Las familias estadounidenses viven bajo presión para ajustar su consumo de energía en un contexto marcado por el conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, que desestabilizó los mercados y elevó los precios del petróleo y la gasolina. Las autoridades y organismos internacionales insisten en modificar los hábitos de consumo, aunque para millones de estadounidenses el margen de cambio es limitado y la actualización de la infraestructura energética avanza a un ritmo más lento que el aumento de los precios.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) indicó que las medidas para incrementar la oferta, como la liberación de grandes cantidades de petróleo desde la Reserva Estratégica de Estados Unidos, no alcanzan para contrarrestar el impacto del cierre del Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo fundamental para el tránsito global de crudo.
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El bloqueo redujo considerablemente la disponibilidad internacional y, en consecuencia, el costo de la gasolina aumentó 20% en solo un mes, mientras el barril de Brent supera los USD 100, según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA) y reportes de CBS News.
Incremento de precios y efectos inmediatos en la vida diaria
El alza de la gasolina afecta a todos los sectores: los conductores enfrentan mayores costos para llenar el depósito y el aumento del precio de los combustibles repercute en el transporte de mercancías, la logística de los supermercados y el precio final de los alimentos. Esta presión recae rápidamente en el presupuesto de los hogares, que ya se encuentran condicionados por la inflación.
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El gobierno liberó 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo, buscando aumentar la oferta y estabilizar los precios. No obstante, Matthew Bernstein, analista de la consultora energética Rystad Energy, afirmó a CBS News: “Las acciones centradas en la oferta no bastan para restablecer el equilibrio; la demanda de petróleo en Estados Unidos es poco elástica y los cambios de hábito resultan lentos o difíciles de implementar”.
Desafíos para cambiar los hábitos de consumo
La IEA y varias voces expertas recomendaron reducir la velocidad al conducir, compartir el coche, elegir el trabajo remoto o usar el transporte público cuando sea posible. Sin embargo, la infraestructura colectiva sigue siendo insuficiente en la mayor parte del país y los vehículos eléctricos permanecen fuera del alcance de la mayoría, debido a su elevado costo inicial, según análisis de CNN y The Wall Street Journal.
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El economista Paul Krugman recordó a CBS News que el teletrabajo durante la pandemia de 2020 logró disminuir el consumo de petróleo a mínimos históricos. Replicar esa reducción hoy es complicado, ya que muchas compañías muestran resistencia a emplear esquemas de trabajo remoto y la economía se encuentra plenamente reactivada.
Además, la cultura del automóvil define el estilo de vida estadounidense y las alternativas resultan inviable en zonas suburbanas y rurales.
Entre las recomendaciones para contener el gasto energético figuran llenar parcialmente los tanques de calefacción doméstica, evitar desplazamientos innecesarios y reducir la velocidad en autopistas.
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Según AAA, reducir la velocidad en autopistas mejora el consumo hasta en un 14%. Mark Wolfe, director de la National Energy Assistance Directors Association, planteó a NBC News que “los hogares que utilizan gasóleo para calefacción deberían limitar sus compras a lo indispensable, evitando agotar existencias locales y para que no haya desabasto en el sistema general, mientras los precios se mantengan altos debido a la dificultad para reabastecer en plena crisis”.
Presión sostenida en los mercados y perspectivas a corto plazo
El bloqueo del Estrecho de Ormuz, que estimaciones de la firma de investigación Oxford Economics sitúan al menos hasta mayo, ha supuesto una reducción del suministro global de petróleo y volatilidad persistente en los precios. Si el conflicto se prolonga y el crudo supera los USD 120 por barril —nivel en el que históricamente cae la demanda—, los analistas advierten que la contracción económica podría agravarse y que disminuirá el consumo forzadamente.
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Medios estadounidenses como Bloomberg y The New York Times informaron que el gobierno considera nuevas liberaciones coordinadas de reservas junto a otros países, aunque tales acciones solo brindan respiro temporal. Según la IEA: “Las medidas del lado de la demanda se han vuelto una herramienta urgente e indispensable para evitar que el impacto en los consumidores sea aún mayor”.
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