
Salir de casa al amanecer para pasar unas horas en Oporto, Barcelona o incluso Venecia, y regresar por la noche para dormir en tu propia cama. Esta nueva modalidad de turismo, llamada extreme day tripping, está ganando popularidad en Europa, especialmente entre los viajeros que buscan experiencias rápidas y asequibles. Sin embargo, esta tendencia, a pesar de su atractivo, está generando inquietudes económicas y ecológicas.
El concepto es simple: viajas en un avión de bajo costo a una ciudad europea cercana, pasas entre ocho y 12 horas explorando, y luego “regresas al aeropuerto para tomar el último vuelo a casa y dormir en tu propia cama” describe Rick Blyth, director de Extreme Day Trips, una página web dedicada a estas actividades. La popularidad de estos viajes exprés se ha visto impulsada por la democratización de los viajes aéreos y el aumento de la oferta de vuelos de bajo costo. Este fenómeno es especialmente notorio en Inglaterra, donde la tendencia ha sido más visible.
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“Parejas y amigos que buscan un poco de aventura en un día libre”
Cédric Maillaert, profesor de turismo sostenible en Ephec, señala que esta tendencia también está influida por el deseo de muchos viajeros de aprovechar al máximo las oportunidades económicas. “Ahora hay gente que va de compras a Polonia porque todo les sale más barato. Pero también hay entusiastas de las compras que dedican un día a Milán, o que aprovechan entradas con precios ventajosos para pasar varias horas en Venecia”, afirma Maillaert a Le Vif.
Normalmente, las personas que disfrutan de esta modalidad de viaje tienen tiempo limitado y un presupuesto ajustado (no tanto como para no pagar un avión, pero sí como para preferir no pasar ni una noche de hotel): “Parejas y amigos que buscan un poco de aventura en un día libre, jubilados que aprovechan al máximo su tiempo, libertad y flexibilidad, o estudiantes que buscan explorar Europa con un presupuesto limitado”, explica Rick Blyth, director de Extreme Day Trips, en declaraciones al medio belga Le Vif. Así, para muchos, estas escapadas rápidas representan una manera de cumplir sus deseos a corto plazo, especialmente cuando surgen ofertas y promociones de última hora. “Se trata principalmente de oportunidades. La gente espera las promociones de entradas y las aprovecha sin pensarlo”, afirma Maillaert, entrevistado por el mismo medio belga.
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Sin embargo, este tipo de turismo exprés está generando preocupación entre expertos. Jean-Michel Decroly, profesor de geografía y turismo en la Universidad Libre de Bruselas, señala que la tendencia “contribuye a responder al deseo de maximizar el número de experiencias que podemos vivir en un corto periodo de tiempo”. Además, vincula la práctica con la sociedad de consumo y la presión por mostrar experiencias a través de las redes sociales: “Distinguirse a través de las actividades turísticas, en este caso breves y muy frecuentes, permite marcar el estatus social. Esto remite a la noción de competencia, omnipresente y constante en nuestras sociedades”.
“En términos de sostenibilidad, son un completo disparate”

En cuanto a la economía local, el impacto de estas excursiones es limitado. Los turistas, al pasar menos de 24 horas en una ciudad, evitan gastos en alojamiento y comidas, lo que se traduce en beneficios casi nulos para los comerciantes y empresas locales. “No reviste especial interés para la sociedad, a nivel colectivo. No habrá territorios que intenten atraer a este tipo de clientela, porque no aporta mucho a los profesionales del turismo”, apunta Maillaert.
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Además, el impacto ambiental de estas prácticas no es menor. El uso de vuelos de bajo costo, aunque económico para los viajeros, es altamente contaminante. Jean-François Defour, portavoz de la Unión Profesional de Agencias de Viajes (UPAV), critica esta tendencia: “Aunque somos comerciantes, no fomentamos en absoluto este tipo de vacaciones, que, en términos de sostenibilidad, son un completo disparate. Es mejor viajar con menos frecuencia y durante más tiempo”. En este sentido, la UE, que aspira a la neutralidad climática para 2050, tiene un objetivo claro: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, de las cuales el transporte aéreo representa el 2% a nivel mundial.
Para contrarrestar este tipo de turismo de vuelos de bajo costo, algunos gobiernos están tomando medidas. En 2024, Venecia implementó una tarifa de entrada de cinco euros para los visitantes de un día, en jornadas de alta afluencia. Esta medida, aunque simbólica, refleja la presión que estos turistas exprés ejercen sobre las infraestructuras locales y el medio ambiente.
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Además, la reciente introducción de impuestos a los billetes de avión en Bélgica, que oscilan entre 2,40 y 10 euros, y que se incrementarán este verano, es otro intento por limitar la proliferación de estas prácticas. Por su parte, Alain Decrop, profesor de economía del turismo, opina que “las excursiones extremas de un día no son un fenómeno frecuente en Bélgica, donde la gente es consciente del impacto ambiental de sus viajes”.
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