Las cinco estaciones de tren más antiguas de España: del Mediterráneo a Cádiz pasando por Madrid

La modernidad llegó a la península Ibérica con el desarrollo del ferrocarril, lo que facilitó las comunicaciones y el avance industrial

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Estación de Francia, en Barcelona
La Estación de Francia, en Barcelona, fue la primera en erigirse, aunque no sería hasta los años veinte del siglo XIX cuando se inauguraría con la estructura que ha perdurado para la posteridad. / Wikimedia Commons

En el corazón del desarrollo ferroviario español, cinco estaciones de tren se distinguen por su longevidad y su papel histórico en la movilidad del Estado. Estas infraestructuras, inauguradas en el siglo XIX, continúan en funcionamiento con escasas modificaciones y ofrecen un recorrido por la evolución del transporte ferroviario en España. De Barcelona a Cádiz, pasando por Madrid, en menos de diez años (entre 1848 y 1854) se inauguraron los cinco enclaves principales que darían el pistoletazo de salida hacia la modernización y la mejora de las comunicaciones.

Pese a que los cinco enclaves que se recogen a continuación son la huella del desarrollo ferroviario en la península Ibérica, la primera línea de ferrocarril bajo territorio, por aquel entonces, español fue al otro lado del Atlántico. Este primer ferrocarril se inauguró el 19 de noviembre de 1837 en Cuba, entonces provincia española, la cual unía La Habana con Bejucal.

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El ‘noucentisme’ catalán impregnó sus huellas en la Estación de Francia y fue declarado bien de interés patrimonial

La Estación de Francia de Barcelona se consagra como una de las grandes joyas arquitectónicas ferroviarias de Europa. Su construcción original data de 1854, aunque su infraestructura y su vestíbulo se completaron entre 1926 y 1929, año en que fue inaugurada con motivo de la Exposición Internacional. El diseño corrió a cargo del arquitecto Pedro Muguruza y el ingeniero Andreu Muntaner, quienes dotaron al edificio de una monumentalidad y un estilo ecléctico que lo distingue entre las estaciones españolas.

El conjunto se compone de dos partes principales: una nave metálica de amplias dimensiones, con marquesinas curvas de 29 metros de alto y 195 metros de largo, y un vestíbulo novecentista decorado con mármol y bronce. Esta combinación de materiales y formas otorga a la estación una atmósfera singular y la convierte en un referente de la arquitectura de hierro en el país, según publica el blog Ir Barcelona. Entre los elementos más llamativos se encuentran las esculturas de búhos, colocadas para ahuyentar palomas, pero también valoradas por su belleza.

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Estación de Francia, Barcelona (Ayuntamiento de Barcelona)
El interior de la estación de Francia, en Barcelona, es una de las más antiguas del Estado. / Ayuntamiento de Barcelona

La terminal sigue activa como punto de salida y llegada de trenes regionales y de larga distancia, conectando Barcelona con el resto de Cataluña y Francia. El edificio, declarado bien de interés patrimonial, mantiene su esplendor original y continúa siendo un símbolo del desarrollo ferroviario de la ciudad. Es su estructura metálica y sus amplios andenes lso que reflejan la arquitectura industrial de la época y el auge del ferrocarril en la Cataluña del siglo XIX.

La modernidad ya está aquí, entre Barcelona y Mataró

En el mismo año, en 1854, la Estación de Mataró abrió sus puertas como parte del primer trayecto ferroviario de la península, uniendo Barcelona y Mataró en un trayecto pionero para la ingeniería española. El 28 de octubre de 1848, concretamente, se marcó el inicio del transporte ferroviario en la península ibérica con este viaje. El trayecto, de 28,25 kilómetros, reunió a una multitud que celebró la llegada del nuevo medio de transporte. El principal impulsor del proyecto fue Miquel Biada, industrial originario de Mataró, quien se inspiró en las líneas ferroviarias de Cuba tras su regreso de ese país.

Para concretar la obra, Biada viajó a Londres en busca de financiación y colaboración técnica, con el apoyo de Josep Maria Roca i Cabanes. El proyecto superó obstáculos burocráticos y sociales, incluida la expropiación de terrenos y actos de boicot durante las obras. Finalmente, la infraestructura se complementó con locomotoras y vagones fabricados en Gran Bretaña.

La Estación de Mataró, en Cataluña
La Estación de Mataró, en Cataluña, fue de las primeras que se alzaron en España. / Wikimedia Commons

La Estación de Atocha, del siglo XIX a aparecer en ‘Zootrópolis’

La tercera estación en alzarse en España fue la Estación de Atocha, en Madrid, inaugurada en 1851 y representó un avance en la conexión entre la capital y el sur de España. Este se ha convertido en el principal complejo ferroviario de la capital española y una de las estampas más reconocibles de la ciudad. Tal ha sido la trascendencia de la Estación de Atocha, que hasta una película de Disney decidió inspirarse en el complejo ferroviario para ambientar la trama. Ni más ni menos que la coneja Judy Hopps y el zorro Nick Wilde, protagonistas de la animación Zootrópolis (2016), ocuparon la boscosa recepción de la estación.

La estación original ha sido ampliada en varias ocasiones y su nave principal actual, con una cubierta de hierro diseñada en 1892 por el ingeniero francés Henri de Saint-James, destaca por sus dimensiones y valor arquitectónico. Entre 1984 y 1992, Rafael Moneo lideró una importante reforma: la antigua estación se destinó a oficinas, comercios y un jardín tropical, mientras que la nueva terminal asume el tráfico de trenes de alta velocidad (AVE), largo recorrido y cercanías.

Estación de Atocha (Wikimedia Commons)
La Estación de Atocha, en Madrid, se inauguró en 1851, con la línea que unía la capital con Aranjuez. / Wikimedia Commons

La reina Isabel II inauguró el hito de recorrer 50 kilómetros en 54 minutos, en Aranjuez

El 9 de febrero de 1851 se inauguró la línea ferroviaria entre Madrid y Aranjuez, convirtiéndose en el primer tren de la capital española. El acto contó con la bendición de las locomotoras por el cardenal Bonel y Orbe y la presencia de la reina Isabel II, autoridades y una multitud que celebró el avance tecnológico. El recorrido de 50 kilómetros se completó en 54 minutos, un logro para la época, y marcó un hito en la modernización del transporte nacional.

El proyecto fue impulsado por el marqués de Salamanca, quien convenció a la monarquía de la importancia económica del ferrocarril para el desarrollo del país. Desde sus inicios, la línea facilitó la conexión entre Madrid y el sur peninsular, con varios viajes diarios y una clara diferenciación de clases en el precio de los billetes. La llegada del tren contribuyó al desarrollo de las infraestructuras y consolidó a Aranjuez como un punto estratégico en la red ferroviaria española.

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Cádiz, epicentro de modernidad con la llegada del ferrocarril

De Cataluña y Madrid, la siguiente en alzarse con un ferrocarril fue Jerez de la Frontera, en Cádiz. El proyecto ferroviario entre Jerez y El Puerto de Santa María surgió tras varios intentos frustrados desde 1829, cuando el comerciante gaditano José Díez e Imbrechts solicitó construir una línea de hierro para facilitar la exportación de vinos. La falta de recursos y obstáculos burocráticos retrasaron el avance, hasta que en 1852 comenzaron las obras y en 1854 se inauguró finalmente el primer tramo, convirtiéndose en la segunda línea de tren en la península ibérica. Dos años más tarde, la vía se extendió hasta El Trocadero, y en 1861 el servicio llegó a unir Jerez con Sevilla, Puerto Real y Cádiz.

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