“Tengo noventa años y me dan ganas de hacer el amor todas las noches”, se anima a decir en escena una de las protagonistas de La vida secreta de los viejos. Este proyecto teatral de Mohamed El Khatib nació en un hogar de ancianos de Chambéry, Francia. Ocho personas en un escenario confían al público sus deseos y sus diferentes maneras de concretarlos, pero recomiendan, sobre todo, “no decir nada a sus hijos”.
¿Es el fin de la vida el fin del amor?
Mohamed El Khatib trabajaba en un taller de teatro en un EHPAD (sigla en francés de Alojamiento para Personas Mayores Dependientes) de la pequeña ciudad del Jura francés. Cuando, al finalizar esa actividad, supo que había que esperar un año a que vinieran los siguientes artistas, decidió crear un centro de arte en la residencia para mayores. Allí descubrió que la palabra de estos “ancianos” era extremadamente libre. Como si ya no tuvieran que probar nada. Rápidamente, le empezaron a hablar de cosas bastante íntimas. De sus deseos, de su vida amorosa. Eso sí, al final de estas conversaciones, le recomendaban “sobre todo, no se lo diga a mis hijos”.
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En una entrevista que dio para el ciclo de charlas del semanario francés Le Nouvel Observateur titulada Los seniors en 2049, El Khatib aclaraba: “Los entiendo, porque yo, como hijo, no tengo ganas de conocer la vida íntima de mis padres… Es como un ángulo muerto para la sociedad. Escuchando a la gente me doy cuenta de que hay violencias, por ejemplo, a veces se impide que los residentes tengan relaciones amorosas. O la reacción de los asistentes cuando descubren a un hombre y una mujer en la misma cama. Los directivos aducen que quieren asegurarse del consentimiento de ambos y de su seguridad física. Pero algunos reaccionan de manera un poco torpe, cierran fuertemente la puerta, separan a la gente de manera violenta e infantilizante, hay una verdadera dificultad de encuadre para el deseo”.
Es así como empezó él su investigación. “Para saber cómo, después de los 75 o de los 80 años, se vive el amor”.
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Libertad de palabra
De los alrededor de 30 testimonios que recogió, a El Khatib lo sorprendió la libertad de palabra, la libertad de “tono” de los entrevistados. “Me dolió la profunda desigualdad entre hombres y mujeres. De manera bastante patética, en los hombres, a partir del momento en que ya el instrumento ‘penetrante’ no está operativo, desde que no hay más sentimiento de potencia, la vida sexual desaparece totalmente, radicalmente, hay una especie de miseria sexual. Las mujeres, desde ese punto de vista, son mucho más inventivas".
Muchas mujeres dicen que durante 40 años cumplieron con el deber conyugal pero luego, después de la muerte del marido o de un divorcio, redescubrieron una vida sexual, una vida de deseo.
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¿Por qué es secreta esta vida sexual de los viejos? ¿Por qué se esconde o por qué el resto de la sociedad se niega a ver que existe? “Están las dos cosas”, dice El Khatib, ante estas preguntas. “Porque ellos lo han vivido de manera escondida, por su educación, son cosas de las que no se habla, hay un problema de transmisión, es un tema tabú. Ellos mismos no lo hablaron con sus hijos. Y ahora me dicen ‘puede filmarme pero sobre todo no se lo diga a mis hijos’
¿De qué está hecha esa nueva sexualidad? “Hay mucho en las caricias, hay una aceptación del cuerpo, y pasa muchas veces por la palabra, por el contacto, el contacto físico. Con extrema dulzura se reinventan las maneras de hacer el amor, se desconecta la idea de performance”, explica El Khatib.
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Sobre la manera en que se acompaña a las personas consideradas ancianas, dice que le molesta, le duele, que se las “estacione”. Ve unidades “Alzheimer” en las residencias y confiesa que no querría “aparcar” a sus padres allí. Los ve como espacios en donde solo se acelera el final de la vida. “Y habría que reconciliarse, aceptar la vejez, rehabilitarla, no como con un momento de final sino con un momento de prolongación de la vida. Donde el deseo es posible”, declara.

Destaca que el hecho de haber puesto un centro de arte en un EHPAD, como podría haberlo sido en una guardería infantil, es reconectarlos con la vida, no hacer espacios cerrados sino, por el contrario, abrir espacios. “Y esto depende de la voluntad política”, afirma.
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Mohamed El Khatib es autor, director, productor y artista visual y desarrolla proyectos en los que convergen la performance, la literatura y el cine. A través de épicas íntimas y sociales, genera oportunidades de encuentro entre el arte y quienes se sienten marginados.
A través de La vida secreta de los viejos, que tiene ya programadas representaciones en numerosos teatros y festivales de arte en Europa, hacer visible una realidad que muchos intentan ocultar.
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Como dijo Blaise Pascal, “el amor no tiene edad…siempre está naciendo".
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