
En los majestuosos Alpes suizos, sirviendo de indomable frontera natural entre los cantones de Uri y Valais, se erige el legendario puerto de Furka. Esta imponente maravilla de la ingeniería civil está conformada por una sinuosa carretera de 31 kilómetros de longitud que es transitable por automóviles desde 1866, como recuerdan en Uri Tourismus. Con una impresionante elevación máxima de 2.429 metros sobre el nivel del mar, la ruta saltó definitivamente a la fama internacional al convertirse en el vibrante escenario alpino donde el carismático actor Sean Connery rodó icónicas y peligrosas persecuciones para la película de James Bond “Goldfinger” en el año 1964.
La huella del célebre espía británico es tan profunda en la cultura popular de la región que uno de los tramos más pronunciados de la ruta, situado concretamente en la vertiente del cantón de Uri, ha sido bautizado por los visitantes como la “curva de James Bond”, como recoge Gemeinde Realp. Debido a las inclemencias meteorológicas y las duras nevadas, la vía debe cerrarse en invierno, momento en el cual los vehículos dependen de trenes especiales de carga que atraviesan el túnel base. Pero si prefieres ir por tu cuenta, en coche, debes saber que está empezando la mejor época del año en la que puedes visitar este enclave.
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Y es que, además de poder disfrutar de una de las carreteras de montañas más impresionantes, el entorno de Furka tiene un agente hidrográfico espectacular protagonizado por la ruta Vier-Quellenweg de 85 kilómetros que se desplaza entre los ríos Rin, Reuss, Tesino y Ródano, formando una divisoria de aguas continental verdaderamente única en el continente europeo. Este último cuenta igualmente con el glaciar más grande de los Alpes uraneses.

Una joya para los amantes del senderismo y del ferrocarril
Avanzando por la vertiginosa vía hacia el lado del Valais, otra estructura capta de inmediato la mirada en medio de una curva de herradura: el famoso Hotel Belvédère. Este emblemático y solitario alojamiento fue construido en 1882 por Josef Seiler con el propósito de acoger a los intrépidos viajeros y permitirles contemplar cómodamente el glaciar colindante. A pesar de haber experimentado una espléndida época dorada en la década de los cincuenta como refugio predilecto de la élite europea, el establecimiento cerró sus puertas en el año 2015, víctima de los desorbitados costes de mantenimiento, el cambio en el comportamiento del turismo y el inevitable retroceso del hielo que antiguamente decoraba su entorno, según informa Idealista.
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La extrema dureza de esta carretera ha enamorado a miles de deportistas. En este sentido, la web de 1001 puertos cataloga a este imponente paso como un puerto “hors categorie”, remarcando que su vertiente presenta rampas que rozan un asfixiante 13%, superando en suma más de 1.400 metros de exigente desnivel. Su innegable mística deportiva propició incluso su inclusión en el Giro de Italia de 1965. Hoy día, están disponibles tres rutas que se exponen en AllTrails para los amantes del senderismo:

- Furkastock - Klein Furkahorn via Furkapass. Es una ruta difícil de 5,8 km de longitud y 575 metros de desnivel positivo, siendo la opción más popular. Consiste en una pintoresca excursión alpina que comienza de forma bastante sencilla pero luego se convierte en un sendero más exigente. A lo largo del camino, ofrece hermosas vistas de las montañas nevadas y de las curvas de herradura del puerto de Furka, llevando a los senderistas hasta el pico Chli (o Klein) Furkahorn a 3.026 metros.
- Chli Furkahorn. Catalogada también como difícil, esta ruta tiene 6,1 km de longitud y se estima que requiere entre 3 y 3,5 horas para completarse. El sendero comienza en la cima del puerto de Furka (Furkapasshöhe) y sube hasta la cumbre del Klein Furkahorn (3.026 metros sobre el nivel del mar), que marca la frontera entre los cantones de Uri y Valais. Esta es una opción perfecta para los meses de verano.
- Urschner Höhenweg. Es la ruta más larga y con mayor elevación de las tres, con unos 21,9 km de longitud, 591 metros de desnivel positivo y un tiempo estimado de marcha de entre 8 y 8,5 horas. El recorrido sigue la antigua línea del ferrocarril de Furka y, tras la subida al Hotel Tiefenbach, atraviesa pastos de vacas y tramos de sendero que pueden ser pantanosos. La ruta finaliza recorriendo un corto tramo por la carretera del propio puerto.
Finalmente, para aquellos que anhelan palpar la geografía alpina sin realizar un gran esfuerzo físico, existe una romántica máquina del tiempo sobre raíles. Hablamos concretamente de un entrañable tren de cremallera impulsado por locomotoras de vapor restauradas que serpentea lentamente por unos 18 kilómetros de vía estrecha, como recoge Swiss Activities. Superando pendientes de hasta 118 por mil y adentrándose en túneles a gran cota, opera exclusivamente de junio a septiembre gracias a la pasión desinteresada de 600 voluntarios que lo mantienen vivo.
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Un paseo por los pasadizos ocultos del glaciar
El gigante gélido al que se asoma este paso montañoso es el majestuoso glaciar del Ródano, situado en el extremo oriental del cantón del Valais. Es un gigante de hielo de aproximadamente 8 kilómetros de longitud, 16 kilómetros cuadrados de superficie y hasta 1.000 metros de ancho en su punto máximo. Flanqueado por imponentes cumbres como el Dammastock (3.631 metros) y el Galenstock (3.586 metros), su lengua desciende hasta los 2.209 metros de altitud, punto donde nacen las aguas del río Ródano.
Sin embargo, este coloso alpino se encuentra en una situación crítica debido al cambio climático. Su deshielo se acelera año tras año perdiendo entre 25 y 50 centímetros de grosor anuales, y ya ha retrocedido unos 2,4 kilómetros en los últimos 120 años. Para intentar frenar esta alarmante reducción, desde el año 2020 se cubren varias partes del glaciar con enormes lonas blancas durante los meses de verano. A pesar de estos esfuerzos, los expertos en glaciología pronostican que podría desaparecer casi por completo antes de que termine el siglo XXI. Este rápido retroceso ha dado lugar a la formación de un nuevo lago proglaciar que, según estimaciones de la Universidad de Zúrich, podría alcanzar los 600 metros de largo y 125 metros de profundidad para el año 2030.
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Más allá de su innegable valor geológico y turístico, el glaciar y el torrente que forma sustentan una rica biodiversidad alpina. Sus aguas frías y oxigenadas sirven de hábitat para especies emblemáticas y amenazadas, como el pez delantal del Ródano (endémico de la cuenca), la tortuga cistude, el sapo de vientre amarillo y el castor. Para acercar esta frágil realidad al público, cada año se excava a unos 2.300 metros de altitud una famosa gruta de hielo que permite explorar su interior azulado, sirviendo así como una valiosa herramienta de educación medioambiental y concienciación, como anuncia Suiza Turismo.
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