
Aron Piper es uno de los actores más reconocidos de la televisión española de los últimos años. Nacido en Alemania, se mudó a España con cinco años y pasó por Barcelona antes de que su familia se instalara en Asturias. Fue la serie Élite, donde interpretó a Ander, la que lo catapultó a la fama internacional, pero su trayectoria no se detuvo ahí: siguió con producciones como El desorden que dejas y desarrolló en paralelo una carrera musical con un álbum de estudio de trece canciones. A pesar de la proyección global que le dio la ficción, el actor ha reconocido en varias ocasiones que fue Asturias la que moldeó buena parte de su carácter.
El pueblo que marcó su adolescencia es Luarca, capital del concejo de Valdés y conocida como “la villa blanca de la costa verde”. Situada en la costa occidental de Asturias, a unos 90 kilómetros de Oviedo, este enclave marinero atravesado por el río Negro y flanqueado por montañas combina un puerto pesquero lleno de vida, miradores sobre el Cantábrico, casas de indianos, siete puentes con leyenda y el jardín botánico privado más grande de España. Un pueblo que, quien lo visita, entiende enseguida por qué deja huella.
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El puerto, la Mesa de Mareantes y el barrio de Cambaral
El eje de la vida en Luarca es su puerto pesquero y deportivo, punto de encuentro de habitantes y visitantes donde el colorido de los barcos y el movimiento de los pescadores ofrecen una estampa que resume bien el carácter de la villa. Observar las faenas en el momento de la salida o cuando los barcos atracan con la captura del día es una de las experiencias más auténticas que ofrece el pueblo. Además, los restaurantes del entorno permiten completar la visita con una degustación del pescado y el marisco de la zona.
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Desde el puerto, el recorrido sube hacia el barrio marinero de Cambaral, con sus calles escalonadas y sus vistas sobre el Cantábrico. Allí se encuentra la Mesa de Mareantes, una construcción de piedra que recuerda el lugar donde los antiguos marineros debatían sobre las condiciones del mar antes de zarpar. La acompañan azulejos de Talavera basados en acuarelas del pintor y escultor Goico Aguirre, que representan escenas de la historia local y rinden homenaje a los hombres de mar.
A su vez, en lo alto del barrio, junto al faro y en el lugar donde entre los siglos XV y XVI existió un fuerte defensivo, las vistas sobre el Cantábrico son de las más amplias de toda la villa. Desde allí, la imaginación viaja hacia los bergantines que en el siglo XIX zarpaban rumbo a las Américas.
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El cementerio de Severo Ochoa, las casas de indianos y la playa
Junto al faro se encuentran la ermita de la Virgen de la Blanca y el cementerio en la colina, con vistas espectaculares sobre el mar. En él está enterrado Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina y uno de los vecinos más ilustres de Luarca, a quien la villa dedica una ruta turística que recorre sus rincones favoritos y ofrece una perspectiva más íntima del pueblo.
Siguiendo sus pasos, se llega al barrio de Villar, donde se encuentra Villa Carmen, la casona indiana donde el científico vivió con su familia y una de las más fotografiadas de la localidad. El paseo por estas calles evoca las historias de asturianos que cruzaron el Atlántico en busca de fortuna y, a su regreso, encargaron la construcción de solemnes viviendas ajardinadas que hoy definen buena parte del paisaje urbano de Luarca. Algunas de ellas se han reconvertido en hoteles.
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Por otro lado, la playa de Luarca, situada en las inmediaciones del puerto, destaca por su forma de concha y está resguardada por espigones, lo que le otorga la particularidad de albergar piedras en el centro que la dividen en dos partes. En sus aguas tranquilas desemboca el río Negro. Muy cerca, accesible a pie desde el paseo marítimo, se encuentra la playa de Salinas, y a pocos kilómetros aguardan otros arenales, entre ellos la playa de Portizuelo, de cantos rodados, por la que solía pasear Severo Ochoa.
La leyenda del puente del Beso y los jardines de la Fonte Baixa
Los siete puentes que atraviesan el río Negro y conectan las dos mitades de Luarca son uno de los recorridos más sencillos y más cargados de historia que ofrece la villa. En ese paseo aparece la leyenda del puente del Beso: la historia del pirata Cambaral, que durante la Edad Media aterrorizaba a los habitantes del lugar con sus ataques a los barcos españoles. Capturado por el señor de la Atalaya, se enamoró de su hija cuando ella acudió a curarle las heridas. Los dos jóvenes decidieron huir juntos, pero fueron descubiertos por el padre en el momento del beso de despedida. El desenlace fue fatal: el señor los mató con la espada y cortó sus cabezas, que rodaron al mar. Según la leyenda, ciertas noches se escuchan palabras de amor en las aguas del río.
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El puente que rinde homenaje a los enamorados se encuentra en el barrio de la Pescadería, el más antiguo de Luarca, junto al barrio de Cambaral, al que da nombre el pirata. Desde el mirador del Chano, al final del recorrido por sus laberínticas calles escalonadas, se obtiene una de las mejores panorámicas de toda la villa. Desde ese mismo barrio se accede a los jardines de la Fonte Baixa, el jardín botánico privado más grande de España, construido al borde del mar. Igualmente, para quienes quieran alargar la visita, el Parque de la Vida ofrece un espacio de divulgación científica con una ruta por las etapas de la vida en el planeta, estaciones meteorológicas y una colección de cefalópodos.
Cómo llegar
Desde Oviedo, el viaje es de alrededor de 1 hora por la carretera A-8. Por su parte, desde Gijón el trayecto tiene una duración estimada de 55 minutos por la misma vía.
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