
David Bisbal es uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional de las últimas dos décadas. Desde que saltó a la fama en 2002 tras su participación en Operación Triunfo, el cantante almeriense ha llenado escenarios en toda América Latina y Europa, ha acumulado discos de platino y se ha convertido en uno de los referentes del pop en español. Sin embargo, cuando baja del escenario, Bisbal vuelve siempre a Almería, la provincia que lo vio nacer y a la que sigue vinculado con una fidelidad que él mismo ha reconocido en numerosas entrevistas.
Su refugio favorito no es una ciudad cosmopolita ni un resort de lujo, sino Cuevas del Almanzora, un municipio del Levante almeriense con más de 14 kilómetros de litoral, 22 pedanías y una historia que se remonta a la Edad del Bronce. A 96 kilómetros de la capital provincial y a pocos minutos de Vera, Garrucha y Mojácar, este enclave ofrece lo que el artista ha buscado siempre fuera de los focos: naturaleza, tranquilidad y un patrimonio cultural que sorprende a quien se toma el tiempo de descubrirlo.
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Una historia de fenicios, piratas y fiebre minera
La historia de Cuevas del Almanzora es extensa, pues los yacimientos arqueológicos de la localidad evidencian ritos funerarios de la Edad del Bronce. Sin embargo, los indicios apuntan a que la fundación del asentamiento pudo iniciarse en época fenicia, prolongarse durante el Imperio Romano y llegar hasta el Emirato de Córdoba, momento en que parece haber sido abandonada temporalmente.
Más tarde, la localidad se integró en el señorío del marquesado de los Vélez con el nombre de Cuevas del Marqués, denominación que mantuvo hasta el siglo XIX. Igualmente, durante el siglo XVIII, la costa sufrió numerosos ataques de piratas berberiscos, corsos y turcos, lo que obligó a reforzar las defensas del territorio.
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El giro definitivo llegó en 1838, cuando el hallazgo de un rico filón de galena argentífera transformó por completo la economía local. Durante los 50 años siguientes, el municipio vivió una época de gran esplendor: se construyeron residencias palaciegas, teatros, casinos, centros educativos y hasta un periódico propio, El Minero de Almagrera. De aquel periodo de bonanza data el actual Ayuntamiento, instalado en el Palacete de Torcuato Soler Bolea. Las últimas explotaciones mineras cerraron en 1935, y desde el último tercio del siglo XX el turismo y la agricultura sostienen la economía del municipio.
El castillo, la iglesia y las cuevas
El castillo Marqués de los Vélez preside la plaza de la Libertad y es el monumento más representativo de Cuevas del Almanzora. Declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1985, este conjunto arquitectónico de planta rectangular irregular está formado por la Torre del Homenaje, la Casa de la Tercia, el Palacio del Marqués y el Patio de Armas. En la actualidad alberga el Museo de Arte Contemporáneo Antonio Manuel Campoy, lo que añade una dimensión cultural contemporánea a un edificio de origen medieval.
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A pocos pasos, la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación ocupa el solar donde antes se levantaba una mezquita. Construida en el siglo XVI, es el segundo edificio religioso más grande de la provincia de Almería. Su portada principal es neoclásica y la lateral barroca, mientras que su interior de planta de cruz latina se divide en tres naves y diez capillas, una de ellas donada por la Sociedad Minera Carmen y Consortes en 1854.

Igualmente, a escasos dos kilómetros del casco histórico, en el paraje conocido como Terrera de Calguerín, se encuentra el complejo de cuevas-vivienda más numeroso del Valle del Almanzora. Las Cuevas de Calguerín suman unas 300 cavidades utilizadas a lo largo de la historia como refugios y viviendas, algunas desde el Paleolítico. La Casa Cueva y Museo Etnográfico, ubicada en una auténtica vivienda cueva, conserva aperos agrícolas, mobiliario y utensilios domésticos que permiten entender cómo se vivía en estos espacios. Las cuevas prehistóricas del municipio tienen una antigüedad de entre 50.000 y 100.000 años, aunque las mejor estudiadas son las de unos 5.000 años de antigüedad.
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El yacimiento de Villaricos y el museo arqueológico del Palacio del Marqués
Pero los encantos de Cuevas del Almanzora no se quedan aquí, pues el enclave arqueológico de Villaricos es una parada imprescindible. Se trata de uno de los yacimientos más valorados por los investigadores para el estudio de la colonización fenicia en la Península Ibérica, con orígenes en la Edad del Cobre y ocupación documentada hasta la época altomedieval. La visita a Villaricos y a su Necrópolis Fenicia requiere concertar cita previa con la Oficina de Turismo de Cuevas del Almanzora.
Por su parte, en el Palacio del Marqués de los Vélez se ubica también el Museo Arqueológico Municipal, que expone piezas recuperadas en el yacimiento de Fuente Álamo. La colección permite interpretar la vida y la muerte de los habitantes del territorio durante más de 600 años, desde hace 4.000 hasta hace 3.300 años, en uno de los espacios expositivos más completos del Levante almeriense.
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Las playas y los pueblos del entorno
Más allá de su patrimonio histórico y monumental, la localidad cuenta con un tesoro natural que se traduce en 14 kilómetros de litoral, con playas de aguas cristalinas que combinan la accesibilidad de los arenales más céntricos con la naturaleza casi salvaje de los tramos más alejados del núcleo urbano. Un litoral que, junto al entorno paisajístico del valle del Almanzora, explica por qué David Bisbal elige este rincón para desconectar.
Quienes quieran ampliar el recorrido tienen a mano algunos de los destinos más atractivos del sureste español. Vera se encuentra a 9 kilómetros, Garrucha a 15, famosa por su gamba roja, y Mojácar a 30, uno de los pueblos blancos más reconocidos de Andalucía. Tres destinos que, junto a Cuevas del Almanzora, conforman uno de los itinerarios más completos del Levante almeriense.
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