
Un aumento sostenido de casos en adultos mayores, junto con la confusión frecuente con trastornos funcionales como el colon irritable, ha impulsado que la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se consolide como un desafío para el sistema de salud argentino. Especialistas del Hospital de Clínicas, centro de referencia universitario y FUNDECCU, Fundación Argentina de Ayuda para las personas con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, señalaron que el diagnóstico se retrasa por la presentación atípica de síntomas en personas de más de 60 años, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y dificulta el acceso oportuno a tratamientos adecuados.
Según Fabiana Miele (matrícula 2987), médica gastroenteróloga y presidenta de FUNDECCU, entre un 10 y 23% de los diagnósticos de EII corresponden a mayores de 60 años.
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Este fenómeno, impulsado por el envejecimiento poblacional y el aumento global de la incidencia, rompe con el paradigma tradicional que ubicaba a la patología principalmente en adultos jóvenes entre 15 y 35 años y contribuye a que, en los adultos mayores, la EII se confunda con otras enfermedades digestivas, lo cual retrasa el diagnóstico.

—¿Cómo se manifiesta la enfermedad en personas mayores?
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—A diferencia de los jóvenes o del adulto joven, los pacientes de este grupo etario suelen debutar con síntomas un poco más inespecíficos, como anemia, pérdida de peso y dolor abdominal intermitente. El sangrado, que es el síntoma más común en los jóvenes y adultos jóvenes, es un poco menos frecuente. Esto, sumado a que se puede confundir con otras enfermedades propias de estas edades, como divertículos, tumores de colon u otras patologías, puede enmascarar el cuadro clínico y provocar un retraso diagnóstico. Además, no siempre se piensa en esta enfermedad a estas edades porque es menos común.
—¿La evolución clínica cambia según la edad?
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—La evolución clínica de la enfermedad inflamatoria intestinal a esta edad presenta un escenario mixto. Si bien el comportamiento inflamatorio de la enfermedad tiende a ser más leve o menos agresivo, las consecuencias y complicaciones asociadas a la edad pueden hacer que su manejo sea más complejo y difícil de afrontar. Por otro lado, sabemos que el tiempo entre el diagnóstico de esta enfermedad y la posibilidad de desarrollar un cáncer colorrectal es más corto que en el resto de los pacientes.
Nosotros sabemos que esta enfermedad aumenta la incidencia de cáncer de colon a partir de los ocho años de diagnóstico. Bueno, estos tiempos, a estas edades, se acortarían de una manera diferente.
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—¿Cuáles son los principales desafíos en el tratamiento de estos pacientes?
—Los desafíos son de dos tipos: fisiológicos y económicos. Desde el punto de vista fisiológico, tenemos que tener en cuenta que el manejo farmacológico a estas edades está atravesado por otras cuestiones, como un fenómeno llamado inmunosenescencia, que significa el deterioro gradual que todas las personas tenemos con la edad de nuestro sistema inmunológico.
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Por otro lado, las comorbilidades, es decir, otras enfermedades que aparecen a estas edades, como diabetes, colesterol, obesidad e hipertensión arterial, conducen a la polimedicación, que está presente en aproximadamente un 40 % de los pacientes. Todo esto eleva el riesgo de interacciones y toxicidades farmacológicas.
Y además está el desafío económico. No hace falta remarcar que estos tratamientos son costosos y que no acceder al tratamiento complejiza mucho más el manejo de estas enfermedades, a cualquier edad.
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—¿Qué señales deberían motivar una consulta médica?
—Las señales que deberían motivar una consulta médica son el cambio del ritmo evacuatorio con tendencia a la diarrea, la urgencia para ir al baño y la presencia de sangre en la materia fecal. Eso nunca debe ser subestimado ni atribuido simplemente a hemorroides; siempre se debe consultar.
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Además, la presencia de anemia de origen no claro, pérdida de peso involuntaria, cansancio excesivo y fiebre persistente también deben motivar una consulta.
Estos factores elevan el riesgo de interacciones farmacológicas y dificultan el acceso a terapias óptimas, en un contexto agravado por el costo elevado de los tratamientos.
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El aumento de consultas e impacto social
La falta de conciencia social sobre la EII intensifica el aislamiento y la dificultad para acceder a la medicación. Fabiana Miele subrayó: “Mi mensaje en el Día de las Inflamatorias es nuevamente intentar visibilizar el impacto que tienen estas enfermedades. Generan una discapacidad visceral en muchos casos, producen una elevada tasa de fatiga crónica, aislamiento social y ansiedad. Impactan en todas las áreas de la vida de la persona: laboral, personal, emocional, educativa, sexual, psicológica”.
“Por otra parte, también es necesario sensibilizar a los legisladores argentinos respecto de la desprotección que tienen estas personas por la falta de acceso a sus medicamentos. Hoy están completamente desprotegidos en este aspecto. Nosotros impulsamos la ley integral de Crohn y colitis ulcerosa desde hace varios años, sin respuesta hasta el momento", agregó Miele.
“Por eso, el mensaje más importante para mí hoy es sensibilizar a los legisladores, que tienen en sus manos la posibilidad de mejorar la calidad de vida de estas personas que hoy no están siendo tratadas de la manera correcta, oportuna y necesaria", destacó.
El diagnóstico de la EII requiere integrar datos clínicos, análisis de laboratorio y una colonoscopía con biopsia. Olga Quintero (MN 145.474), médica de planta de la sección de EII del Servicio de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, indicó: “No hay un solo criterio para el diagnóstico. Hay tres pilares: la clínica, los laboratorios y la colonoscopía con biopsia”.
Tanto la enfermedad de Crohn como la colitis ulcerosa presentan síntomas similares —diarrea crónica, dolor abdominal, pérdida de peso— y muchas veces se subestiman señales clave como la presencia de sangre en la materia fecal o anemia sin causa evidente. Quintero recomendó que todo paciente con estos síntomas realice una consulta precoz para evitar daños irreversibles y preservar la calidad de vida.

El consumo de ultraprocesados y los factores de exacerbación
Las consultas y derivaciones por enfermedades inflamatorias intestinales han aumentado en los últimos años, fenómeno relacionado tanto con la industrialización de la dieta como con el uso indiscriminado de antibióticos. “Lo más recomendado es adherirse a la dieta mediterránea (basada en alimentos de origen vegetal y grasas saludables) porque se ha demostrado que los ultraprocesados son proinflamatorios”, explicó Quintero.

Entre los factores que pueden agravar los brotes se encuentran los alimentos ultraprocesados y la ingesta habitual de antibióticos, ya que ambos contribuyen a la alteración de la flora intestinal y al aumento de la inflamación crónica.
Las especialistas aclaran que, aunque la EII no tiene cura, existen estrategias eficaces para controlar los síntomas y llevar una vida plena. “El paciente no debe entrar en pánico porque cada vez hay más herramientas para una medicina personalizada y más posibilidades de tratarla de manera oportuna”, destacó Quintero.
El reconocimiento temprano de los síntomas —como el cambio persistente en el ritmo evacuatorio, la urgencia para ir al baño, la anemia de origen desconocido o la fiebre prolongada— y la consulta médica oportuna son claves para mejorar los resultados. La demora en el diagnóstico puede aumentar el riesgo de complicaciones, entre ellas el cáncer colorrectal, y condicionar la eficacia de las opciones terapéuticas disponibles.
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