El pueblo catalán con su propia “gran muralla china”: perfecto para hacer rutas y explorar paisajes únicos

Las formaciones calizas de Finestres y su entorno ofrecen acceso a pie, en coche o en kayak entre ruinas y naturaleza

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El paisaje recuerda a grandes monumentos y atrae a senderistas y amantes de la naturaleza
Las formaciones rocosas emergen del embalse de Canelles como una barrera natural (Facebook - Valencia Mountain Enthusiasts)

Las Rocas de la Villa, conocidas popularmente como la “Muralla China” de Finestres, han emergido en los últimos años como uno de los paisajes más singulares del territorio fronterizo entre Huesca y Lleida.

Este enclave, al que se puede acceder desde Manresa en poco más de dos horas, destaca por su imponente barrera caliza, que evoca a las grandes maravillas arquitectónicas del mundo sin abandonar la península.

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El paraje forma una frontera natural en plena sierra del Montsec, en el corazón de la montaña. Para quienes deseen admirar el enclave sin salir de Cataluña ni realizar un viaje de gran coste, el pueblo deshabitado de Finestres se presenta como una opción accesible.

Una muralla natural entre Huesca y Lleida

En el centro de este escenario, las curiosas formaciones calizas que surgen del pantano de Canelles actúan como una muralla natural, separando las provincias de Huesca y Lleida. Los visitantes pueden acceder al lugar por tres vías: a pie, en coche o mediante una ruta acuática que parte del embarcadero de Corçà, en la comarca de la Noguera.

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El acceso a Finestres permite descubrir un enclave apartado del desarrollo urbano
Las casas en ruinas y la ermita de San Vicente destacan en el corazón del antiguo núcleo (Wikipedia)

La formación de esta singular muralla natural procede de la actividad tectónica en la región, que elevó la piedra caliza formando una barrera vertical a lo largo del embalse de Canelles. Más allá de la estructura rocosa, el entorno alberga la ermita de San Vicente de Finestres y lo que resta de un castillo medieval, construcciones humanas que coronan la parte alta del conjunto y suponen el único testimonio edificado en mitad de este paisaje agreste.

La entrada al enclave puede realizarse de distintas maneras, aunque cada una implica una experiencia y un nivel de exigencia diferente. El recorrido acuático parte del embarcadero de Corçà y puede efectuarse tanto en barco como en kayak, permitiendo atravesar aguas de un color turquesa intenso bajo la mirada de las ruinas de la Torre de las Conclues, que dominan la entrada al paraje.

Desde la ermita de San Vicente se obtienen vistas privilegiadas del embalse y la “muralla” natural
La pequeña ermita se alza entre las formaciones calizas, rodeada de naturaleza y silencio (Albergue de Montfalcó)

Esta opción puede ampliarse con un itinerario más extenso que parte desde el Congost de Mont-rebei —en la comarca de Pallars Jussà— para quienes buscan una travesía en kayak de mayor duración.

Rutas para todos los niveles y paisajes aislados

El acceso a pie, mucho más exigente, está reservado a senderistas con experiencia debido a la longitud y dificultad del trayecto, que puede ocupar todo un día. La ruta comienza en el aparcamiento de la Masieta, el acceso catalán al Congost de Mont-rebei.

Desde allí, es necesario atravesar el desfiladero, cruzar el puente colgante del Seguer hacia Aragón, subir por las pasarelas de madera de Montfalcó y, finalmente, seguir las indicaciones a través de la montaña hasta alcanzar el despoblado de Finestres, en una travesía exclusivamente de ida que oscila entre las cuatro y cinco horas.

La ayuda de 40.000 euros que ofrece Cataluña por reformar una casa en pueblos.

Para quienes prefieren evitar el esfuerzo físico o el trayecto largo, la ruta en coche propone una alternativa considerablemente más breve. El acceso más cercano desde Cataluña implica atravesar la frontera provincial hacia Huesca por la carretera N-230. El desvío recomendado está situado en el pueblo de Estopanyà del Castell (comarca de Ribagorça, Huesca), desde donde el trayecto hasta el enclave dura aproximadamente 50 minutos.

La singularidad de este tramo radica en la confluencia de elementos naturales y culturales: la muralla caliza, el embalse, los restos medievales y las distintas posibilidades de acceder a un espacio que ha quedado apartado del desarrollo urbano. Finestres, ya sin vecinos, ha transformado sus ruinas y su entorno en un destino de interés para senderistas, aficionados a la naturaleza y quienes buscan parajes poco transitados.

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