
Según esta especialista, la mayoría de los casos de caída excesiva tienen un origen hormonal o alimentario. “El pelo no se cae solo porque sí, y cuando la pérdida es más intensa en los laterales, conviene revisar lo que ocurre dentro del organismo”, explica. En sus intervenciones en redes sociales y en el podcast Cuida tus hormonas comiendo rico, León destaca la importancia de observar si los cabellos caídos presentan una raíz blanca diminuta y si el pelo se ha vuelto más fino y frágil durante todo el año.
Uno de los factores menos conocidos que pueden influir en la salud capilar es el funcionamiento del hígado. Un órgano saturado no procesa bien los estrógenos ni elimina toxinas de forma eficiente, lo que puede alterar el equilibrio hormonal y afectar el crecimiento del pelo. La colina, nutriente esencial presente en alimentos como huevos, salmón, pollo y legumbres, ayuda al hígado en estas funciones y promueve un entorno favorable para el folículo piloso.
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El hierro se posiciona como el nutriente esencial para oxigenar el cuero cabelludo. Marta León subraya que “una deficiencia de hierro es muy frecuente en mujeres”, y advierte que la ferritina, la proteína que almacena las reservas de este mineral, suele estar por debajo de lo recomendable sin que muchas lo sepan. Cuando el hierro escasea, el folículo piloso no recibe el oxígeno ni los nutrientes necesarios, lo que compromete el crecimiento fuerte del cabello.

Este mineral no actúa solo. La biotina y el zinc completan el trío indispensable para mantener un pelo sano. Según León, la biotina —presente de forma destacada en los huevos— interviene directamente en la producción de queratina, la proteína fundamental del cabello. El zinc, por su parte, abunda en mariscos como mejillones y almejas, y contribuye al fortalecimiento del folículo piloso.
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La experta recomienda asegurarse de integrar en la dieta diaria alimentos ricos en hierro, como carne ecológica, pescado azul, legumbres, verduras de hoja verde y semillas trituradas de lino o chía. Además, los ya mencionados huevos y mariscos aportan no solo hierro, sino también biotina y zinc, nutrientes esenciales para la salud capilar.
Los alimentos de color anaranjado, como calabaza, zanahoria, boniato, mango, papaya o caqui, aparecen como aliados inesperados. Estos productos son ricos en betacarotenos, pigmentos que el organismo transforma en vitamina A, fundamental para la salud de la piel y el funcionamiento normal de los folículos. “Algo naranja al día puede marcar la diferencia a medio plazo”, señala León en sus vídeos.
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Por otra parte, los ácidos grasos omega-3, que se encuentran en el pescado azul y las semillas, cumplen un papel clave al favorecer la nutrición de los folículos y ayudar a mantener el equilibrio inflamatorio del cuero cabelludo. La especialista insiste en que no se trata de suplementar sin control, sino de recuperar alimentos que muchas personas han dejado de lado por miedo al colesterol o por hábitos adquiridos.

El estilo de vida también interviene en la ecuación. Dormir bien, gestionar el estrés y moverse a diario son los tres pilares que León recomienda para optimizar la regeneración capilar. El descanso regula la melatonina, una hormona crucial en los procesos de reparación celular. El estrés crónico eleva el cortisol y puede desplazar las prioridades biológicas, afectando al cabello. La actividad física, aunque sea caminar o subir escaleras, mejora la circulación y facilita que los nutrientes lleguen al cuero cabelludo.
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La conclusión de Marta León es clara: la caída persistente del cabello exige mirar más allá de los cambios de estación y los productos cosméticos. Revisar la dieta, cuidar el hígado y apostar por hábitos saludables pueden marcar la diferencia en la fuerza y el volumen del pelo, devolviendo el equilibrio desde dentro.
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