más problemática que la soledad.

No está de más recordar que aquí se está hablando de soledad elegida. Diferentes y numerosos estudios han demostrado ampliamente que la soledad no elegida afecta la salud e incluso acorta la vida.

Pero un recordatorio importante que trae este texto es que vivir solo no significa necesariamente estar solo en la vida. Vivir solo no es incompatible con mantener vínculos con amigos y familia.

Últimas Noticias

La IA no iguala, expone: los datos de Anthropic que muestran cómo la experiencia “silver” define el éxito de cada usuario

En un giro clave para el mercado laboral, dos informes revelan que la inteligencia artificial no es un terreno exclusivo para nativos digitales. Por el contrario, el sólido marco cognitivo previo se está consolidando como el verdadero amplificador de resultados. No es la edad, es la fluidez y el criterio

La IA no iguala, expone: los datos de Anthropic que muestran cómo la experiencia “silver” define el éxito de cada usuario

Caídas después de los 50: cómo moverse más y adaptar la casa puede evitar sustos y lesiones

Expertos del Reino Unido analizaron datos globales y presentaron nuevas recomendaciones en la revista The BMJ. Qué hay que tener en cuenta cuando se arrastran los pies

Caídas después de los 50: cómo moverse más y adaptar la casa puede evitar sustos y lesiones

Yoga en silla: de qué se trata y por qué es ideal para los seniors

El inmovilismo es enemigo de las articulaciones, los músculos y la resistencia al esfuerzo. Pero a partir de cierta edad no todos los deportes ni cualquier gimnasia son aconsejados

Yoga en silla: de qué se trata y por qué es ideal para los seniors

El valor de la historia: los 10 monumentos que marcan la hoja de ruta del viajero cultural silver

Estadísticas recientes muestran un interés sin precedentes en lugares históricos de múltiples naciones, impulsando rutas especializadas que invitan a descubrir el legado regional desde diversas perspectivas

El valor de la historia: los 10 monumentos que marcan la hoja de ruta del viajero cultural silver

El duro balance de un profesor tras 40 años de docencia: “Estamos perpetuando el fracaso, venimos en caída libre”

A sus 60 años, Jorge Angelini podría muy bien estar jubilado. Dio clase ininterrumpidamente desde 1986 y pese al balance negativo no pierde el entusiasmo. Está entre los docentes a los que la titular provincial de Educación llama “defensores del dificilismo”

El duro balance de un profesor tras 40 años de docencia: “Estamos perpetuando el fracaso, venimos en caída libre”