Carlos Cenalmor, psiquiatra: “Si notas que te irritas con todo el mundo, el hambre puede tener la culpa”

El especialista explica qué ocurre a nivel hormonal y cómo nos afecta

El hambre te puede poner irascible
Montaje Infoabe en el que aparece Carlos Cenalmor
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El hambre es una sensación que todos experimentamos a lo largo del día y que suele aparecer cuando han pasado varias horas desde la última comida. En ocasiones, sin embargo, puede venir acompañada de otros comportamientos que van más allá de las ganas de comer y que pueden influir incluso en nuestro estado de ánimo.

De hecho, es posible que alguna vez hayas notado que estás más irritable, tienes menos paciencia o que cualquier pequeño detalle consigue molestarte más de lo habitual. Aunque podemos atribuirlo al cansancio o a un mal día, detrás de este cambio puede haber una explicación relacionada con el hambre.

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El psiquiatra Carlos Cenalmor ha profundizado en esta cuestión en uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@dr.carloscenalmor). “Como médico psiquiatra te digo que: si notas que te irritas con todo el mundo, el hambre puede tener la culpa”, afirma durante los primeros segundos.

Por qué estamos más irascibles cuando tenemos hambre

Según explica el especialista, cuando el cerebro no tiene suficiente glucosa, puede activarse un estado de alerta que hace que percibamos determinadas situaciones como amenazas cuando no lo son. “No es que seas una persona difícil, simplemente es que tu cuerpo necesita combustible”, afirma el psiquiatra.

Por lo tanto, esa irritabilidad no tiene por qué significar que seamos personas más difíciles o que tengamos un problema con quienes nos rodean, sino que puede estar relacionada con una necesidad básica del organismo.

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Otros factores que influyen en el estado de ánimo

El hambre no es el único factor que puede hacer que interpretemos peor lo que ocurre a nuestro alrededor. El sueño también juega un papel importante en nuestro estado de ánimo y en la forma en la que percibimos las emociones de los demás.

Cuando dormimos poco, resulta más difícil interpretar correctamente gestos y reacciones. Esto hace que atribuyamos a los demás un enfado o un rechazo que en realidad está relacionado con nuestro propio cansancio. Por eso, antes de pensar que las personas de nuestro entorno están en nuestra contra, conviene tener en cuenta cómo hemos descansado.

El especialista también habla de otros momentos en los que nuestro estado se ve afectado. Si lo que sentimos es rechazo hacia nosotros mismos, recomienda darse una ducha. Según explica, el cambio de temperatura corporal interrumpe ese estado de alerta y sirve como una forma de reiniciar los sentidos.

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Por otro lado, cuando sentimos que todo nos ahoga, una opción es salir a un espacio abierto. La luz natural y la sensación de amplitud ayudan al cerebro a percibir que ya no existe una situación de peligro y contribuyen a reducir esa sensación de agobio.

Escuchar las señales del cuerpo

Todas estas situaciones tienen algo en común: antes de reaccionar ante lo que ocurre a nuestro alrededor, conviene prestar atención a cómo nos encontramos. El hambre, el cansancio o una sensación de agobio pueden cambiar nuestra percepción y hacer que respondamos de una forma diferente a la habitual.

Por eso, identificar estas señales permite parar unos minutos y preguntarnos qué necesitamos en ese momento. A veces, la solución no pasa por intentar cambiar una situación externa, sino por atender primero las necesidades básicas del organismo.

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