
Invitado a High Performance podcast, el Dr. Peter Attia, referente en longevidad y una de las voces más destacadas en medicina moderna, desarmó mitos, reconoció avances científicos y puso el foco en aquello que la industria suele olvidar: la importancia de la fuerza física, el propósito vital y la salud emocional.
“La masa muscular es la moneda de la longevidad”, sostuvo en su conversación con Jake Humphrey, conductor del podcast, y desafió tanto a quienes buscan atajos químicos como a quienes subestiman el impacto de los hábitos diarios.
Medicamentos metabólicos: beneficios y límites
Los avances en medicamentos metabólicos y la búsqueda de una mayor longevidad transformaron el panorama de la salud. Sin embargo, Attia advirtió que “estos medicamentos no reemplazan el ejercicio”, ya que, aunque fármacos como los agonistas de GLP-1 y GIP pueden brindar beneficios para el peso, el corazón y el cerebro, mantenerse físicamente activo sigue siendo esencial para la longevidad.
El especialista recalcó que el enfoque debe ser integral y adaptado a cada persona, y cuestionó el auge de suplementos y terapias poco reguladas, que a menudo desplazan intervenciones realmente fundamentales para el bienestar.
Attia admitió que, hace cinco años, también era escéptico respecto a los medicamentos para bajar de peso. En ese momento, su mayor preocupación era la pérdida de masa muscular en pacientes que no eran obesos mórbidos, ya que, según explicó, “gran parte del peso perdido no era grasa, sino músculo”.

No obstante, señaló que la evidencia más reciente indica que, además de favorecer la pérdida de peso, estos fármacos parecen reducir los riesgos de enfermedades cardíacas y demencia de manera independiente a la disminución de peso.
Según Attia, este cambio de opinión se sustenta en nuevos datos clínicos: “Cuando analizamos los resultados, vemos una disminución de eventos cardíacos adversos graves con el uso de esta clase de medicamentos, y esto ocurre incluso si la pérdida de peso no es significativa”.
El especialista considera que estos hallazgos podrían deberse a mecanismos adicionales relacionados con el control de glucosa e insulina, aunque insistió en la necesidad de contar con más estudios antes de sacar conclusiones definitivas.
Hormonas, péptidos y suplementación: una mirada crítica
Respecto a las terapias hormonales, Attia fue enfático: “La terapia de reemplazo de testosterona no es una solución milagrosa”. Señaló que suministrar testosterona a personas con malos hábitos alimenticios, descanso deficiente y alto estrés “no tendrá efecto”.
Únicamente cuando el paciente cuida su alimentación, sueño y entrenamiento, y aun así presenta niveles bajos, esta intervención puede resultar útil. Detalló que “un 60% o 70% de los hombres muestran mejoras notables siempre y cuando entrenen y mantengan hábitos saludables”.

Sobre los péptidos populares en internet, sostuvo que “carecen de evidencia y regulación suficiente”. Lamentó que estos compuestos sin respaldo científico se hagan tendencia en redes sociales, mientras que fármacos como los inhibidores de SGLT2 o de PCSK9, que sí demostraron prolongar la vida y proteger órganos vitales, reciben menos atención.
Al hablar de suplementos, el experto compartió su propio criterio: considera que la mayoría podría beneficiarse de creatina, algún tipo de magnesio de absorción lenta, vitamina D en caso de déficit, ácidos grasos omega-3 si no se consume suficiente pescado y un complejo de vitaminas B, sobre todo B12.
Ejercicio físico: el verdadero motor de la longevidad
Durante la conversación, Attia destacó que no basta con levantar peso para preservar la salud y la longevidad: es imprescindible combinar entrenamiento de fuerza, actividad cardiovascular, ejercicios de potencia y rutinas adaptadas a la edad y al sexo de cada persona.

Según detalló el especialista “con el tiempo, nuestras capacidades se ven limitadas principalmente por dos factores: la fuerza que podemos ejercer y la eficiencia con la que nuestro cuerpo utiliza el oxígeno”.
Attia explicó que, en sus consultas, trabaja con cada paciente para definir qué quiere poder hacer a los 80 o 90 años. A partir de eso, proyecta el nivel de fuerza y de capacidad cardiovascular que debería tener a los 40 o 50, y diseña un plan de entrenamiento personalizado para reducir esas diferencias.
Según él, la intensidad y la especificidad del ejercicio son más importantes que la cantidad de horas dedicadas: “Si el tiempo es escaso, es mejor priorizar sesiones de alta intensidad que entrenamientos largos pero poco exigentes”.
Sobre la estructura semanal, recomendó entre cuatro y seis sesiones de entrenamiento cardiovascular, combinando intervalos de alta intensidad y ejercicios de menor demanda, junto a cuatro sesiones de fuerza.

Incorpora rutinas de estabilización, ejercicios de una sola pierna y entrenamientos de potencia para proteger zonas vulnerables como la columna lumbar. Además, sugirió trabajar la movilidad y la reactividad: “Ejercitar la reacción en pies y manos, los saltos y los desplazamientos laterales es tan importante como levantar peso”.
En cuanto a la alimentación, explicó que hace más de diez años dejó atrás las dietas extremas. “No sigo ninguna dieta. Me centro en alcanzar el requerimiento diario de proteína, disfruto cocinar y mantengo una dieta equilibrada con cierto margen para el disfrute”, afirmó.
Salud emocional y propósito: el equilibrio esencial
Para Attia, la salud emocional tiene la misma importancia que la física. En High Performance podcast destacó que la calidad de los vínculos, la gestión del estrés y un sentido de propósito influyen de manera significativa en el bienestar y la longevidad, a veces más que el entrenamiento o la nutrición.
Sobre el propósito, afirmó: “No concibo la vida sin un propósito que trascienda a uno mismo”. Según Attia, este equilibrio ayuda a evitar conductas autodestructivas y mejora la calidad de vida, tanto física como emocional.
Finalmente, propuso una visión integradora de la longevidad, donde el bienestar y el éxito personal surgen al combinar hábitos saludables con un impacto positivo en los demás, transformando la longevidad en un compromiso activo con la propia salud y la de la comunidad.
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