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El fraude a adultos mayores crece de forma alarmante en Estados Unidos

La preocupación entre agentes federales y autoridades locales aumenta por la magnitud de las estafas, que han provocado importantes pérdidas económicas y afectaciones emocionales en una de las poblaciones más vulnerables durante el último año

Un hombre mayor con camisa a cuadros azul y blanca habla por teléfono, mostrando preocupación. Una mujer joven le señala una declaración de tarjeta de crédito en una mesa.
El fraude a adultos mayores en Estados Unidos provocó pérdidas de $4.800 millones en 2024, según el FBI y autoridades de Nueva York (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El fraude dirigido a adultos mayores en Estados Unidos se encuentra en una fase de crecimiento alarmante, según alertan el FBI y autoridades de la ciudad de Nueva York. Durante 2024, los estadounidenses mayores perdieron $4.800 millones a causa de estafas, una cifra que refleja un incremento del 43% en los reportes de robo por fraude en tan solo un año. Las estadísticas muestran que casi 150.000 personas mayores de 60 años denunciaron ser víctimas de estos delitos, con una pérdida promedio de $83.000 por persona, lo que pone de manifiesto la gravedad y el alcance de esta problemática que afecta a una de las poblaciones más vulnerables del país.

El agente especial Michael Ratta, quien encabeza la división criminal del FBI en Nueva York, subraya que el fraude a personas mayores es una “gran preocupación” para las autoridades. Ratta advierte que los delincuentes no solo se aprovechan de eventuales disminuciones cognitivas, sino que también explotan los sentimientos y la confianza de los adultos mayores, empleando métodos cada vez más sofisticados para lograr sus objetivos.

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Un caso que ilustra de forma contundente el dolor y las consecuencias de estas estafas es el de Carlos Velázquez, abogado jubilado de 78 años, y su esposa Irene, artista de teatro de 75 años. Ambos se encuentran luchando para sobrevivir con los escasos recursos que les quedan, después de haber perdido “todos los ahorros de su vida” en manos de un presunto estafador. Según relatan, en septiembre de 2024 les robaron $500.000, una suma que habían destinado a asegurar su retiro y tranquilidad.

Anciana con expresión seria habla por teléfono en una mesa con documentos, billetes de dólar y calculadora; silueta oscura de persona al fondo.
El número de denuncias de estafas a mayores de 60 años se incrementó un 43% en el último año, afectando a casi 150.000 personas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para los Velázquez, la pesadilla comenzó con un simple mensaje de texto que ofrecía una aparente oportunidad de empleo remoto para una empresa de software, que parecía legítima. Convencidos de que se trataba de una inversión segura con promesas de alta rentabilidad, Carlos fue persuadido por los delincuentes para acudir cuatro veces al banco y transferir importantes sumas de dinero a cuentas en Indonesia y Pakistán. “Me siento horrible. Me siento tan estúpido. No se supone que deba hacer este tipo de cosas”, confesó Carlos, visiblemente afectado. La situación llevó a Irene a vender la mayoría de sus joyas y ropa solo para poder cubrir la hipoteca de la casa donde han vivido por más de tres décadas.

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El impacto de la estafa se extiende mucho más allá de la pérdida financiera. Carlos e Irene, como muchos otros adultos mayores afectados, enfrentan ahora dificultades para costear su vida diaria y sufren las secuelas emocionales que deja este tipo de engaño. Irene describe la experiencia como devastadora, al punto de perder la motivación para levantarse cada mañana. A ello se suman los problemas de salud propios de la edad, que agravan aún más su situación de vulnerabilidad.

Las modalidades de fraude que afectan a los mayores son diversas y evolucionan constantemente. Los delincuentes emplean desde ofertas laborales falsas hasta complejas historias de emergencia familiar. Ratta explica que una táctica frecuente consiste en llamadas en las que los estafadores simulan la voz de un familiar, alegando situaciones de secuestro y solicitando transferencias inmediatas de dinero bajo la amenaza de daño físico a un ser querido. En muchos casos, los estafadores utilizan inteligencia artificial para generar voces, mensajes y llamadas que resultan convincentes, lo que dificulta aún más la detección del engaño.

Expertos advierten sobre el impacto de la IA en la salud mental
Cada víctima de fraude a adultos mayores en EE.UU. sufrió una pérdida promedio de $83.000, según estadísticas oficiales de 2024 (Imagen Ilustrativa Infobae)

El FBI reconoce la sofisticación creciente de estas técnicas y ha puesto en marcha dos iniciativas para combatir el problema. La primera, denominada “Take a Beat”, busca concienciar a la población sobre los riesgos y señales de alerta del fraude. La segunda, la Operación Level Up, se enfoca en la atención y el acompañamiento directo a las víctimas. Entre las recomendaciones principales, Ratta aconseja establecer una palabra de seguridad familiar, de modo que, ante una llamada sospechosa, solo quienes conozcan esa contraseña puedan confirmar su identidad y evitar ser engañados.

En palabras de Irene, una de las víctimas, la experiencia ha cambiado su vida profundamente, pero también le ha dado un nuevo propósito: advertir a otros adultos mayores para que no caigan en las mismas trampas. “Tengo que advertir a otros adultos mayores que no se dejen engañar, que no respondan a estas personas en sus teléfonos celulares”, afirmó, refiriéndose a la urgencia de compartir su historia para prevenir futuros fraudes.

A pesar de que, según las autoridades, el dinero perdido suele ser irrecuperable, existen recursos y apoyos para quienes han sido víctimas. En Nueva York, la Junta de Compensación para Víctimas de Delitos ofrece asistencia que abarca desde ayuda financiera y emocional hasta programas de comidas y apoyo para completar solicitudes de compensación. Lorraine Cortes-Vázquez, comisionada del Departamento de Envejecimiento de la Ciudad de Nueva York, explica que se acompaña a las personas mayores durante todo el proceso, canalizándolas a diferentes agencias para intentar compensar parte de las pérdidas sufridas.

El caso de Carlos e Irene refleja el costo humano detrás de las estadísticas, y la urgencia de fortalecer la protección y el acompañamiento a los adultos mayores ante una amenaza que no deja de crecer.

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