
España esconde verdaderas joyas visuales entre sus ciudades, parques nacionales y su naturaleza geográfica. La variedad en su clima, además, amplía su oferta turística al obtener diferentes destinos que se pueden disfrutar en distintas épocas del año. A veces nos dejamos llevar por las favoritas como Madrid, Barcelona, Sevilla, las islas Canarias o Baleares para una escapada en otoño. Pero lo cierto es que hay otras pequeñas ciudades que merecen tanto o más la pena para tener un finde de desconexión.
Una de las propuestas más infravaloradas se encuentra en Castilla y León. Junto a Palencia, la provincia de Soria es la menos visitada y la que menos ocupación hotelera ha tenido en 2025 con 478.964 pernoctaciones, según datos del INE. No obstante, la conocida ‘ciudad de los poetas’, “enclavada entre dos cerros y regada por las aguas del río Duero”, como describen desde el portal de turismo de Castilla y León, cuenta con un rico patrimonio y “un precioso conjunto de arte y arquitectura románicas de nivel extraordinario”.
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Igualmente, si viajas hasta esta provincia, podrás comprobar que “ofrece parajes llenos de magia y paisajes irrepetibles”, además de tener siempre a mano un plato de sabrosos torreznos.

‘La Soria oculta’ tras la Guerra de la Independencia
Durante décadas se ha infravalorado el patrimonio y la historia soriana. Por ello, el propio Ayuntamiento ha puesto en marcha un proyecto llamado ‘La Soria Oculta’ que busca recuperar y desvelar todo aquello que ha permanecido apenas visible durante demasiado tiempo. Esto se ha conseguido con diferentes excavaciones arqueológicas que poco a poco han revelado lo perdido.
Hasta la ocupación francesa, la ciudad mantenía una parte considerable de su patrimonio medieval. Según el “Libro de la Ciudad de Soria”, publicado en 2007, las calles reunían numerosos edificios religiosos, entre ellos ejemplos del románico. De hecho, el censo de Alfonso X el Sabio de 1270 registraba 35 collaciones intramuros y una extramuros, cada una vinculada a una parroquia o templo.
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La ciudad contaba además con un puente medieval fortificado sobre el río Duero, que tuvo dos torres. La muralla alcanzaba 4.100 metros de longitud, con seis puertas, dos postigos y un postiguillo. En uno de los cerros se levantaba el castillo, con cuatro torres, alcázar, aljibe central y una barrera defensiva.
Lamentablemente, la Guerra de la Independencia supuso la pérdida de parte de ese conjunto. El 13 de septiembre de 1812, el general José Joaquín Durán ordenó derribar la fortaleza para impedir que fuera utilizada por fuerzas enemigas. También fueron demolidos sectores del monasterio de San Francisco, el monasterio de San Agustín, el Hospicio y las murallas medievales, arrasando así con el legado soriano.
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Qué ver en Soria en un fin de semana este otoño
Aunque la provincia ha perdido gran parte de sus construcciones, aún conserva medio centenar de monumentos que merecen la pena visitar. Pero si vas a desplazarte a Soria para un fin de semana, lo mejor es que visites a pie sus parques, iglesias románicas, edificios históricos y las riberas del río Duero imprescindibles.
El recorrido puede comenzar en el parque de la Alameda de Cervantes, conocido como la Dehesa. Situado en el centro de la ciudad, reúne paseos arbolados, fuentes, una rosaleda y una pradera en su zona elevada. Desde allí, el trayecto hacia el Duero pasa junto al convento del Carmen, las ruinas de San Nicolás y la concatedral de San Pedro, cuyo interior gótico conserva retablos y un claustro románico. El puente de piedra, de origen medieval, permite cruzar el río hacia el monasterio de San Juan de Duero. El conjunto, vinculado a los hospitalarios, conserva un claustro donde se combinan influencias de distintos estilos medievales y un templo con capiteles de tradición oriental.
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A continuación se encuentra el monasterio de San Polo, asociado a la tradición templaria y a las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Desde ese punto parte el paseo junto al río hasta la ermita de San Saturio, patrono de Soria. El camino discurre entre álamos, el Duero y la sierra de Santa Ana, con el antiguo Puente de Hierro, construido en 1929 para la línea ferroviaria.

La segunda jornada puede centrarse en la calle del Collado y su entorno. A pocos metros está la iglesia de San Juan de Rabanera, uno de los ejemplos románicos de la ciudad. Por la calle Aduana Vieja se suceden palacios como los de los Río y Salcedo, los Castejones y los San Clemente, además del Instituto Antonio Machado.
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La ruta puede continuar hasta la iglesia de Santo Domingo, reconocible por su fachada románica y las arquivoltas de su portada. El cierre puede hacerse en el Parque del Castillo, desde donde se observan la ciudad, el Duero y San Saturio. De regreso al centro, el Palacio de los Condes de Gómara, la Plaza Mayor y la iglesia de Nuestra Señora de la Mayor completan el recorrido, junto a propuestas gastronómicas como torreznos, migas, mantequilla y platos de micología.
No obstante, si vas a pasar por la ciudad entre el 10 y el 30 de septiembre, o el 11 de noviembre, te conviene reservarte una noche para la trigésima cuarta edición del Festival Internacional de Música de Castilla y León. La programación ofrece un equilibrio entre el gran repertorio sinfónico, la música de cámara, el flamenco y el folclore.
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