La Generación Z, la más quemada: ocho de cada diez jóvenes reconocen que el trabajo deteriora su salud mental

Un estudio de Edenred revela que el estrés laboral afecta al 52% de los menores de 30 años y más de la mitad contempla abandonar su empresa si no mejoran el sueldo, los beneficios y la flexibilidad

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Tres personas en una oficina oscura trabajando hasta tarde; una mujer estresada mirando su laptop, otra con la cabeza entre las manos y un hombre reclinado agotado.
Varios jóvenes cansados y estresados trabajando en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ocho de cada diez trabajadores de entre 20 y 29 años afirman que su empleo afecta negativamente a su salud emocional, según el II Estudio sobre Bienestar y Salud Laboral en España, elaborado por Edenred con la colaboración de Savia. La Generación Z no solo lidera este indicador entre todas las franjas de edad analizadas, sino que lo hace con una brecha que se amplía respecto al año anterior.

El estudio, que mide el estado del bienestar laboral en el mercado de trabajo español, sitúa a los jóvenes como el colectivo más expuesto al desgaste emocional. Del 80,2% que declara verse afectado, un 29,4% lo sufre de forma directa y constante, mientras que el 50,8% restante lo experimenta en determinados períodos del año. Solo el 19,8% de los menores de 30 años afirma no notar impacto alguno del empleo en su estabilidad mental.

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Los síntomas que reporta este grupo son los más elevados de todas las generaciones. El estrés afecta al 52% de los trabajadores jóvenes, la dificultad para desconectar fuera del horario laboral al 48,2%, y la ansiedad al 44,1%. Cuatro de cada diez presentan síntomas depresivos o agotamiento (38,9%), y un 36,7% sufre insomnio relacionado con el trabajo.

Cuánto más joven, mayor el desgaste emocional

La comparativa generacional subraya la magnitud del problema entre los más jóvenes. Entre los Millennials (30-45 años), la afectación combinada ronda el 75%; en la Generación X (46-61 años), desciende al 62%; y entre los Baby Boomers (62-65 años), se sitúa por debajo del 50%. El patrón es claro: cuanto más joven el trabajador, mayor el impacto, o al menos en mayor medida lo reconocen los empleados.

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La estrecha relación entre vivienda y salud mental: un estudio revela que el 40% de la población ha sufrido ansiedad y un 23% depresión.

El desgaste no se limita a la esfera emocional. El 49,1% de la Generación Z reconoce que su jornada laboral deteriora sus hábitos alimenticios, una proporción superior a la media general, que se sitúa en el 40,5%. El informe también documenta un avance del sedentarismo: cuatro de cada diez profesionales ya tienen jornadas completamente sedentarias, esta vez con los Millennials como el grupo más afectado, con un 44,8%.

El salario emocional, nuevo elemento clave para frenar al rotación

Frente a esta situación, el estudio registra una respuesta directa del talento joven en cuanto a apego a su empleador: más de la mitad de la Generación Z (52,6%) se plantea cambiar de empresa en los próximos 12 o 24 meses si su compensación no mejora, el porcentaje más alto de todas las generaciones analizadas. La movilidad laboral, según el informe, no responde solo a una cuestión salarial, sino a una demanda de propuesta de valor global que incluya beneficios, flexibilidad y salud.

En materia de retribución flexible, los jóvenes priorizan los beneficios de impacto inmediato: el Ticket Restaurant (20,2%) y las ayudas a la movilidad (20%) lideran sus preferencias, solo por debajo del seguro médico (24,6%), que ocupa el primer lugar en todas las generaciones y va aumentando en prioridad al mismo tiempo que la edad. Esta preferencia por beneficios ligados al gasto cotidiano también refleja una mayor sensibilidad al coste de vida entre los trabajadores más jóvenes.

En cuanto al salario emocional, entendido como retribuciones y beneficios no económicos que la empresa ofrece a sus empleados, los espacios de descanso y desconexión (38,1%) y los servicios de bienestar como psicología o nutrición (20,7%) se consolidan como los elementos más valorados para permanecer en una empresa. El informe señala que el miedo a la falta de privacidad sigue siendo una barrera para el acceso a los servicios de salud emocional, lo que limita su adopción efectiva incluso cuando las empresas los ofrecen.

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