El impresionante pueblo de Tarragona repleto de calles empredradas que es ideal para desconectar en otoño y tiene menos de 45 habitantes

Sus casas de piedra, una iglesia románica del siglo XII y un entorno natural junto al río Brugent convierten a este pequeño rincón de las montañas de Prades en un refugio para escapar del bullicio

Pueblo de 40 habitantes
Calle de Farena, Tarragona. (Turismo Cataluña)
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Hay pueblos que parecen vivir al margen del reloj, escondidos entre montañas y rodeados de bosques que en otoño se tiñen de ocres, rojizos y dorados. Lugares donde el sonido de los pasos sobre la piedra sustituye al ruido del tráfico y donde las prisas dejan paso a paseos sin rumbo por callejuelas estrechas.

En el interior de Tarragona, lejos del bullicio de los grandes destinos turísticos, Farena es uno de esos rincones que invitan a bajar el ritmo y dejarse llevar por la tranquilidad de la montaña. Sus casas de piedra, sus calles empedradas y su reducido número de habitantes dibujan una estampa rural que cobra un encanto especial cuando llegan los meses de otoño.

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Un pueblo de piedra entre las montañas de Prades

Farena pertenece al municipio de Mont-ral, en la comarca del Alt Camp, y se encuentra junto al río Brugent, en un entorno marcado por los bosques y los relieves de las montañas de Prades. Su principal atractivo está en el propio casco antiguo, donde las casas de piedra y las callejuelas estrechas conservan la esencia de un pequeño núcleo rural.

Pasear por sus calles es descubrir un conjunto que ha mantenido buena parte de su fisonomía tradicional. Las viviendas, muchas de ellas rehabilitadas, se organizan en torno a un trazado de calles que dibuja una especie de semicírculo. En algunos tramos, el paso es tan estrecho que los vehículos no pueden circular, lo que permite recorrer el pueblo a pie y detenerse en los detalles de sus fachadas.

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Pueblo empedrado
Farena, Tarragona. (Turismo Cataluña)

Una iglesia románica y las huellas de su pasado medieval

Uno de los enclaves que no te puedes perder es la iglesia de Sant Andreu, uno de los edificios más representativos de Farena. Su origen se remonta al siglo XII y su presencia ayuda a entender cómo fue creciendo el pueblo a su alrededor. En el interior, además, conserva una decoración mural realizada en 1946 por el pintor Anton Català Gomis, un detalle que conecta la historia del templo medieval con una intervención artística mucho más reciente.

El pasado de Farena también asoma en los vestigios de su antiguo castillo y de la muralla, de los que apenas quedan algunos restos. Parte de esas huellas se conserva en Can Vilalta, una antigua construcción integrada en el entramado del pueblo. No hace falta encontrar grandes fortificaciones para percibir la historia del lugar: basta con recorrer sus callejuelas y observar cómo las casas se adaptan al terreno, siguiendo una disposición que conserva buena parte de su aspecto tradicional.

El Toll de l’Olla, una poza escondida entre los bosques

La visita a Farena también invita a dejar atrás las casas de piedra y adentrarse en el paisaje que rodea el pueblo. El río Brugent discurre por este entorno de montaña y forma pequeñas pozas entre las rocas. Una de las más conocidas es el Toll de l’Olla, un paraje natural situado en medio del bosque, junto a un salto de agua de unos 15 metros de altura.

Pozas en Farena
Toll de l’Olla. (Turismo Cataluña)

El camino hasta este rincón permite descubrir otra cara del destino: la de los senderos que se internan entre la vegetación y acompañan el curso del río. En otoño, los bosques de las montañas de Prades ofrecen un atractivo añadido para quienes disfrutan caminando en plena naturaleza, aunque conviene consultar el estado del itinerario antes de salir, especialmente después de lluvias.

Farena reúne así dos formas de desconectar en una misma visita: pasear sin prisa por un pequeño núcleo de arquitectura tradicional y dedicar unas horas a explorar los paisajes del Brugent. Un destino para quienes prefieren cambiar las aglomeraciones por caminos de montaña y descubrir la historia de un lugar a través de sus calles, sus edificios y el entorno que lo rodea.

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