La dieta recomendada por especialistas para cuidar la memoria

Además de la alimentación, rutinas diarias que incluyan ejercicio físico, actividades intelectuales y vida social favorecen la protección de la mente en todas las etapas

Algunos alimentos pueden favorecer la memoria y la concentración. (Freepik)
Algunos alimentos pueden favorecer la memoria y la concentración. (Freepik)
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Una alimentación equilibrada y rica en nutrientes clave puede jugar un papel importante en la protección de la memoria y la salud cerebral, según un análisis de Santé Magazine. Especialistas consultados como el doctor Olivier de Ladoucette, psiquiatra, geriatra y presidente de la fundación Recherche Alzheimer, recalcan que mantener buenos hábitos alimenticios, sumados a ejercicio y descanso, contribuye realmente a prevenir el deterioro cognitivo.

La importancia de la nutrición para el funcionamiento cerebral cuenta con respaldo científico internacional, de acuerdo con Santé Magazine. El doctor De Ladoucette advierte que no existen medicamentos ni alimentos capaces de ofrecer mejoras rápidas o definitivas para la memoria. Sin embargo, apostar por una dieta balanceada puede influir de forma positiva en la química cerebral y contribuir a frenar el declive cognitivo propio del envejecimiento.

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Entre los nutrientes esenciales, los ácidos grasos omega-3 encabezan las recomendaciones para el cuidado de la memoria. El especialista subraya que consumir pescado graso —como salmón, arenque, caballa o sardina— de dos a tres veces por semana ayuda a proteger contra enfermedades demenciales. Asimismo, recomienda incorporar aceites vegetales, como colza, nuez o linaza, por sus efectos antiinflamatorios en el cerebro y su función en la formación de nuevas neuronas.

Las vitaminas también cumplen funciones determinantes en la neuroprotección. Las vitaminas B6, B9 (folato) y B12, presentes en cereales integrales, hígado, frutos secos, carnes, pescados y verduras de hoja verde, resultan indispensables para el desarrollo y buen funcionamiento cerebral. La carencia de estas vitaminas puede originar trastornos neurológicos de gravedad. Por otro lado, la vitamina D —principalmente producida por la exposición al sol y, en menor medida, obtenida de pescados grasos y huevos— aporta protección neuronal y disminuye la inflamación en el hipocampo asociada al envejecimiento.

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Alimentos ricos en vitamina del grupo B (AdobeStock)
Alimentos ricos en vitamina del grupo B (AdobeStock)

El aporte de antioxidantes es otro aspecto clave. Estas sustancias, abundantes en frutas, verduras, frutos secos, aceite de oliva, cacao y bebidas vegetales como café y té, ayudan a contrarrestar el estrés oxidativo responsable de acelerar el envejecimiento cerebral. “Los carotenoides, precursores de los retinoides, serían moléculas clave de la plasticidad sináptica cerebral”, precisa De Ladoucette. Agrega que el aceite de oliva y las nueces contienen compuestos neuroprotectores, al igual que los polifenoles, asociados a múltiples mecanismos de prevención.

En cuanto a los modelos de alimentación, la dieta MIND ocupa un lugar destacado según Santé Magazine. Creada en la Universidad Rush por la doctora Clare Morris, se llama MIND, por Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay, y combina aspectos de la dieta mediterránea y de la dieta DASH (contra la hipertensión), así como nutrientes que optimizan la salud de nuestro cerebro, tales como antioxidantes, fibra y omega-3.

La dieta MIND promueve especialmente el consumo de verduras de hoja verde —como espinaca, brócoli o col rizada— y bayas, gracias a su riqueza en compuestos bioactivos y antioxidantes.

Los hábitos saludables van más allá de la alimentación. El ejercicio aeróbico —conocido como cardio— es fundamental para reducir el riesgo de Alzheimer y proteger la función cerebral, tal como recuerda Santé Magazine. Realizar actividad física de forma constante, incluyendo caminar a paso rápido, correr, nadar o practicar ciclismo, puede disminuir entre un 30% y un 40% la probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

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Incorporar el ejercicio físico a la rutina diaria es otro hábito saludable para el cerebro

Siempre se recomienda consultar a un médico y adaptar la rutina a cada persona. El ejercicio fomenta el flujo sanguíneo, mantiene la elasticidad vascular y favorece la liberación de endorfinas, que contribuyen al bienestar y disminuyen el estrés.

A esto se suman los hábitos intelectuales y una vida social activa. Realizar ejercicios mentales, juegos, crucigramas, leer o explorar nuevas actividades ayuda a desarrollar la “reserva cognitiva”, considerada esencial en la prevención del deterioro. Buscar el bienestar emocional y garantizar un descanso adecuado completan el conjunto de factores protectores para la memoria.

Dedicarse cada día a la creatividad, el aprendizaje o la música transforma el cuidado de la mente en una experiencia placentera y útil.

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