Mbappé con Xabi Alonso, Vinícius con Arbeloa: una temporada y dos etapas distintas que explican su rendimiento en un Real Madrid dividido

La temporada del Real Madrid se puede dividir en dos: una con el francés como estrella antes de invierno y otra con el brasileño como figura destacada

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Mbappé y Vinicius se dan un abrazo. (REUTERS/Isabel Infantes)
Mbappé y Vinicius se dan un abrazo. (REUTERS/Isabel Infantes)

“Mi prioridad ahora es adaptarme al equipo. Cuando eso ocurra, será todo más fácil”, dijo Kylian Mbappé el día de su llegada al Real Madrid, en el verano de 2024. Una frase de integración, casi de paz. Pero, hace dos días, sentenció la temporada con una muy distinta: “Empezamos bien… pero después perdimos la estructura“, señaló el francés en zona mixta.

Al principio todo parecía encajar. El francés aceptó empezar sin imponer jerarquías, cedió espacios y se adaptó a un equipo que acababa de ganar la Decimoquinta. Incluso Vinícius había participado activamente en convencerle de fichar: “Me mandaba muchos mensajes porque le conozco y me decía que viniera para jugar los dos arriba”, recordó Mbappé.

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Mbappé cerró su primer año con 44 goles. Sin embargo, su falta de implicación defensiva terminó afectando a Vinicius. El Real Madrid no se podía permitir a dos jugadores que no defendieran. La temporada acabó sin títulos y con la salida de Ancelotti, un único técnico que parecía acostumbrado a gestionar egos.

Mbappé y Vinícius celebran un gol. (REUTERS/Louiza Vradi)
Mbappé y Vinícius celebran un gol. (REUTERS/Louiza Vradi)

Xabi Alonso elige a Mbappé

El verano de 2025 marcó el punto de inflexión. La llegada de Xabi Alonso introdujo un modelo táctico claro: estructura, orden posicional y un referente ofensivo definido. Ese jugador era Mbappé. El francés lo agradeció con números: 27 goles antes del parón de invierno, un promedio de 0,82 por partido y titularidad en el 92% de los encuentros. “Tenía una gran relación con Xabi. Va a ser un gran entrenador, pero es el pasado”, dijo Kylian en zona mixta.

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Vinícius vivió el proceso contrario. El brasileño, acostumbrado al trato afectivo de Ancelotti, no logró conectar con la frialdad del método vasco. Jugó partidos, pero con menos continuidad: solo marcó siete goles, fue sustituido en doce ocasiones y terminó reconociéndolo él mismo: “Jugaba, pero pocos minutos. No conecté como él quería”.

Mbappé con Xabi Alonso. (REUTERS/Hannah Mckay)
Mbappé con Xabi Alonso. (REUTERS/Hannah Mckay)

El Clásico que rompió el vestuario

El punto de no retorno llegó en el Clásico de la primera vuelta. El Madrid ganaba 2-1 y era líder con siete puntos de ventaja sobre el FC Barcelona. Xabi Alonso decidió sustituir a Vinícius. La reacción del brasileño fue inmediata: gestos de desaprobación, entrada al túnel gritando “yo me voy del equipo”. El club no le sancionó. Ese detalle debilitó de forma definitiva la autoridad del técnico. A partir de ahí, el Madrid dejó de ser un bloque único.

El vestuario se partió en dos. En torno a Vinícius se alinearon Valverde y Bellingham, el núcleo más visible y ruidoso. En torno a Mbappé, en un perfil más reservado, estaban Tchouaméni y Rüdiger. La división no era solo táctica, era emocional. Apenas un mes después del cambio de entrenador, en febrero de 2026, el propio Tchouaméni dejó una frase que decía mucho sin decir nada: “Tengo mi propia idea, pero no puedo decir nada”, respondió cuando le preguntaron por cambios en la preparación física.

Arbeloa: el giro hacia Vinicius

La destitución de Alonso el 12 de enero de 2026 y la llegada de Álvaro Arbeloa al día siguiente lo cambiaron todo de golpe. El técnico salmantino llegó con un consejo claro que alguien con experiencia en ese vestuario le había dado: “Pégate a Vinicius”. Y lo hizo. En su primera rueda de prensa lo dejó claro “Voy a trabajar para tener al mejor Vini. A sus compañeros les voy a exigir que le busquen y le den balones”.

El brasileño respondió como un jugador liberado. En cuatro meses anotó 13 goles, promedio 89 minutos por partido, y se convirtió en la referencia ofensiva indiscutible. La conexión entre ambos era tan evidente que Vinicius no quiso disimularla: “Ojalá pueda seguir con Arbeloa, tengo una conexión maravillosa con él y siempre me ha dado confianza”.

En paralelo, Mbappé empezó a notar el cambio. Sus problemas físicos se alargaron, su promedio goleador bajó de 0,82 a 0,75 dianas por encuentro y el sistema de Arbeloa, que exigía presionar y replegarse como un jugador más, no le sentaba bien. El entrenador fue cargando sus mensajes públicos. Primero el del esmoquin: “No hemos creado lo que es el Real Madrid con jugadores que salen al campo vestidos de esmoquin, sino con jugadores que acaban con la camiseta llena de sudor, de barro y de esfuerzo”. Después, antes del Clásico, en alusión a la salida anticipada de Mbappé del último entrenamiento: “Vamos a ver si puede terminar hoy la sesión”.

Álvaro Arbeloa y Vinicius Junior (Europa Press)
Álvaro Arbeloa y Vinicius Junior (Europa Press)

El estallido del 14 de mayo

El punto de no retorno llegó tras el partido ante el Real Oviedo. Mbappé fue suplente y quince minutos después de terminar el partido, tras la ducha más rápida que se recuerda en el Bernabéu, apareció en la zona mixta sin que nadie le convocara. “Prefiero hablar aquí, con mi boca. Así es más claro”.

Dijo que Arbeloa le había comunicado personalmente que era “el cuarto delantero de la plantilla”, por detrás de Vinicius, Mastantuono y Gonzalo. “Lo acepto, pero estaba listo para ser titular”. Y lanzó la frase que para él resume la temporada: “Empezamos bien. Fuimos líderes en LaLiga, en el top 8 de la Champions. Pero perdimos todo en la segunda mitad. Duele mucho porque tuvimos una estructura de juego y la hemos perdido”.

Arbeloa salió a rueda de prensa minutos después. Negó haber utilizado esa expresión y cerró filas: “No me habrá entendido bien. Mientras yo esté en la silla, decido quién juega, se llame como se llame”.

El vestuario del Real Madrid es un auténtico polvorín. Un fuerte encontronazo entre Tchouaméni y Valverde ha obligado al club a tomar medidas urgentes. Se habla desde multas económicas hasta la separación del grupo.

Ambos futbolistas han reiterado que se llevan bien. Pero la tensión es mucha, y los números de dos años juntos así lo reflejan: Vinícius le ha dado 12 asistencias de gol a Mbappé. El francés le ha devuelto cuatro. Muy poco para dos estrellas que comparten vestuario desde el verano de 2024 y son los dos referentes en ataque.

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