
En España, la llegada del ferrocarril a mediados del siglo XIX supuso una revolución en la manera de entender la movilidad, la economía y la vida urbana. Desde entonces, la red ferroviaria no ha dejado de expandirse, uniendo pueblos y ciudades, acercando fronteras y haciendo posible que la comunicación por tierra con el resto de Europa sea una realidad cotidiana.
En este entramado de vías y destinos, existe una estación que destaca por su longevidad y su valor patrimonial: la estación de tren de Cornellà de Llobregat. Situada en el corazón de esta ciudad catalana, la estación es la más antigua de España que permanece en funcionamiento, y su historia se entrelaza con la evolución del propio municipio y con la memoria ferroviaria del país.
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Un hito en la historia del ferrocarril español
La estación de Cornellà nació en 1855, apenas un año después de la inauguración de la línea Barcelona–Molins de Rei–Martorell. Fue testigo directo de los primeros pasos del tren en la península, en un momento en que cada nueva línea suponía un acontecimiento nacional. Su construcción representó no solo un avance tecnológico, sino también un símbolo de modernidad y progreso para toda la comarca del Baix Llobregat.

Ubicada en el lado norte de la Plaça de l’Estació, el edificio original es de una sola planta y planta rectangular, organizada en tres cuerpos. Su estilo arquitectónico es ecléctico, mezclando elementos neoclásicos y neobarrocos. El ladrillo rojo predomina en la fachada, adornada con simétricas molduras blancas que realzan la elegancia y sobriedad de la construcción. A diferencia de otras estaciones pioneras, como la de Sant Andreu Comtal en Barcelona —inaugurada en 1848 y cerrada definitivamente en 2022—, la de Cornellà sigue cumpliendo su función original, recibiendo y despidiendo trenes cada día.
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Cornellà, una ciudad que mira al futuro sin olvidar su legado
El protagonismo ferroviario de Cornellà no eclipsa el resto de su patrimonio. Esta ciudad del Baix Llobregat, cuna de los hermanos David y José Muñoz del grupo Estopa, ofrece mucho más al visitante que su histórica estación. El viajero curioso encontrará infinidad de masías y casas solariegas que reflejan el paso de los siglos y la prosperidad de la zona. Palacetes de estilos modernista y novecentista salpican sus calles, evidenciando la riqueza arquitectónica y cultural de la ciudad.
Entre los monumentos destacados figura el castillo de Cornellà, cuyo origen se remonta a los siglos XIII y XIV y que, pese a las transformaciones sufridas, conserva el carácter defensivo propio de la época. Otro icono es la Torre de la Miranda, levantada en el siglo XIX en un marcado estilo neo-mudéjar y que constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura industrial y residencial que caracterizó la expansión urbana de la ciudad durante el auge del ferrocarril.
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No puede pasarse por alto el Museo de las Aguas de Agbar, espacio que narra la historia del abastecimiento de agua en la región y que se ha convertido en un referente cultural y educativo, especialmente para quienes desean comprender la relación entre la ciudad, la industria y el medio ambiente.
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