
La llegada del carnaval transforma los pueblos de los Pirineos en escenarios llenos de color, música y personajes únicos de la tradición de la zona. Estas fiestas no solo marcan el final del invierno, sino que también conservan rituales y costumbres que han pasado de generación en generación. En cada localidad, el carnaval es una oportunidad para disfrutar y dejar atrás lo negativo
Las fiestas de carnaval en los Pirineos no son solo disfraces y desfiles. La tradición transforma a los habitantes de cada pueblo en personajes concretos, celebran juicios ficticios y todos acaban participando en las procesiones. Todos los carnavales se celebran entre los meses de febrero y marzo, como tradición para despedir el invierno y recibir la primavera acompañado de paisanos y visitantes.
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Hay varios pueblos en los Pirineos donde los carnavales son una fiesta central, cada lugar tiene su propia manera de celebrar, con ritos y detalles que lo hacen único. Los carnavales en España son celebraciones auténticas, llenas de ambiente y con tradiciones tan distintas como originales. Estos cinco en los Pirineos logran atraer a un gran público para poder hacer una ruta completa de todo el recorrido.
Carnaval de Bielsa: un muñeco de paja para despedir el invierno
En Bielsa, el carnaval es famoso por sus personajes y ritos. La fiesta comienza el viernes 13 de febrero con la creación de “Cornelio Zorrilla”, un muñeco hecho de ropas viejas y paja que se cuelga en el Ayuntamiento. Durante los días de celebración, las calles se llenan de figuras como el onso, las trangas y las madamas, que son personajes ancestrales de los Pirineos, más parecidos a los animales que a los humanos. Estos interactúan con vecinos y visitantes durante los pasacalles y van mostrando sus vestimentas caracterizadas con cuernos y pieles. El punto culminante llega el domingo, cuando Cornelio es juzgado y quemado en la hoguera, llevándose los males del invierno con él.
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Carnaval de Torla: el tribunal de la Inquisición
El carnaval de Torla gira en torno al personaje de “Carnabal”, que recorre el pueblo custodiado y asusta a grandes y pequeños. Tras ser capturado, pasa por el “Tribunal de la Santa Inquisición”, donde es juzgado y se le concede un último deseo antes de su condena done pasa a ser quemado. El carnaval se celebra durante todo el fin de semana del 14 al 15 de febrero con gastronomía local, pasacalles, disfraces y desfiles. El ambiente se relaja por la noche con una cena popular y música, que ayudan a espantar cualquier miedo y cerrar el día con alegría.
Carnaval de Nerín: la decisión del pueblo en un juicio
En Nerín, el protagonista es el Carnuz, un muñeco de paja que recorre el pueblo acompañado de vecinos y personas de todas partes que se acercan para conocerlo. Con bastantes similitudes al carnaval de Torla, el momento más esperado es el juicio, donde un abogado y un fiscal defienden y acusan al Carnuz. El desenlace puede variar: a veces termina quemado y otras, logra salvarse. Esta incertidumbre añade emoción y diversión a la celebración donde el público hace sus apuestas durante la entrada y mediados de marzo.
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Carnaval del Valle de La Fueva: una fiesta ambulante
El carnaval en el Valle de La Fueva es diferente porque es ambulante. Una caravana de música, disfraces y vecinos recorre de pueblo en pueblo, llevando la alegría a todos los rincones. La ropa diaria queda guardada y los coches se llenan de color y ritmo gracias a la charanga y los disfraces tradicionales. Aquí, la celebración se comparte y se multiplica, convirtiendo todo el valle en una gran fiesta colectiva.
La jornada festiva comienza en Tierrantona, núcleo cabecera del valle, y en dos circuitos alternos anualmente, se recorren la mitad de los pueblos y lugares. En cada uno de ellos, sus vecinos aguardan con comida y bebida la llegada de los músicos, la comparsa y los disfraces, como un símbolo de hospitalidad desinteresada de las gentes y vecinos de La Fueva.
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Carnaval de Broto: un apagón y un cortejo fúnebre
Broto ha recuperado con fuerza sus carnavales desde 2007. Las fiestas tradicionales aquí giran en torno a una figura que el pueblo llama como “el muerto”, un cuerpo falso envuelto con sábanas. La ronda inicial por el pueblo de Broto da paso a una escena especial: el apagón de todas las luces de la ciudad y la aparición de una comitiva fúnebre, donde los vecinos llevan antorchas y acompañan al carnaval en su último viaje, antes de dar paso a la fiesta. En esta reunión, celebrada el 28 de febrero, los vecinos deciden la quema del “muerto” y luego festejan todos juntos con los trajes tradicionales de la comarca.
Quienes quieran conocer estos carnavales en persona tienen la oportunidad de disfrutarlos entre el 13 de febrero y mediados de marzo. Tanto para realizar un viaje y añadirlo a tu itinerario o como para ir intencionadamente a hacer una ruta, es el momento perfecto para conocer las tradiciones de los Pirineos, los disfraces y el ambiente festivo que solo se vive en esa zona de España.
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